lunes, 28 de febrero de 2011

OTRA VEZ LINCE

Este fin de semana viajaría otra vez a la sierra de Andújar, esta vez con SEO. Nuestro objetivo: observar aves y, por supuesto, intentar observar al lince ibérico. El sábado por la mañana salimos con algo de demora y buen tiempo hacia el reino del príncipe manchado. Esa misma tarde llegaríamos a la zona del Encinarejo, y en la primera área recreativa comimos. Ya pudimos empezar a marcar en nuestras listas los primeros habitantes alados del paraje. Numerosos paseriformes forestales nos daban la bienvenida: trepador azul, herrerillo común, carbonero común, petirrojo son sólo algunos nombres.

Decidimos caminar en placentero paseo hasta la presa del Encinarejo haciendo tiempo para, a la vuelta, realizar una primera espera en el mirador. Nos pusimos en marcha, con un calor casi veraniego, y nos asomamos al mirador, pues teníamos tiempo de sobra. Para nuestra sorpresa, una lejana pareja de águilas reales cicleaban ante nosotros, llevando una de ellas material para el nido en el pico. Primera buena observación del fin de semana. Llegados al acceso al puente, la mayoría de la gente cruzó y se dirigió al otro lado del río. Unos pocos y yo decidimos quedarnos a la sombra, cerca de la orilla, escudriñando las pedreras de enfrente por si sonaba la flauta. Pasado un rato, y viendo que la gente ya regresaba, Mariajo y yo decidimos volver al mirador para coger sitio. Así lo hicimos, y en un momento se llenó de gente. Pasados unos minutos, Santi recibe una llamada de Pilar: María había localizado un lince tumbado a la sombra en un matorral. Tardé como dos décimas de segundo en coger los trastos y pegarme la carrera del mes para llegar al lugar del avistamiento. Cuando llegué, pedí a Ángel que me buscara al animal por el teles mientras recobraba el aliento. Ahí estaba, tumbado a la sombra, mirando a un montón de fanáticos llegar a mogollón y colocándose enfrente con sus telescopios y prismáticos. El matorral que le cubría no permitía a la mayoría disfrutar de uno de los más bellos rostros del reino animal. Eso lo hacía incluso más interesante: él nos miraba con esos ojos penetrantes, y tú le intuías la mirada entre las ramas. El animal mostraba indiferencia total, permitiéndose el lujo de levantarse y estirarse para después sentarse dándonos la espalda. De vez en cuando volvía la cabeza a nuestra posición, nos miraba, y se giraba de nuevo. "Qué estarán mirando éstos, que no logro verlo" parecía decir. En un momento dado, se incorporó y con paso firme y desganado subió la ladera, nos dedicó un par de miradas, y se perdió detrás de una loma. Ya no volvimos a verlo. La mayoría siguió vigilando la zona por si le daba por volver, ya empezaban los corrillos con comentarios de adulación y admiración hacia el felino mientras a otros se nos estaba cayendo aún la baba. Pocas oportunidades se nos presentarán en el futuro para observar igual de bien al felino más amenazado del planeta. Todavía no tengo palabras para describir lo que viví aquella tarde. 







Lince ibérico


Con el mejor sabor de boca posible, volvimos al autobús y, como broche de oro, observamos un martín pescador posado en la orilla del río, y una hembra de escribano soteño.



Escribano soteño (hembra)


El domingo tocaba patear el sendero de Los Escoriales, posiblemente la mejor zona para observar al gato clavo. Serían unos diez kilómetros entre ida y vuelta hasta los punto de espera por un camino de tierra, en general, en buen estado aunque con bastante bache. Había que extremar la prudencia con el tráfico rodado y disfrutar de espectaculares paisajes. Con la climatología algo revuelta, iniciamos la marcha. Entre el numeroso ganado bravo de las fincas privadas, disfrutamos de numerosas observaciones orníticas: buitres leonados y negros, águila imperial ibérica (adulto y subadulto), picogordo, mochuelo europeo, pinzón vulgar y un largo etcétera que engordó notablemente la lista de aves.




Ganado de lidia




Pinzón vulgar



Una vez llegados a la zona más propicia, realizamos una pequeña espera, pero sin éxito. Todo estaba muy tranquilo. Apenas se dejaron ver un grupito de cinco ciervos. Regresamos tranquilamente hasta el bus, y localizamos el primer cuco de la temporada, además de golondrinas comunes y dáuricas, y avión común. Las primeras estivales se dejaban ver por fin por nuestros lares. La primavera llamaba a la puerta.

Un fin de semana de lo más pajarero y, evidentemente, marcado en nuestras cabezas y nuestros corazones, por habernos encontrado cara a cara con el príncipe de la serranía mediterránea: el bello y majestuoso lince ibérico.




Santuario y sierra de Andújar desde los Escoriales






jueves, 24 de febrero de 2011

DONDE EMPEZARON NUESTROS SUEÑOS




Así, a botepronto, os preguntaréis a qué viene el título. Si añado que resumiré nuestra excursión por el Barranco del río Dulce, es posible que a la mayoría siga sin sonaros nada de nada. La magnífica excavación que el río crea, formando un profundo barranco de espectaculares paisajes, ya es una excusa para acercarse a este enclave. Allá por donde terminan de asomarse las extensas parameras que la circundan, las largas y profundas hileras de chopos escoltan al río en su caminar por tierras de Guadalajara. Y es aquí donde empezaron a enseñarnos la naturaleza en toda su esencia. Aquí se rodó buena parte de las escenas de la mítica serie "El hombre y la tierra", de Félix Rodríguez de la Fuente. En la imagen de la cabecera se aprecia el lugar donde el equipo asentó el campamento que serviría de base para instalarse.

Empezamos observando esta magnífica estampa desde el mirador "Félix Rodríguez de la Fuente", situada en la carretera GU-118. Ahí ya observamos los primeros buitres leonados y chovas piquirrojas.



Mirador "Félix Rodríguez de la Fuente"



Proseguimos viaje hasta llegar a Pelegrina. No se puede acceder al pueblo en vehículo, por lo que bajamos del autobús a la entrada e iniciamos la ruta. Tras superar una bajada, empezamos a caminar por una pista en buen estado y prácticamente llano, paralelo siempre al río, siempre por el margen izquierdo. En estos primeros kilómetros ya pudimos deleitarnos con el majestuoso vuelo del halcón peregrino, así como infinidad de paseriformes forestales (trepador azul, agateador común, mito, herrerillo común, curruca capirotada, etc.).



Pelegrina


Cuando llevamos aproximadamente 1,5 kilómetros de caminata, nos encontramos con una caseta reconstruida, que resulta ser el lugar donde Félix guardaba los equipos y material de rodaje. Seguimos paseando hasta llegar a un lugar entre vegetación y cristalinas aguas donde ya no es posible seguir. Aquí hay dos opciones: cruzar el río y volver por un camino paralelo o dar media vuelta. Cuando el río está crecido o las piedras que hay a modo de pasarela no están lo suficientemente asentadas en el suelo, habrá que optar por la segunda opción. A la vuelta, observé un lejano roquero solitario en lo alto de una peña. No creía posible abandonar el paraje sin haber observado siquiera uno de éstos. Más adelante, también en lo alto de un peñasco, un halcón peregrino vigilaba su territorio con inerte postura. Majestuoso. 



Río Dulce


Por la tarde nos dirigimos a La Cabrera, pequeño pueblo donde tampoco se puede acceder en vehículo (hay un parking señalizado a la entrada). El autobús nos dejó en el cruce de arriba y, mientras bajábamos, observamos a una pareja de corzos mirarnos sorprendidos para después iniciar un trote que les hizo desaparecer entre la espesura vegetal. Justo al lado del puente de piedra (pero sin cruzarlo) empieza a mano derecha una ruta que prosigue paralelo al río, en un ambiente tranquilo y relajado. Llegados a una pequeña zona abierta, algunos optamos por la vuelta, pensando en la subida hasta el cruce y el tiempo que nos llevaría hacerla. Los pico picapinos hicieron las delicias de los presentes en los secos chopos de la orilla, y la correcta identificación de una pareja de zorzales alirrojos a última hora de la tarde. Algunos del grupo más retrasado consiguieron ver una lejana águila real. Cuando llegamos al parking pensando en la subida, vimos el autobús bajar. Podía dar la vuelta pues no había vehículos aparcados. Menos mal.



La Cabrera


Comentar el placer que sentimos el grupo de contar en el viaje con Antonio Ruiz, que formó parte del equipo de rodaje de "El hombre y la tierra". Sus comentarios y anécdotas, así como su conocimiento del entorno nos facilitó mucho la labor a la hora de conocer un poco mejor los lugares donde todo naturalista de ahora empezó a soñar con águilas reales volando entre peñas o lobos corriendo ladera arriba, y que ahora llevamos en la sangre y nos da la vida. Gracias.



lunes, 21 de febrero de 2011

LAGUNAS MANCHEGAS


Laguna del Pueblo, Pedro Muñoz


Establecimos nuestra base de operaciones en Pedro Muñoz, con la cercana laguna como telón de fondo. Me gusta el lugar, tranquilo y con buenas observaciones de aves. Eso fue lo que hicimos la primera tarde, un agradable paseo bordeando la mancha de agua para apuntar las primeras aves de la visita. Sigue siendo un dormidero de aguilucho lagunero occidental, algunas anátidas (porrón europeo, ánade friso y las siempre hermosas malvasías cabeciblancas, de las que contabilizamos hasta 16 ejemplares) entre otras especies.

El día siguiente decidimos visitar las lagunas de Alcázar de San Juan, en concreto la de La Veguilla. Y había vida rebosando por todas partes. A pesar del frío, intenso a veces, la lámina de agua ofrecía estampas difíciles de describir con palabras: focha común (a cientos), multitud de anátidas (cerceta común y pato colorado, entre otras), flamenco común (ni rastro del enano) y bastante aguilucho lagunero con sus piruetas de cortejo ya en marcha. Dos calamones se alimentaban en una zona de aguas tranquilas junto a infinidad de gallinetas comunes. 



Aguilucho lagunero occidental



Calamón común



Al día siguiente me levanté un poco débil, no me encontraba bien, pero saqué fuerzas de flaqueza y nos fuimos a las Tablas de Daimiel. También rebosaban agua, daba gusto verlas así. Nos acercamos al molino de Molemocho a intentar observar las cercetas pardillas que se observaron a principios de año. Las localizamos (contamos 20) y nos deleitamos con ellas. 





Cerceta pardilla



Visitamos la charca de aclimatación, pues no tenía fuerzas para realizar ninguna de las rutas del Parque. Casi todas las anátidas peninsulares se encontraban allí, incluida alguna rareza como el porrón bastardo o el pardo.



Porrón bastardo (macho)




Porrón pardo (macho)


A última hora decidimos volver a Pedro Muñoz, y para nuestra sorpresa, había nevado copiosamente esa misma tarde. Un plato de sopa caliente me ayudó a meterme en la cama antes de hora, las fuerzas ya me habían abandonado.

A la mañana siguiente, algo mejor, recogimos los bultos y volvimos a Madrid, con la idea de volver a visitarlas ya entrada la primavera.

domingo, 20 de febrero de 2011

EL GATO MANCHADO (II)

Llegamos cuando las primeras luces del día asomaban tímidamente entre las suaves lomas vestidas aún de oscuro, y tomamos rápidamente posiciones.

La niebla cubría el valle y las vaguadas en su totalidad, y la visibilidad era nula. La tapadera de bruma anulaba cualquier posibilidad de disfrutar del bosque mediterráneo en todo su esplendor, y sólo era cuestión de tiempo que la naturaleza decidiera emprender su tarea, y disipara cualquier atisbo opaco de sentimiento a nuestros ojos.

El manto verde de desordenadas encinas y pinos, jaras y arbustos, la vena de la vida en forma de agua, y montículos de piedra, formando peculiares formas, eran en su conjunto el hogar del gato cerval.

Y bajo el cielo azul y la banda sonora de los numerosos pajarillos que por allí se movían, iniciamos la búsqueda. Oteábamos cada rincón con los prismáticos y los telescopios, a sabiendas de que podía aparecer por cualquier sitio. Los córvidos serían unos buenos aliados en esta ocasión, serían los perfectos chivatos de dónde se ocultaba el felino. Podíamos imaginar cómo se asomaba después de haber barrido ese lugar en concreto con el telescopio, y que pensara: "No me han visto". Y la tensión se hacía patente, sobre todo cuando saltaba una falsa alarma. Los numerosos ciervos y conejos nos inducían a error. Empezaban a aflorar los nervios. Cambiábamos de posición, descansábamos la vista a menudo y hacíamos pequeños paseos para desentumecer los músculos. Y permanecíamos atentos al comportamiento del resto del público que, como nosotros, habían acudido al encuentro del lince ibérico. Cualquiera, en cualquier momento, podía dar con él. Así pues, todos los ingredientes estaban preparados y ya sólo faltaba que el actor principal apareciera. Pero se hacía de rogar.

Llegada la hora de comer, pensábamos hacer un alto para descansar, cuando Mariajo volvió al telescopio para hacer el último barrido, y se lo encontró subiendo una ladera. "Lo tengo chicos". "Está ahí". Me faltó tiempo para lanzarme a su teles y observarlo también. "No lo pierdas, por lo que más quieras", me decía Mariajo mientras avisaba a los demás. Yo obedecí, y no le quité ojo. Un precioso ejemplar subía con andar firme y elegante por la cota, marcaba su territorio orinando en unos arbustos y desapareció entre unas grandes rocas. Desgraciadamente, cuando llegó el resto, el animal se había esfumado.

Ya por la tarde, hubo otra sorpresa en forma felina, bebiendo en un arroyo en el fondo del valle para después bordear unas jaras y ascender por una ladera hasta desaparecer de nuevo, coincidiendo con la niebla que caía sobre nosotros. La naturaleza quería que viéramos al fantasma de la sierra lo justo y necesario. Con un magnífico sabor de boca, acabamos la jornada en Los Pinos cenando y celebrándolo.

El domingo por la mañana volvimos a Los Escoriales, al mismo sitio, para tentar de nuevo a la suerte. Diego y Virginia decidieron caminar deshaciendo el camino para entrar un poco en calor. Al rato, Álvaro recibe una llamada de Diego. Habían visto una lincesa con cachorros. Rápidamente nos dirigimos para allá, pero cuando llegamos, se habían movido. Volvimos otra vez por el camino y nos encontramos a Fernando y Mariajo. "Ha estado la lincesa ahí sentada". "Y los cachorros andan por la ladera haciendo lances de caza". Efectivamente, llegué a observar dos cachorros, uno de ellos muy bien visto, juguetear en una ladera, subiendo y bajando. Cuando volvieron a desaparecer, dimos la jornada por concluida y nos dirigimos a El Encinarejo, donde a Miguel Ángel (que se fue por la mañana por su cuenta) se le cruzó otro lince por un camino. Ver para creer, vaya empacho de gato moteado. Y yo sigo teniendo hambre...



















viernes, 28 de enero de 2011

EL GATO MANCHADO (I)



El Parque Natural de Andújar, declarado como tal en 1989, presenta un paisaje adehesado, con suaves lomas y laderas umbrías donde el ganado de lidia campa a sus anchas en las numerosas fincas existentes, y donde las formaciones graníticas emergentes entre la abundante vegetación dan una curiosa visión del último bastión del lince ibérico en el mundo.

Sus carreteras estrechas se convierten en auténticas arterias por donde acceder a prácticamente todos los rincones de la sierra. Virgen de la Cabeza, y su santuario, se convierte en el único núcleo de población dentro del Parque, convirtiéndose así en el corazón del espacio protegido.

Podemos encontrar gran variedad botánica, pues existen gran variedad de ecosistemas que hacen del lugar un paraíso para los amantes de la flora. Sus dehesas, pinares, zonas arbustivas y bosques de ribera dan una idea de los variados hábitats existentes.

Eso conlleva, sin duda, a que se convierta en un lugar privilegiado para la fauna. De hecho, el Parque Natural está declarado también como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Efectivamente, el Parque se convierte en un santuario para especies amenazadas como el buitre negro y el águila imperial ibérica, como tuvimos la suerte de disfrutar. Hasta cuatro individuos de águila imperial amenizaron el mediodía con sus vuelos de cortejo, picados y reclamos: un damero, un pajizo y una pareja adulta nos sobrevolaron junto a una solitaria águila real, una pareja de buitre negro y varios buitres leonados. Todo esto en un corto intervalo de tiempo.



Águila imperial ibérica



En el embalse del Encinarejo disfrutamos de nuevo con la pericia aérea de un adulto de águila imperial, y con las excelencias natatorias de la nutria, otro habitante habitual de estos parajes.



Embalse del Encinarejo



Embalse del Jándula




Cabra montés



Cormoranes grandes


La población cinegética en el Parque Natural es también notable, con abundancia de conejo, jabalí, ciervo, gamo y muflón, estos dos últimos introducidos para la caza.

Pero el verdadero protagonista del Parque Natural es el gato manchado, al que habíamos venido a ver...


lunes, 10 de enero de 2011

REGALOS DE REYES

Pues sí, pasamos la primera noche en el Parque Natural de Santoña, Victoria y Joyel cuando los reyes se paseaban por las calles de toda España y se colaban en las casas para alegrar el sueño de los niños. Y, la verdad sea dicha, tuvimos regalos de reyes todos los días. A pesar del viento, fortísimo en algunas ocasiones, y la mala luz, la lluvia nos respetó y pudimos estar en el campo apurando hasta los últimos rayos del sol que luchaba por abrirse camino entre las grises nubes.

Llegamos a Escalante, donde nos alojamos, después de comer, y dedicamos la tarde a explorar las marismas que se encuentran al otro lado de la carretera que cruza el pueblo. Un mirador, de reciente construcción, permite observar las marismas y sus habitantes con comodidad, y también un rehabilitado molino (la Cerroja) como lugar para la observación ornitológica. Las anátidas fueron las estrellas de la tarde, los silbones europeos, los ánades rabudos, las cercetas comunes y los ánades frisos se dejaban ver con relativa facilidad. Los correlimos comunes patrullaban las charcas de un lado a otro, mientras las agujas colipintas, chorlitos grises y dorados europeos, y chorlitejos grandes descansaban en sus orillas. Miles de avefrías europeas cubrían el cielo, y otros miles se apostaban en sus isletas para descansar y alimentarse. También salieron al paso nuestros primeros zarapitos reales y cormoranes grandes, entre otros muchas especies. No se podía empezar mejor.

El día 6, cuando los niños disfrutaban de sus juguetes, nosotros también disfrutábamos de las aves en las marismas anexas a Escalante, añadiendo a la lista archibebe oscuro y claro. Acto seguido, aprovechando que había un poco más de luz, hicimos una visita al pólder de Escalante, donde observamos al ánsar piquicorto mezclado con ánsares comunes, y a la solitaria barnacla cariblanca. Localizamos en una pequeña lengua de tierra varios ejemplares de ostrero euroasiático, y las primeras gaviotas cabecinegras. Un halcón peregrino picaba sobre una gran rapaz que no logré identificar.

Nuestra siguiente parada fue en Montehano, uno de los mejores lugares de Santoña para la observación de aves. Vimos algunas especies ya habituales en este lugar: garceta grande, zampullín cuellinegro, aguja colinegra y algunas espátulas. También destacaba un ibis sagrado que se ha hecho habitual en los últimos inviernos. Curiosamente, no observamos especies comunes en el canal de Ano como el negrón común, el zampullín cuellirrojo o el colimbo grande. Ni rastro. 



Garceta grande



Ibis sagrado


Otro sitio emblemático del Parque es el observatorio de La Arenilla, situado poco antes de entrar en Santoña. Aquí pudimos apreciar las diferencias existentes entre los zarapitos real y trinador. Además, un solitario vuelvepiedras. 



Zarapito trinador



Zarapito real


Un asomo al puerto de Santoña, donde la plaza de toros, y al canal de San Martín, hizo realidad nuestros peores presagios: ni un colimbo que llevarse al zurrón. Raro, raro, raro... Por lo menos vimos cormorán moñudo.



Cormorán moñudo



Nos fuimos a comer a las marismas de Bengoa, donde observamos porrón europeo y moñudo, archibebe común, garza real y un grupito de gaviotas reidoras y cabecinegras. 



Porrón moñudo



Gaviotas reidoras y cabecinegras


La nota exótica la pusieron dos cisnes vulgares que se acercaron buscando, supongo, que les echáramos de comer. Son parte de un grupo que se reprodujo en Santoña y que se han aquerenciado al lugar.



Cisne vulgar



En las cercanas charcas del Dueso, además de anátidas, un zorzal alirrojo posado en lo alto de un árbol, bastante lejos de nuestro punto de observación.

Última parada en Cicero para, con la oscuridad cayendo sobre nosotros, observar un lejano colimbo grande.

Para el día 7, nuestra intención era visitar las marismas de Astillero, pues había buenas referencias a la hora de observar aves allí. Primero estuvimos en la Marisma Negra, la más cercana al barrio, donde sólo destacamos anátidas y el ir y venir de numerosas lavanderas blancas. A la Marisma Blanca, con más nombre que su prima, se accede por una pasarela habilitada para cruzar por debajo de la autopista y las vías del FEVE (la sensación de estar abajo cuando pasa el tren es horrible). Unas charcas rodeadas de vegetación y con más bullicio. Más anátidas (porrón europeo, porrón moñudo, cuchara europeo, ánade real), focha común, cormorán grande y otros cuatro cisnes vulgares. 



Porrón europeo


Nuestro siguiente objetivo era observar al águila pescadora en la ría de Cubas, y para allá que nos fuimos. Conseguimos ver dos ejemplares, unos de ellos con un pez recién capturado que se merendó posado en un lejano tronco. Quería hacer alguna foto, a pesar de la lejanía, pero el fuerte viento me hizo desistir. Otra vez observamos cisne vulgar, pero me sorprendió la cifra presente en la zona: ¡¡¡hasta 17 ejemplares!!! Como una plaga...

Con el objetivo cumplido nos acercamos al cabo de Ajo para deleitarnos con el paisaje. Además, añadimos alcatraz atlántico a la lista. 

Nuestro último día de pajareo la dedicamos, principalmente, a visitar de nuevo las zonas emblemáticas del Parque. Empezamos, como no, en el pólder de Escalante, donde observamos la técnica de caza del halcón peregrino, que dio buena cuenta de un desafortunado correlimos común. Espectacular. 

De nuevo en Montehano, lo único reseñable fue la observación de un martín pescador. Seguía sin haber rastro de los habituales.

Decidimos acercarnos al fuerte de San Martín, a ver si en mar abierto lográbamos ver algo interesante. Nada, de nuevo. Tampoco en Laredo, donde el fuerte viento nos echó de allí. 

Nueva visita a Bengoa y alrededores. Nada nuevo que reseñar.



Garceta común




Ánade rabudo



Cerceta común


Intentaríamos observar bisbita de Richard en cabo Quejo, y como nos pillaba de paso Escalante, echamos un último vistazo al pólder para volver a ver al ánsar piquicorto y a la barnacla cariblanca. Allí seguían, entre ánsares comunes.



Barnacla cariblanca



Ánsar piquicorto


Paso por la marisma del Joyel, donde había infinidad de focha común y, para variar, una pareja de cisne vulgar.

En cabo Quejo no aparecieron los bisbitas de Richard, pero nos deleitamos con el paisaje.

El domingo salimos temprano de Escalante para Madrid, con ganas ya de volver.












domingo, 2 de enero de 2011

INVERNANTES INTERESANTES PARA DESPEDIR EL AÑO

Decidimos Mariajo y yo volver a orillas del Mediterráneo para comer las uvas y comenzar un nuevo año que esté a la altura o más de este que ya es historia. Montamos nuestra base de operaciones en San Pedro del Pinatar, y nuestro principal objetivo era visitar a Tönn y compañía en el cercano Parque Natural del Hondo. Así pues, el último día del año 2010 emprendimos viaje hacia el lugar con la esperanza puesta en su observación. Como no conocíamos la zona (habíamos estado en 2007, pero de paso), decidimos empezar nuestras pesquisas en el Centro de Interpretación del parque, cerca de San Felipe Neri. El centro, como esperábamos, estaba cerrado, así que nos instalamos en el merendero semicubierto que hay al lado, y que da a una pequeña laguna. A lo lejos veíamos eucaliptos, y echamos rápidamente un vistazo para ver si estaba por allí. Nada de nada. El cielo se estaba cubriendo peligrosamente mientras observábamos zampullín chico y agachadiza común en la pequeña charca. Los mosquiteros comunes eran muy abundantes, y algún alcaudón real se dejaba ver posado en alguna valla. Yo tuve la suerte de ver pechiazul y torcecuellos. En el cielo, cruzaban cada dos por tres aguiluchos laguneros y cormoranes grandes, mientras una hembra de aguilucho pálido se posaba en una lejana estaca para sacudirse el agua que ya empezaba a caer. Mientras esperábamos que escampara, una confiada hembra de cernícalo vulgar se posaba en la barandilla de la pasarela de acceso a las lagunas interiores.



Cernícalo vulgar (hembra)


Corrimos al coche para no mojarnos y pusimos rumbo a la puerta norte, que distaba unos tres kilómetros del Centro. Nada más pasar un puente que se eleva sobre un canal parte una pista de tierra que acaba en una puerta metálica. Varios eucaliptos en la entrada daban la posibilidad de verla pero, de nuevo, resultado negativo. 

La última opción era dirigirse a la puerta sur, donde también había posibilidades de observarla. Nos dirigimos hacia el lugar, no sin problemas (por la señalización vial), y llegamos al canal del Riatxo. Allí caminamos un rato hasta llegar a otra puerta metálica. Se podía seguir a pie, pero desisitimos, y decidimos comer allí. Vimos multitud de gallinetas comunes, un calamón común y un martín pescador cruzando el canal.

En el cruce con la carretera, en una hilera de eucaliptos, observamos un aguililla calzada en plumaje claro descansar plácidamente. Saqué los trastos, con la esperanza de que no echara a volar según llegara a una distancia prudente. Tan confiada era que, a veces, no entraba en el encuadre del telescopio, y me tenía que retirar un poco. Suena increible, pero sucedió así.



Aguililla calzada


Por supuesto, la sesión fotográfica duró un buen rato. Pensé que la rapaz estaba así de tranquila con mi presencia porque andaba más pendiente del acoso de un gran bando de grajillas, que se posaban en grupos numerosos en los árboles contiguos, y no la dejaban en paz. Llegó un momento en que los córvidos se posaron encima de ella, lanzándola excrementos y haciendo picados e, irremediablemente, provocó que la rapaz se fuera volando y se perdiera de vista. Intentaba seguirla con los prismáticos pero, entre tanta grajilla, era imposible.



Aguililla calzada


Con el buen sabor de boca que da una buena observación, alcanzamos la llamada puerta sur, donde realizaríamos una espera para observar al águila moteada. Nos encontramos con un hombre que sí tenía autorización para entrar (tenía llave del candado). Nos comentó que esa zona era la mejor para verla pero, aún así, era difícil dar con ellas. Sí, digo ellas, porque se han llegado a observar tres águilas distintas en la zona. Cuando la luz ya no era favorable, decidimos marcharnos sin haber podido verla.

En año nuevo pensamos que una buena manera de empezarlo era intentándolo otra vez. Rumbo a El Hondo, directos a la puerta sur. En los aledaños campos de Vistabella, al sur del Parque, un grupito de grullas nos amenizaba la espera. Las alondras comunes, verderones comunes y lavanderas blancas eran abundantísimas. Un juvenil de halcón peregrino se mostraba posado en un lejano árbol desnudo de hojas.

En una ocasión en que volví la cabeza para coger el telescopio, observé algo oscuro y grande en la copa de un eucalipto. "Pero si es la moteada", grité para mi. Acto seguido llamé a Mariajo, que cruzó la carretera para llegar a mi altura y observarla también. Hice una foto algo lejana, y cuando iba a hacerla con más aumentos, apareció el hombre del día anterior con el vehículo venir hacia nosotros. "Joder, me tengo que quitar de aquí", pensé. El águila moteada levantó el vuelo al paso del coche y planeó lentamente hasta los campos de Vistabella, hasta que la perdimos de vista. No era Tönn (no vimos radiotransmisor) ni el supuesto ejemplar anillado. Era un bello subadulto que nos hizo pasar un verdadero momentazo. ¿Se podía empezar mejor el 2011?



Águila moteada


Al rato la volvimos a ver en dirección contraria, pero no apareció. Se nos unió un chico (Arturo), que había estado grabando a primera hora a las grullas, para intentar ver a la rapaz venida de Centroeuropa. Con él conversamos y hablamos de diversos temas mientras aguardábamos la llegada de Tönn o compañía. No hubo éxito.

Para la hora de comer ya estábamos en San Pedro del Pinatar, y la tarde la dedicamos para relajarnos observando aves en sus salinas. Los flamencos y los tarros blancos nunca fallan. Movimiento de avoceta y cigüeñuela, y algunos limícolas. Un asomo a la playa de la Torre Derribada nos permitió ver alcatraz atlántico, chorlitejo grande y un posible chorlito gris.

NOTA: según desvela Ricard Gutiérrez, se trata de un subadulto de tercer año bautizado con el nombre de "Not Tönn".