miércoles, 10 de agosto de 2016

CORNEJA CENICIENTA EN POZUELO DE ALARCÓN

Cita muy interesante para la Comunidad de Madrid en pleno verano y, para quitarme el mal sabor de boca del chorlitejo mongol grande de Santoña de unos días atrás, pues decidí visitar el lugar la tarde del pasado 4 de agosto, en plena ola de calor. El reclamo típico de córvido y la visión fugaz de un ave relativamente grande moviéndose por el suelo levantaron sospechas. Y, efectivamente, allí estaba esa corneja cenicienta buscando alimento y sombra a la vez pues el calor era terrible ese día. Un rato posada en un gran árbol reposando me brindaron oportunidad de observarla más en detalle. En ese rato apareció Jorge Leonor (unbuscapajarosporavila) que quedó encantado con la observación y la especie. Mientras andaba por el suelo, apenas paraba quieta y, encima, si sobrepasabas su distancia de seguridad, volaba hasta prácticamente el otro extremo del pequeño parque. Lo mejor era o esperarla para que se acercara poco a poco o seguirla guardando las distancias. A última hora de la tarde, apurando la estancia y la observación de este córvido venido del centro y norte de Europa, pensé en el pequeño influx de la especie en la Península este año y mi primer contacto con esta especie en noviembre de 2014, en Murcia. Como dije al principio, me sirvió un poco de bálsamo para el varapalo de Santoña que espero desquitarme en un futuro no muy lejano, ya sea con esa especie o con otras. La aventura continúa. 



Corneja cenicienta Corvus cornix



Corneja cenicienta Corvus cornix



Corneja cenicienta Corvus cornix



Corneja cenicienta Corvus cornix



Corneja cenicienta Corvus cornix








domingo, 10 de julio de 2016

¡POR FIN, ALZACOLA!

Esta era una observación que deseaba hacer especialmente en la Península. Una observación breve y no muy buena en mi viaje a Marruecos en 2010 era mi único bagaje con esta especie y mi deseo era verla bien aquí y, si era posible, también fotografiarla. Este pasado fin de semana (en realidad, fue medio finde) pude hacer realidad mi deseo, de la mano de Alfonso Roldán Losada y Secundino Muñoz Vilchez, sus hides de tela y una familia de alzacolas muy colaboradora. Todo ello en un paisaje típicamente andaluz, entre olivos y con el calor como protagonistas. Desde aquí les doy las gracias y animo a quien tenga deseo o ganas de retratar a una de las aves más peculiares de nuestra avifauna, se pongan en contacto con ellos a través de Facebook. La temporada está a punto de acabar y habrá que esperar a la siguiente primavera para retratarlos como es debido. 

Y en unas pocas horas en el escondite, pude observar diversos comportamientos que me llamaron la atención, además de su belleza. Esa cola es espectacular. El día anterior aparecieron en la zona los pollos nacidos esta primavera y, al igual que los adultos, se pasearon por los posaderos sin ningún pudor. Los jóvenes eran los más pizpiretos, abriendo alas y levantando cola, e iban de los  posaderos al suelo y viceversa sin parar. Los adultos tenían en mente sacar adelante otra nueva hornada de alzacolas porque jugaban al poli bueno y al poli malo. Mientras, de vez en cuando, la hembra daba de comer a los pollos, el macho les perseguía y picoteaba, "invitándoles" a abandonar el territorio. A esto, los jóvenes adoptaban una postura de lo más curiosa: se pegaban al suelo con las alas y cola completamente abierta mientras piaban sin parar. Una mañana estupenda, disfrutando mucho y esperando repetir de nuevo.

A continuación os muestro unas pocas imágenes de las muchas que obtuve ese primer sábado de julio. 



Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes





Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes




Alzacola Cercotrichas galactotes



Pues esto es todo por ahora, gracias por pasaros por aquí. Un saludo y feliz verano. 




jueves, 19 de mayo de 2016

AIGUAMOLLS Y DELTA DEL EBRO

Ya estaba todo planificado. Los alojamientos, reservados. El grupo, resuelto a viajar. Unos días antes la climatología no invitaba a acercarse. Lluvia y viento te hacían pensar en cancelar, pero este no fue el caso. Eran fechas buenas, principios de mayo, pero las citas brillaban por su ausencia. La primavera llegaba tarde y era evidente nuestro disgusto. Pero como he mencionado, ni Álvaro, ni María, ni Aimara ni yo nos íbamos a echar atrás (¡se me olvidaba Lupo!). Para adelante con todas las consecuencias.

Buen viaje nos quedaba por delante así que tranquilidad y a disfrutar. Como suele ocurrir en este tipo de viajes, la improvisación estaba a la orden del día así que, sobre la marcha, intentamos probar suerte en uno de los últimos reductos en la Península para la observación del alcaudón chico, especie en grave riesgo de extinción. Desgraciadamente, cuando llegamos al lugar se nos había echado la noche encima, y solo nos quedó el consuelo del reclamo del alcaraván y el vuelo de un más que probable abejero mientras comíamos algo a pie de coche. Una pena porque al oír el nombre del ave, no pude evitar que se me pusieran los pelos de punta. Llegamos a Empuriabrava alrededor de la medianoche. Al día siguiente empezaba lo bueno.

Ya conocía de pasada los Aiguamolls de l'Empordá cuando hace unos años la visitamos de camino a la Camarga. Me apetecía mucho dedicarle más horas a este lugar clave en la observación de aves, con algunas especialidades primaverales como cernícalo patirrojo, agachadiza real o bisbita gorgirrojo. De hecho, ya había citas de este último en la zona. Ilusionante. El día amanecía gris y lluvioso en El Cortalet. Desde el propio parking (donde hay que pagar), los ruiseñores se anunciaban en lo que iba a ser una constante durante el recorrido. Durante la caminata, entre cigüeñas blancas (especie introducida, que no reintroducida), moritos y un bonito pico menor, llegamos a El Matá, unos antiguos arrozales reconvertidos en humedal donde la visita es obligada para cualquier pajarero que se precie. Aquí los telescopios y prismáticos echaban humo, se veía prácticamente de todo. El lugar rebosaba vida y oír los reclamos y cantos de miles de aves era, cuanto menos, reconfortante. Aquí los objetivos estaban claros: agachadiza real y bisbita gorgirrojo. Ya adelanto que fallaron, a pesar de que hablamos con gente que afirmaba hacerlo visto en días anteriores o el mismo día. Un fastidio porque contaba, al menos, con ese bimbo. Por más que barría la pradera, no había señales. Las numerosas agachadizas comunes hacían saltar las alarmas. ¡A ver si es una real!, vaticinábamos mientras la seguíamos con los teles. Falsa alarma. Pero, entre tanta común, si no salía la real, salía la chica. Y salió. Y la vimos de lujo. La mañana se nos pasó volada, hasta el punto de casi olvidarnos de comer. Solo cuando los estómagos empezaron a rugir, emprendimos la vuelta hasta el parking. 



Cisne vulgar Cygnus olor



Morito Plegadis falcinellus



Lavandera boyera Motacilla flava cinereocapilla



Gaviota enana Larus minutus


Con la agachadiza y el bisbita igual no podíamos contar al cien por cien pero con los patirrojos… era extraño que no hubieran citas ya. Yo estaba mosqueado totalmente. En eso que se me ocurre mirar en una web local de citas y… ¡aquí están! En las afueras de Castelló d'Empuries. La ocasión la pintaban calva. La sola visión de falcónidos en los cables de alta tensión subía las pulsaciones. Telescopio y a mirar. Solo cernícalo vulgar, primilla y un lejano alcotán, que no estaba nada mal. Desolación. Ni uno. "¿Dónde están?", nos preguntábamos. Toda la tarde perdida buscándolos. Al día siguiente, vuelta al Matá. Nuevo intento fallido con el cervinus. A mediodía, la web vuelve a dar noticias alentadoras. "Se ha citado un patirrojo cerca de Delfiá", espeté. "No está lejos de aquí, podemos probar", responde el grupo. No perdíamos nada, así que para allá que nos fuimos. En medio de una dehesa, entre caminos polvorientos, Álvaro da la voz de alarma: "¡Bajad del coche!". Así lo hicimos, mirando al cielo. Una estilizada silueta se alejaba de nuestra posición. Tomo un par de fotos para después comprobar que, por fin, localizamos el primer cernícalo patirrojo del viaje. Quedaba el mal sabor de boca de no haber podido disfrutarlo como se merece. Pero al menos no nos íbamos de vacío.



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(hembra)



Bisbita campestre Anthus campestris



Cernícalo vulgar Falco tinnunculus


La mañana del primero de mayo hacía un aire que doblaba la copa de los árboles como si hiciesen reverencias. Nuestra cara era de "prefería la llovizna". Tampoco nos iba a amedrentar.  De vuelta al Matá, último intento para gorgirrojo y para el patirrojo. El aire hacía casi imposible mantenerse de pie y observar con garantías. Como observación más interesante, un par de gaviotas enanas (foto más arriba), también citada desde hacía unos días. Dado el huracán que teníamos encima y que no íbamos a sacar nada de allí, le dimos una última oportunidad al vespertinus. Al contrario que el día anterior, apenas un par de cernícalos campeaban a sus anchas por la zona. En esto que un cernícalo oscuro revoloteaba por encima de unos cultivos y ¡ahí está! ¡Ahora sí, que alivio! Un buen rato estuvimos deleitándonos con sus vuelos, picados, cernidos y posados. Yo estuve un buen rato reptando para acercarme lo suficiente para una foto decente y ni aun así conseguía mi objetivo. ¡Cómo tiraba el aire! Pero lo vi como nunca. Encima un macho, principal objetivo. Nuestras caras rebosaban felicidad, creíamos que nos íbamos al Delta sin ver ninguno. A esto se le llama encestar sobre la bocina.



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(macho)



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(macho)


Podía ser un día redondo de bimbos ya que nuestro primer objetivo para el Delta del Ebro era un par de correlimos canelos que se estaban observando por allí y que íbamos a intentar esa misma tarde. Gracias a la amable ayuda e indicaciones de Ricard Gutiérrez llegamos al lugar sin problemas y, encima, tuvimos la fortuna de observar un ejemplar. Eso sí, con un vendaval de cuidado. Otro objetivo cumplido. Los recorridos en vehículo por los canales vigilando los campos y los canales en busca de rarezas deparaban observaciones muy interesantes. Para muestra un botón.



Garcilla cangrejera Ardea ralloides



Garceta común Egretta garzetta



Archibebe claro Tringa nebularia



Tarabilla norteña Saxicola rubetra



Canastera común Glareola pratincola


La mañana del día 2 visitamos las antiguas salinas de San Antoni, con gran variedad de limícolas y ardeidas, así como dos pagazas piquirrojas como especie sobresaliente. Habíamos iniciado la marcha por el Trabucador para buscar terrera marismeña cuando encontramos un paíño común herido, seguramente atacado por una gaviota. Rápidamente nos pusimos en contacto con los agentes rurales del Parque y quedamos en Casa Fusta para su entrega. Una visita a la Reserva Natural de Riet Vell, con su interesante laguna, completó la jornada antes de la vuelta a Madrid. 



Calamón común Porphyrio porphyrio



Charrán común Sterna hirundo



Garceta grande Egretta alba



Fumarel aliblanco Chlidonias leucopterus


Sin duda un fin de semana muy bien aprovechado, con observaciones de interés, alcanzando, si no me falla la memoria, las 130 especies aproximadamente, vistas y oídas. Lo mejor, la compañía y el disfrute. Gracias chic@s. Y me queda claro que para disfrutar plenamente de estos lugares y sacarles todo el partido, hay que dedicarle más días. Contemplamos la posibilidad de asomarnos al Delta del Llobregat… y mira como se puso unos días después, además de los Aiguamolls y el Delta del Ebro. Habrá que repetir, no se cuando, pero habrá que hacerlo. Ese gorgirrojo...

miércoles, 6 de abril de 2016

UN DÍA EN ARROCAMPO

El pasado 20 de marzo quedé con Álvaro, Mar, Alicia y Aimara para pasar el día en Arrocampo y su entorno. Un plan que me apetecía mucho, y más con el aliciente de anotar en el cuaderno de campo dos especies que no había observado hasta ahora: agachadiza chica y polluela pintoja. La climatología no era del todo benigna pero algún respiro sí que dio. Poco más de dos horas duró el viaje y allí estábamos ya, en un excelente lugar para pajarear. Tras una breve parada en la oficina de información para recoger las llaves de los observatorios, iniciamos la jornada. El lugar clave era el observatorio número 2 y sus alrededores. Empezamos observando tres espátulas desde la rampa de acceso al observatorio, además de varias garcetas grandes, cormorán grande, azulones y varias cigüeñas blancas que anidaban en las torretas eléctricas de la zona.

No perdimos mucho más tiempo y, tras esta estupenda toma de contacto, iniciamos la búsqueda en unas zonas encharcadas en las zonas de carrizal. La primera alegría fue la presencia de varios pechiazules, que hicieron las delicias del grupo. De las agachadizas, de momento, nada. Primero mirábamos desde el camino por si localizábamos algún ejemplar posado en los márgenes de la vegetación. Tras un rato con resultado negativo, decidimos adentrarnos en la zona inundada. Pisando con cuidado, íbamos avanzando hasta llegar al límite donde el agua no permitía avanzar más. Tocaba ahora esperar. Silencio solo roto por los reclamos y cantos de la buscarla unicolor, buitrón y el crotoreo de las cigüeñas. Álvaro nos recordaba cómo diferenciar a la agachadiza común de la chica cuando echaba a volar; mientras la común salta reclamando y volaba lejos; la chica no emite ningún sonido y el salto era normalmente de pocos metros para volver a caer al suelo. Era la mejor manera de localizarlas pues normalmente no podías ni siquiera apreciar el tamaño cuando volaban. Cada cierto tiempo, algunas saltaban cerca de nuestra posición, la mayoría comunes pero entre ellas aparecía alguna más pequeña que caía a los pocos metros. Personalmente tuve la fortuna de observar una bien vista, gracias a que logré seguirla con los prismáticos los pocos segundos que duró en el aire. Una más para el bote.

Con los deberes hechos, aprovechamos para visitar Cerro Alto, con nada reseñable, y un lugar que desconocía, enclavado en una finca, llamado Charco Salado. Este último lugar resultó ser un buen humedal escondido en medio de una extensa dehesa, con varias especies de interés. Al parecer, aquí existe una colonia reproductora de espátula, que no llegamos a ver. En su lugar, uno de los momentos del día fue la aparición de un águila real acosado por un ratonero justo encima de la colonia de cigüeña blanca. Una pasada. Nos adentramos en la dehesa buscando la cola del embalse pero, en su lugar, nos encontramos en medio de la arboleda donde añadimos totovía y picogordo como aves de interés. A la vuelta, tras obtener información de un grupo de guiris, localizamos una pareja de porrones pardos pero no el torcecuello que este grupo dijo haber visto. En su lugar, un bonito alcaudón común, varios bisbitas pratenses y algún milano negro para seguir sumando especies. Tan absortos estábamos buscando el torcecuello, que se nos vino encima una buena tromba de agua y decidimos volver a Arrocampo para comer en algún observatorio. De camino, un breve encuentro con un elanio, una especie que llevaba años sin observar. Acabamos comiendo medio calados en el observatorio 2, esperando a que parara un poco. Para hacer tiempo hasta la hora de la polluela, nos dirigimos a los observatorios 3 y 4. 

Llegó el momento y, con un respiro de la lluvia, volvimos a la incursión de la misma zona de las agachadizas. Con la agachadiza chica volvimos a tener suerte pues varias comunes entraban a las charcas y, entre ellas, alguna de las primeras. Ahora incluso mejor vista pero sin oportunidad para foto. La tarde avanzaba y volvíamos a estar en la misma disposición que por la mañana. Silencio y paciencia. Las horas avanzaban, la luz, encima de frente, escaseaba y no aparecía nada. Pero de nuevo la suerte estuvo de nuestro lado. Localizo casi al límite del carrizo un pájaro regordete que me recordó a una gallineta. Esperé verla algo mejor y, a pesar de la luz y la distancia, pude identificar a la polluela pintoja que andábamos buscando. La canté casi con un hilo de voz y, mejor o peor, todos la pudieron observar con garantías. Encima el ave se movía y avanzaba entre la vegetación, ofreciendo observaciones algo más cercanas. La pena fueron las fotos, testimoniales y que no hacen para nada justicia a la belleza de esta escurridiza y tímida ave. Habíamos hecho dos de dos, además de todo lo que se pudo observar ese día en una jornada muy bien aprovechada.

Agradezco este buen día a Álvaro, Mar, Alicia y Aimara, esperando repetir en más ocasiones. Aquí van unas fotillos de la jornada.




Espátula europea Platalea leucorodia



Garceta grande Egretta alba



Garza imperial Ardea purpurea



Águila pescadora Pandion haliaetus



Garcilla bueyera Bubulcus ibis



Aguilucho lagunero occidental Circus aeruginosus



Calamón común Porphyrio porphyrio



Polluela pintoja Porzana porzana



Polluela pintoja Porzana porzana



Polluela pintoja Porzana porzana


sábado, 19 de marzo de 2016

ANDARRÍOS SOLITARIO EN ALMERÍA

Uno nuevo para la lista. Uno que no tenía en mente pero que surgió sobre la marcha cuando el segundo fin de semana de marzo, aprovechando un par de días libres, bajé a Cartagena. Los primeros días fueron de relax, con un par de ratos para pajarear e ir calentando motores. El primer día visité el puerto, lugar preferido para pasear y, de paso, observar sobre todo gaviotas. No faltaron las patis, además de un trío de gaviotas de Audouin, un grupo de gaviotas cabecinegras, cormorán grande y charrán patinegro. El segundo día visité la rambla de Benipila y la Algameca Chica, lugares ambos que no visitaba años. El paseo no defraudó porque la zona costera es un buen lugar para collalba negra. Ahí me encontré hasta dos parejas disputándose ambas laderas arbustivas pegadas al mar. Ese rato disfruté de lo lindo, lástima que no llevaba la cámara encima.



Algameca Chica


Pero el día bueno fue el domingo, con mis amigos Juan y Antonio, saliendo temprano desde Cartagena hacia Almería en busca del andarríos en cuestión. El lugar, una gran rambla por donde debía correr el río Almanzora, seco en la mayoría de su trayectoria excepto el lugar donde se había citado el ave, con varias zonas inundadas y que daban un aspecto de humedal que contrastaba con el lugar tan seco que lo rodeaba. Por supuesto, un auténtico oasis para las aves, como pudimos comprobar. Tal era mis ganas y emoción, que me fui directo a la parte alta de la rambla buscando como loco. La hora, cerca del mediodía, y la luz de frente no ayudaban ni a la observación ni las fotos, como podréis comprobar ahora. Pero lo importante fue que salió y lo vimos correctamente. La lista de aves presentes era de lo más interesante: cigüeñuela común, correlimos común, menudo y de Temminck, chorlitejo chico y grande, andarríos chico, golondrina común, avión común, zapador y roquero, garcilla bueyera, garceta común, alcaraván común, bisbita alpino, lavandera blanca y algunas más que nos mantenían muy entretenidos. Cuando encontrábamos un andarríos grande, casi idéntico al solitario, saltaban las alarmas. Cuando observaba las caracterísitcas propias de la especie y no del que buscábamos, perdíamos el ánimo. El tiempo pasaba y no aparecía. Pero en esto que localizábamos un grupo de limícolas, a través del telescopio vimos a uno que parecía distinto. Mis sospechas se confirmaron cuando al volar, uno de ellos presentaba el obispillo oscuro. ¡Ahí está!, gritaba con emoción. El andarríos solitario volaba hasta una zona de aguas tranquilas entre la vegetación. Volvíamos a la carretera y otra vez, al rato, la volvíamos a encontrar pegada al muro en el mismo charco que las demás, pero sin relacionarse. Pero pudimos observar las principales características que diferencian esta especie de su pariente el andarríos grande: patas largas y amarillentas, obispillo oscuro que divide la cola en dos zonas barradas, proyección primaria un poco más larga que la cola y pico ligeramente curvado en la punta. Pues nada, a pesar de las dificultades que he mencionado antes, algunas fotos se sacaron. Ya en el coche, y después en casa, pude comprobar que se trataba de la deseada ave. ¿Cuánto más se quedará allí? Ya veremos.



Andarríos solitario Tringa solitaria



Andarríos solitario Tringa solitaria



Andarríos solitario Tringa solitaria



Andarríos solitario Tringa solitaria