viernes, 28 de enero de 2011

EL GATO MANCHADO (I)



El Parque Natural de Andújar, declarado como tal en 1989, presenta un paisaje adehesado, con suaves lomas y laderas umbrías donde el ganado de lidia campa a sus anchas en las numerosas fincas existentes, y donde las formaciones graníticas emergentes entre la abundante vegetación dan una curiosa visión del último bastión del lince ibérico en el mundo.

Sus carreteras estrechas se convierten en auténticas arterias por donde acceder a prácticamente todos los rincones de la sierra. Virgen de la Cabeza, y su santuario, se convierte en el único núcleo de población dentro del Parque, convirtiéndose así en el corazón del espacio protegido.

Podemos encontrar gran variedad botánica, pues existen gran variedad de ecosistemas que hacen del lugar un paraíso para los amantes de la flora. Sus dehesas, pinares, zonas arbustivas y bosques de ribera dan una idea de los variados hábitats existentes.

Eso conlleva, sin duda, a que se convierta en un lugar privilegiado para la fauna. De hecho, el Parque Natural está declarado también como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Efectivamente, el Parque se convierte en un santuario para especies amenazadas como el buitre negro y el águila imperial ibérica, como tuvimos la suerte de disfrutar. Hasta cuatro individuos de águila imperial amenizaron el mediodía con sus vuelos de cortejo, picados y reclamos: un damero, un pajizo y una pareja adulta nos sobrevolaron junto a una solitaria águila real, una pareja de buitre negro y varios buitres leonados. Todo esto en un corto intervalo de tiempo.



Águila imperial ibérica



En el embalse del Encinarejo disfrutamos de nuevo con la pericia aérea de un adulto de águila imperial, y con las excelencias natatorias de la nutria, otro habitante habitual de estos parajes.



Embalse del Encinarejo



Embalse del Jándula




Cabra montés



Cormoranes grandes


La población cinegética en el Parque Natural es también notable, con abundancia de conejo, jabalí, ciervo, gamo y muflón, estos dos últimos introducidos para la caza.

Pero el verdadero protagonista del Parque Natural es el gato manchado, al que habíamos venido a ver...


lunes, 10 de enero de 2011

REGALOS DE REYES

Pues sí, pasamos la primera noche en el Parque Natural de Santoña, Victoria y Joyel cuando los reyes se paseaban por las calles de toda España y se colaban en las casas para alegrar el sueño de los niños. Y, la verdad sea dicha, tuvimos regalos de reyes todos los días. A pesar del viento, fortísimo en algunas ocasiones, y la mala luz, la lluvia nos respetó y pudimos estar en el campo apurando hasta los últimos rayos del sol que luchaba por abrirse camino entre las grises nubes.

Llegamos a Escalante, donde nos alojamos, después de comer, y dedicamos la tarde a explorar las marismas que se encuentran al otro lado de la carretera que cruza el pueblo. Un mirador, de reciente construcción, permite observar las marismas y sus habitantes con comodidad, y también un rehabilitado molino (la Cerroja) como lugar para la observación ornitológica. Las anátidas fueron las estrellas de la tarde, los silbones europeos, los ánades rabudos, las cercetas comunes y los ánades frisos se dejaban ver con relativa facilidad. Los correlimos comunes patrullaban las charcas de un lado a otro, mientras las agujas colipintas, chorlitos grises y dorados europeos, y chorlitejos grandes descansaban en sus orillas. Miles de avefrías europeas cubrían el cielo, y otros miles se apostaban en sus isletas para descansar y alimentarse. También salieron al paso nuestros primeros zarapitos reales y cormoranes grandes, entre otros muchas especies. No se podía empezar mejor.

El día 6, cuando los niños disfrutaban de sus juguetes, nosotros también disfrutábamos de las aves en las marismas anexas a Escalante, añadiendo a la lista archibebe oscuro y claro. Acto seguido, aprovechando que había un poco más de luz, hicimos una visita al pólder de Escalante, donde observamos al ánsar piquicorto mezclado con ánsares comunes, y a la solitaria barnacla cariblanca. Localizamos en una pequeña lengua de tierra varios ejemplares de ostrero euroasiático, y las primeras gaviotas cabecinegras. Un halcón peregrino picaba sobre una gran rapaz que no logré identificar.

Nuestra siguiente parada fue en Montehano, uno de los mejores lugares de Santoña para la observación de aves. Vimos algunas especies ya habituales en este lugar: garceta grande, zampullín cuellinegro, aguja colinegra y algunas espátulas. También destacaba un ibis sagrado que se ha hecho habitual en los últimos inviernos. Curiosamente, no observamos especies comunes en el canal de Ano como el negrón común, el zampullín cuellirrojo o el colimbo grande. Ni rastro. 



Garceta grande



Ibis sagrado


Otro sitio emblemático del Parque es el observatorio de La Arenilla, situado poco antes de entrar en Santoña. Aquí pudimos apreciar las diferencias existentes entre los zarapitos real y trinador. Además, un solitario vuelvepiedras. 



Zarapito trinador



Zarapito real


Un asomo al puerto de Santoña, donde la plaza de toros, y al canal de San Martín, hizo realidad nuestros peores presagios: ni un colimbo que llevarse al zurrón. Raro, raro, raro... Por lo menos vimos cormorán moñudo.



Cormorán moñudo



Nos fuimos a comer a las marismas de Bengoa, donde observamos porrón europeo y moñudo, archibebe común, garza real y un grupito de gaviotas reidoras y cabecinegras. 



Porrón moñudo



Gaviotas reidoras y cabecinegras


La nota exótica la pusieron dos cisnes vulgares que se acercaron buscando, supongo, que les echáramos de comer. Son parte de un grupo que se reprodujo en Santoña y que se han aquerenciado al lugar.



Cisne vulgar



En las cercanas charcas del Dueso, además de anátidas, un zorzal alirrojo posado en lo alto de un árbol, bastante lejos de nuestro punto de observación.

Última parada en Cicero para, con la oscuridad cayendo sobre nosotros, observar un lejano colimbo grande.

Para el día 7, nuestra intención era visitar las marismas de Astillero, pues había buenas referencias a la hora de observar aves allí. Primero estuvimos en la Marisma Negra, la más cercana al barrio, donde sólo destacamos anátidas y el ir y venir de numerosas lavanderas blancas. A la Marisma Blanca, con más nombre que su prima, se accede por una pasarela habilitada para cruzar por debajo de la autopista y las vías del FEVE (la sensación de estar abajo cuando pasa el tren es horrible). Unas charcas rodeadas de vegetación y con más bullicio. Más anátidas (porrón europeo, porrón moñudo, cuchara europeo, ánade real), focha común, cormorán grande y otros cuatro cisnes vulgares. 



Porrón europeo


Nuestro siguiente objetivo era observar al águila pescadora en la ría de Cubas, y para allá que nos fuimos. Conseguimos ver dos ejemplares, unos de ellos con un pez recién capturado que se merendó posado en un lejano tronco. Quería hacer alguna foto, a pesar de la lejanía, pero el fuerte viento me hizo desistir. Otra vez observamos cisne vulgar, pero me sorprendió la cifra presente en la zona: ¡¡¡hasta 17 ejemplares!!! Como una plaga...

Con el objetivo cumplido nos acercamos al cabo de Ajo para deleitarnos con el paisaje. Además, añadimos alcatraz atlántico a la lista. 

Nuestro último día de pajareo la dedicamos, principalmente, a visitar de nuevo las zonas emblemáticas del Parque. Empezamos, como no, en el pólder de Escalante, donde observamos la técnica de caza del halcón peregrino, que dio buena cuenta de un desafortunado correlimos común. Espectacular. 

De nuevo en Montehano, lo único reseñable fue la observación de un martín pescador. Seguía sin haber rastro de los habituales.

Decidimos acercarnos al fuerte de San Martín, a ver si en mar abierto lográbamos ver algo interesante. Nada, de nuevo. Tampoco en Laredo, donde el fuerte viento nos echó de allí. 

Nueva visita a Bengoa y alrededores. Nada nuevo que reseñar.



Garceta común




Ánade rabudo



Cerceta común


Intentaríamos observar bisbita de Richard en cabo Quejo, y como nos pillaba de paso Escalante, echamos un último vistazo al pólder para volver a ver al ánsar piquicorto y a la barnacla cariblanca. Allí seguían, entre ánsares comunes.



Barnacla cariblanca



Ánsar piquicorto


Paso por la marisma del Joyel, donde había infinidad de focha común y, para variar, una pareja de cisne vulgar.

En cabo Quejo no aparecieron los bisbitas de Richard, pero nos deleitamos con el paisaje.

El domingo salimos temprano de Escalante para Madrid, con ganas ya de volver.












domingo, 2 de enero de 2011

INVERNANTES INTERESANTES PARA DESPEDIR EL AÑO

Decidimos Mariajo y yo volver a orillas del Mediterráneo para comer las uvas y comenzar un nuevo año que esté a la altura o más de este que ya es historia. Montamos nuestra base de operaciones en San Pedro del Pinatar, y nuestro principal objetivo era visitar a Tönn y compañía en el cercano Parque Natural del Hondo. Así pues, el último día del año 2010 emprendimos viaje hacia el lugar con la esperanza puesta en su observación. Como no conocíamos la zona (habíamos estado en 2007, pero de paso), decidimos empezar nuestras pesquisas en el Centro de Interpretación del parque, cerca de San Felipe Neri. El centro, como esperábamos, estaba cerrado, así que nos instalamos en el merendero semicubierto que hay al lado, y que da a una pequeña laguna. A lo lejos veíamos eucaliptos, y echamos rápidamente un vistazo para ver si estaba por allí. Nada de nada. El cielo se estaba cubriendo peligrosamente mientras observábamos zampullín chico y agachadiza común en la pequeña charca. Los mosquiteros comunes eran muy abundantes, y algún alcaudón real se dejaba ver posado en alguna valla. Yo tuve la suerte de ver pechiazul y torcecuellos. En el cielo, cruzaban cada dos por tres aguiluchos laguneros y cormoranes grandes, mientras una hembra de aguilucho pálido se posaba en una lejana estaca para sacudirse el agua que ya empezaba a caer. Mientras esperábamos que escampara, una confiada hembra de cernícalo vulgar se posaba en la barandilla de la pasarela de acceso a las lagunas interiores.



Cernícalo vulgar (hembra)


Corrimos al coche para no mojarnos y pusimos rumbo a la puerta norte, que distaba unos tres kilómetros del Centro. Nada más pasar un puente que se eleva sobre un canal parte una pista de tierra que acaba en una puerta metálica. Varios eucaliptos en la entrada daban la posibilidad de verla pero, de nuevo, resultado negativo. 

La última opción era dirigirse a la puerta sur, donde también había posibilidades de observarla. Nos dirigimos hacia el lugar, no sin problemas (por la señalización vial), y llegamos al canal del Riatxo. Allí caminamos un rato hasta llegar a otra puerta metálica. Se podía seguir a pie, pero desisitimos, y decidimos comer allí. Vimos multitud de gallinetas comunes, un calamón común y un martín pescador cruzando el canal.

En el cruce con la carretera, en una hilera de eucaliptos, observamos un aguililla calzada en plumaje claro descansar plácidamente. Saqué los trastos, con la esperanza de que no echara a volar según llegara a una distancia prudente. Tan confiada era que, a veces, no entraba en el encuadre del telescopio, y me tenía que retirar un poco. Suena increible, pero sucedió así.



Aguililla calzada


Por supuesto, la sesión fotográfica duró un buen rato. Pensé que la rapaz estaba así de tranquila con mi presencia porque andaba más pendiente del acoso de un gran bando de grajillas, que se posaban en grupos numerosos en los árboles contiguos, y no la dejaban en paz. Llegó un momento en que los córvidos se posaron encima de ella, lanzándola excrementos y haciendo picados e, irremediablemente, provocó que la rapaz se fuera volando y se perdiera de vista. Intentaba seguirla con los prismáticos pero, entre tanta grajilla, era imposible.



Aguililla calzada


Con el buen sabor de boca que da una buena observación, alcanzamos la llamada puerta sur, donde realizaríamos una espera para observar al águila moteada. Nos encontramos con un hombre que sí tenía autorización para entrar (tenía llave del candado). Nos comentó que esa zona era la mejor para verla pero, aún así, era difícil dar con ellas. Sí, digo ellas, porque se han llegado a observar tres águilas distintas en la zona. Cuando la luz ya no era favorable, decidimos marcharnos sin haber podido verla.

En año nuevo pensamos que una buena manera de empezarlo era intentándolo otra vez. Rumbo a El Hondo, directos a la puerta sur. En los aledaños campos de Vistabella, al sur del Parque, un grupito de grullas nos amenizaba la espera. Las alondras comunes, verderones comunes y lavanderas blancas eran abundantísimas. Un juvenil de halcón peregrino se mostraba posado en un lejano árbol desnudo de hojas.

En una ocasión en que volví la cabeza para coger el telescopio, observé algo oscuro y grande en la copa de un eucalipto. "Pero si es la moteada", grité para mi. Acto seguido llamé a Mariajo, que cruzó la carretera para llegar a mi altura y observarla también. Hice una foto algo lejana, y cuando iba a hacerla con más aumentos, apareció el hombre del día anterior con el vehículo venir hacia nosotros. "Joder, me tengo que quitar de aquí", pensé. El águila moteada levantó el vuelo al paso del coche y planeó lentamente hasta los campos de Vistabella, hasta que la perdimos de vista. No era Tönn (no vimos radiotransmisor) ni el supuesto ejemplar anillado. Era un bello subadulto que nos hizo pasar un verdadero momentazo. ¿Se podía empezar mejor el 2011?



Águila moteada


Al rato la volvimos a ver en dirección contraria, pero no apareció. Se nos unió un chico (Arturo), que había estado grabando a primera hora a las grullas, para intentar ver a la rapaz venida de Centroeuropa. Con él conversamos y hablamos de diversos temas mientras aguardábamos la llegada de Tönn o compañía. No hubo éxito.

Para la hora de comer ya estábamos en San Pedro del Pinatar, y la tarde la dedicamos para relajarnos observando aves en sus salinas. Los flamencos y los tarros blancos nunca fallan. Movimiento de avoceta y cigüeñuela, y algunos limícolas. Un asomo a la playa de la Torre Derribada nos permitió ver alcatraz atlántico, chorlitejo grande y un posible chorlito gris.

NOTA: según desvela Ricard Gutiérrez, se trata de un subadulto de tercer año bautizado con el nombre de "Not Tönn".






martes, 28 de diciembre de 2010

EN BUSCA DEL TREPARRISCOS (26 de diciembre)

El pasado domingo 26 por la mañana, un grupo de intrépidos pajareros acudíamos a Avenida de América para dirigirnos al embalse de Entrepeñas, en Guadalajara, para intentar localizar al treparriscos que un grupo de SEO observó la semana anterior. Álvaro, María, Alicia, Mar, Mariajo y yo emprendíamos tal viaje con cierto optimismo, ya que era un lugar idóneo para verlo. Tras una hora y media sin contratiempos, llegamos a dicho embalse. A un lado del muro de la presa, la inmensidad del embalse. Al otro lado, el encajonado y diminuto Tajo. El paisaje era evocador. Una carretera en mal estado nos llevaría bajo la pared olvidada por el sol, donde esperábamos ver al esquivo pajarillo. Y enfrente, una pared repleta de escaladores y bañada en oro brillante. 

Con este panorama, con frío también, comenzamos la búsqueda. Nos acercamos al borde del precipicio donde daba algún rayo de sol, y barrimos la pared una y otra vez con los telescopios. Pasados unos minutos, Alicia descubrió al enano pajarillo posado en una roca. Levantó el vuelo con dirección a la presa. Sólo Alicia, Álvaro y Maria lograron verlo con mejor o peor fortuna. El resto, ni eso. Corrimos hacia un mirador que había cerca de la presa, pero no aparecía. Observábamos mirlo acuático, lavandera blanca y zorzal común, entre otras especies. Pero del treparriscos, ni rastro. Nos fuimos a la carretera que cruza la presa, pero tampoco lo vimos.

Decidimos entonces bajar por la carretera y otear en la pared en sombra, a ver si había mejor suerte. Parábamos en un par de puntos, siempre pendientes de la pared, barriéndolo con los prismáticos, y con principio de tortícolis. Observamos unos pajarillos moverse arriba y que se perdían de vista constantemente. Resultaron ser acentores alpinos que, según avanzaba el día, se harían más comunes, registrando hasta una veintena de ellos. Cogieron confianza y bajaron al suelo a comer, y se posaron en el murete. Cuando intuían algo que no les gustaba, se lanzaban ladera abajo, quedando siempre a buena distancia para observarlos bien. Álvaro y yo hacíamos piruetas en el murete para conseguir observarlos o fotografiarlos en condiciones. Ya no nos abandonarían el resto del día.



Acentor alpino


Numerosos paseriformes salían a nuestro encuentro: curruca capirotada, verderón común, petirrojo... Los buitres leonados salían con el calor y cicleaban delante nuestro. A cada vuelta que daban, más se reunían. Y a ellos se unió un juvenil de águila real, que apareció por encima nuestro como por arte de magia. Y mientras yo permanecía embobado con los acentores, el resto del grupo consiguió ver un águila perdicera cerca del aparcamiento.



Águila real (juvenil)


A la hora de comer, seguimos la carretera hasta un viejo puente donde daba el sol. Muy a gusto nos encontrábamos allí pues, además de dar buena cuenta de las viandas, interrumpíamos la pitanza cada dos por tres para observar aves que nos acompañaban en la zona: mito, ruiseñor bastardo, herrerillo común, carbonero común, acentor común o colirrojo tizón son sólo algunas que añadimos a la lista.

Después de comer, volvimos a la pared para intentar de nuevo sacar al treparriscos, pero ya no hubo manera. Seguíamos deleitándonos con los acentores alpinos y, con las últimas luces, hicimos un alto para esperar, y observamos que la pared servía de dormidero a especies como el avión roquero, el gorrión chillón y la chova piquirroja, ésta en buenos números.

Ya se hizo la noche y el frío iba en aumento, así que abandonamos el lugar para dirigirnos a Madrid. Ya conozco otro lugar donde, con un poco de suerte, puedo observar en los fríos inviernos alcarreños al enano de la pared: al treparriscos.



sábado, 18 de diciembre de 2010

PARQUE NACIONAL DE DOÑANA (4-8 de diciembre)



Doñana es sinónimo de belleza paisajística, naturaleza rebosante y mosaicos inacabables. Empapa los sentidos con sólo caminar por sus poblaciones, sus marismas o sus playas. Contraste de colores y formas, da igual cuándo vayas, siempre hay algo que ver, y te engancha. Doy fe de ello.

Fueron cinco días en los que la climatología no dio tregua, a aguacero diario, pero fueron aprovechados al máximo para observar aves, que es a lo que íbamos. 

Nuestro primer día se inició al llegar el 4 a El Rocío justo a la hora de comer. Nada como almorzar junto a la Madre de las Marismas, ya con nuestras primeras observaciones en el cuaderno de campo. No hay como un paseo bordeando la marisma para bajar la comida y, de paso, ver las primeras aves salir a nuestro encuentro. Así, numerosas ardeidas se mostraban orgullosas ante nosotros, como la garza real, bandos de garcilla bueyera o una confiada garceta común. También observamos nuestras primeras espátulas y moritos, ánsares comunes, agujas colinegras (en buen número), la siempre omnipresente focha común, diversas especies de paseriformes (petirrojo, bisbita pratense, tarabilla común, mosquitero común o lavandera blanca), y bastante anátida (ánade real, ánade friso, cerceta común, cuchara europeo y ánade rabudo, entre otras). Llegando al observatorio de SEO (aún sin inaugurar), observamos cigüeñuela común, y nos sobrevuela un gavilán común y dos martinetes.



Aguja colinegra



Cigüeñuela común



Garceta común



El domingo 5, al ver el cielo cubierto, y con lluvia, decidimos aprovechar un rato por la mañana para observar aves en la marisma de El Rocío desde un lugar techado, con la intención de seguir a los moritos que vimos el día anterior. A pesar de la lluvia, la marisma estaba bastante animada. 

Pasado una hora desde que llegamos, nos dirigimos a Villamanrique de la Condesa, para acceder desde allí a los arrozales de Dehesa de Abajo y la laguna de la Cañada de la Rianzuela. Aquí, flamenco común y, de nuevo, numerosas anátidas y ardeidas. En mi caso observé martín pescador, y algunos privilegiados vieron elanio común. Precisamente fue en este lugar donde tuvimos una de las observaciones más curiosas del viaje: ¡¡hasta 14 calamones a la vez salían entre la vegetación para darse un baño de lluvia!! Después, parada en el Centro de Visitantes, donde nos acercamos a los observatorios que dan a la laguna, y comimos a continuación.

En la Venta El Cruce accedemos a la carretera que nos lleva a Isla Mayor y, cerca del poblado de Alfonso XIII (concretamente en el kilómetro 4), hacemos la última parada del día y, a la postre, la que mejores observaciones ofreció: garceta grande, hembra joven de halcón peregrino, esmerejón, garcilla cangrejera, hasta 9 cigüeñas negras alimentándose entre los arrozales, un bando de cerca de un centenar de tejedores amarillos, aguilucho lagunero, chorlito dorado europeo, etc. A la vuelta, y con la lista de aves bastante engrosada, nos cayó un chaparrón de narices.



Arrozales en Dehesa de Abajo


El lunes 6 visitaríamos las marismas del Odiel. Ese día, el tiempo nos daría una tregua durante la mañana, hecho que agradecimos. La primera parada fue en unas marismas (Sendero de Cabeza Alta) que se encuentran antes del espigón de Juan Carlos I, donde observamos diferentes especies de limícolas (correlimos común y gordo, aguja colipinta, ostrero euroasiático, y diversas especies de gaviotas). Acto seguido, en el espigón, más limícolas (además de las nombradas, los dos zarapitos, real y trinador) lo que permitió a la gente apreciar las diferencias entre ambos. La última parada la hicimos en La Calatilla (sorprendentemente, estaba cerrado) y las lagunas que hay alrededor. Había posibilidad de ver focha cornuda, pero nos dio esquinazo. Sin embargo, disfrutamos con la observación de más anátidas, gaviotas (incluida la de Audouin), ardeidas y pagaza piquirroja, una interesante observación. En el autobús, ya de regreso, salieron al paso otra especie estival: dos hermosas garzas imperiales.



Cuchara europeo (macho)




Gaviota sombría




Mosquitero común


Para mí, este era el día fuerte del viaje: excursión en 4x4 al Parque Nacional de Doñana, donde casi nadie puede entrar. La posibilidad de conocer la Doñana oculta, lugares recónditos apenas explorados, sin masificaciones, donde reina la naturaleza en estado puro y la paz. Y donde vive, y apenas se muestra, el rey del Parque: el lince ibérico. Conoceríamos el territorio del amenazado cazador, el hábitat en el que hay que tener suerte y vista para lograr verlo o, al menos, intuirlo. Asomado en la ventanilla, y a pesar de la lluvia, estaba preparado con la cámara de fotos para disparar una ráfaga sobre él. Buscaba en el borde de los caminos, entre la maleza, en los majanos, oteaba las pistas hasta donde la vista no alcanzaba más... Pero no hubo suerte. El agua no es la mejor aliada de los felinos, y nos dimos cuenta de ello.

El recorrido nos permitió conocer el Coto del Rey (a través de la Raya Real), las marismas de Hinojos, el Centro de Visitantes José Antonio Valverde y el entorno del Palacio del Rey. Pudimos observar especies que nos faltaba en la lista, como el águila imperial ibérica (algunos ejemplares, entre juveniles y adultos), culebrera europea, alcaraván común, rabilargo y alcaudón real, además de numerosas especies más comunes. Algunos afortunados disfrutamos con el cruce veloz y fugaz de un meloncillo. Además, numerosos ciervos cruzaban los caminos que recorríamos, como en un juego de persecución.



Coto del Rey



Ciervos


Las lluvias provocaron el desbordamiento del arroyo del Partido, única vía de acceso a El Rocío, y casi se nos presenta un serio contratiempo. Afortunadamente, todo quedó en mera anécdota. Y mientras esperábamos que llegaran todos, un elanio común nos amenizaba la espera con sus frecuentes cernidos.

Agradecer desde aquí a Doñana-nature y, en especial a Rosario (nuestra guía) por su profesionalidad y buen hacer en una visita muy especial para nosotros. Gracias. Yo repetiré, seguro.

El último día en Doñana fue un día de relax. La visita a la zona conocida como Corral de Miguel nos permitió conocer una zona mixta de pinar y dunas, paisaje típico de Doñana. Después, las visitas a los Centros de Visitantes del Acebuche y la Rocina fueron para que la gente hiciera compras y pasease tranquilamente por los alrededores. Aún así, pudimos observar algunas especies más. Por ejemplo, un aguililla calzada sobrevolaba una zona arbolada en compañía cercana de un aguilucho lagunero. Y sumamos especies forestales, como herrerillo común y capuchino, carbonero común y garrapinos, pinzón vulgar y mito, entre otros.



Alhelí de mar



Jaguarzo



Laguna del Acebuche



Charco de la Boca



Doñana es una aventura, es naturaleza salvaje en perfecta comunión con el ser humano, es algo difícil de describir porque hay que descubrirlo y verlo por uno mismo. El recorrer sus carreteras esperando que cruce como una centella el príncipe del pinar y la duna, con su moteado y ojos brillantes, un ser de dibujos animados con pinceles en vez de orejas, y sintiendo que puede aparecer en cualquier momento delante tuyo o sentado tranquilamente al borde del pinar, sabiendo que el bosque le cubre con su manto. 

Por supuesto que hablar de Doñana es hablar de aves, a miles, a cientos de miles, pero también es nombrar al felino más amenazado del planeta. Y hay que ser cosciente de que aquí, entre marismas y dunas, tiene el último de sus santuarios.
















viernes, 12 de noviembre de 2010

SAN PEDRO DEL PINATAR (7 de noviembre)

Aprovechando el puente de la Almudena en Madrid, bajé a casa con la intención de pajarear por varios de mis sitios favoritos. Pero el mal tiempo me obligó a salir sólo una mañana, así que planeé la salida a la ruta de las Encañizadas y un pequeño asomo a la charca de aclimatación de las salinas.

Llegamos mi hermano Raúl y yo temprano al parking que hay junto al molino de Quintín. Nada más empezar a andar, observamos un combatiente alimentándose en la orilla. 



Combatiente


De camino observamos varios vuelvepiedras, correlimos de diferentes especies (tridáctilo, común, menudo, zarapitín) y un grupo de zampullines cuellinegros que no alcanzarían los 100 individuos. Casi llegando al molino de la Calcetera, observamos flamenco común y tarro blanco. En un pequeño apartadero para barcas, varias gaviotas patiamarillas posaban en las empalizadas de madera y, entre ellas, una gaviota cabecinegra en plumaje de invierno. Ya estábamos llegando a las Encañizadas, con sus emblemáticos edificios en sendas lengüetas de tierra. Allí añadimos a la lista chorlitejo patinegro y grande, zarapito real, gaviota reidora, un grupito de seis chorlitos grises y un halcón peregrino posado en una torreta. 



Chorlitejo patinegro




Halcón peregrino




Vuelvepiedras


Nos propusimos llegar hasta la playa de Punta de Algas, donde nos encontramos grupos bastante nutridos de verderón común, bisbita pratense y algunas garcetas comunes en charcas cercanas al mar. Nos adentramos un poco en esas charcas y, para mi sorpresa, pude observar un aguilucho que me pareció cenizo, por lo rojizo de las partes inferiores. Desgraciadamente, la observación duró unos segundos pues se abalanzó sobre tierra y quedó oculto por la vegetación. Por las fechas, no debería haber ya cenizos pero esa coloración me creó confusión.

Volvimos sobre nuestros propios pasos al coche, y nos dirigimos a la charca de interpretación de las salinas, donde sí había bastante movimiento de limícolas: chorlitejo grande y patinegro, correlimos común (el más abundante), archibebe común y claro (éste, más abundante, hasta contabilizar 12 ejemplares), y un grupo mixto de agujas colinegras y colipintas (ésta en mayor número). También estaban presentes gaviotas reidoras y picofinas.



Archibebe claro




Correlimos común



Con buenas observaciones y registrados buenos números de ejemplares, la mañana no dio más de sí. Pusimos rumbo a casa y a planificar otra salida para dentro de nada.







miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA SIERRA DEL LOBO (29 de octubre-2 de noviembre)



Divisamos la serpenteante forma de las crestas, bañadas en bosques frondosos y extensos, y serpenteamos por sus carreteras con las luces dadas, con la vaga esperanza de que un lobo cruzase ante nuestra atónita mirada. Porque estamos en tierra de lobos, en la Sierra de la Culebra, mostrando todo su encanto y toda su magia, que envuelve a toda la comarca, especialmente cuando el sol no es el protagonista.

Algunos pensarán, que por estar en el lugar de Europa Occidental con mayor densidad poblacional de lobo, será fácil avistarlo. Nada más lejos de la realidad. El lobo ha sido y es un animal perseguido, odiado y querido a partes iguales, considerado una alimaña, y ese instinto de supervivencia le hace ser reservado, prudente y astuto ante el ser humano. Y el que consigue verlo en su hábitat y respetando sus costumbres, se puede considerar un privilegiado. Porque no es nada sencillo verlo, es un animal aún escaso, y la sierra es muy grande. Pero si posees información de primera mano y suerte, puedes tener más opciones de verlo en su ambiente.

La mejor opción es realizar esperas en lugares elevados, y barrer la zona una y otra vez, pacientemente, haciendo hincapié en caminos, cortafuegos y linderos de masas forestales, porque el lobo es un animal terriblemente predecible, y utiliza las sendas y pistas forestales como lugares de paso y de deposición de marcas, como excrementos.



Sierra de la Culebra


Y con la intención de ver al amenazado cánido, Tomás y yo afrontamos el reto con optimismo, a pesar del mal tiempo que hizo durante el fin de semana, con lluvia, viento y frío. Avanzábamos, aún de noche, por las carreteras que cruzan territorio lobero, observando con atención hasta donde alcanzaban las luces del vehículo. Una vez se nos cruzó un zorro. Falsa alarma. Y llegados al punto de espera, ya todo había que hacerlo en silencio. Susurrábamos en vez de hablar. Colocamos el telescopio apuntando a las zonas propicias, y a esperar. El frío y el viento eran insoportables. Pero por encima de las adversidades estaban las ganas de verlo. Y sabíamos perfectamente que él nos estaba observando desde algún lugar del bosque, del brezal o de las peñas, con ojos curiosos y la prudencia de la que siempre hace gala. No así los otros habitantes del bosque, que sí se asomaron: corzo, ciervos, jabalíes, además de varias especies de aves. Nos amenizaba las esperas un confiadísimo acentor común.





Amanita muscaria


Fueron muchas horas intentándolo en varios sitios, en silencio, en compañía, con frío y agua, con sol, con grandes valles cubiertos de otoño, con neblinas matutinas que reposaban en el campo, pero el lobo no apareció. No quiso aparecer, y a Tomás y a mi se nos acabó el plazo en esas tierras de ensueño, mudas, sólo rotas por el retumbar de las escopetas de los cazadores, y marchamos tristes pero a la vez contentos de haber disfrutado de una tierra que nos estará esperando el año que viene. Porque quiero que el lobo y yo volvamos a cruzar miradas.