sábado, 18 de diciembre de 2010

PARQUE NACIONAL DE DOÑANA (4-8 de diciembre)



Doñana es sinónimo de belleza paisajística, naturaleza rebosante y mosaicos inacabables. Empapa los sentidos con sólo caminar por sus poblaciones, sus marismas o sus playas. Contraste de colores y formas, da igual cuándo vayas, siempre hay algo que ver, y te engancha. Doy fe de ello.

Fueron cinco días en los que la climatología no dio tregua, a aguacero diario, pero fueron aprovechados al máximo para observar aves, que es a lo que íbamos. 

Nuestro primer día se inició al llegar el 4 a El Rocío justo a la hora de comer. Nada como almorzar junto a la Madre de las Marismas, ya con nuestras primeras observaciones en el cuaderno de campo. No hay como un paseo bordeando la marisma para bajar la comida y, de paso, ver las primeras aves salir a nuestro encuentro. Así, numerosas ardeidas se mostraban orgullosas ante nosotros, como la garza real, bandos de garcilla bueyera o una confiada garceta común. También observamos nuestras primeras espátulas y moritos, ánsares comunes, agujas colinegras (en buen número), la siempre omnipresente focha común, diversas especies de paseriformes (petirrojo, bisbita pratense, tarabilla común, mosquitero común o lavandera blanca), y bastante anátida (ánade real, ánade friso, cerceta común, cuchara europeo y ánade rabudo, entre otras). Llegando al observatorio de SEO (aún sin inaugurar), observamos cigüeñuela común, y nos sobrevuela un gavilán común y dos martinetes.



Aguja colinegra



Cigüeñuela común



Garceta común



El domingo 5, al ver el cielo cubierto, y con lluvia, decidimos aprovechar un rato por la mañana para observar aves en la marisma de El Rocío desde un lugar techado, con la intención de seguir a los moritos que vimos el día anterior. A pesar de la lluvia, la marisma estaba bastante animada. 

Pasado una hora desde que llegamos, nos dirigimos a Villamanrique de la Condesa, para acceder desde allí a los arrozales de Dehesa de Abajo y la laguna de la Cañada de la Rianzuela. Aquí, flamenco común y, de nuevo, numerosas anátidas y ardeidas. En mi caso observé martín pescador, y algunos privilegiados vieron elanio común. Precisamente fue en este lugar donde tuvimos una de las observaciones más curiosas del viaje: ¡¡hasta 14 calamones a la vez salían entre la vegetación para darse un baño de lluvia!! Después, parada en el Centro de Visitantes, donde nos acercamos a los observatorios que dan a la laguna, y comimos a continuación.

En la Venta El Cruce accedemos a la carretera que nos lleva a Isla Mayor y, cerca del poblado de Alfonso XIII (concretamente en el kilómetro 4), hacemos la última parada del día y, a la postre, la que mejores observaciones ofreció: garceta grande, hembra joven de halcón peregrino, esmerejón, garcilla cangrejera, hasta 9 cigüeñas negras alimentándose entre los arrozales, un bando de cerca de un centenar de tejedores amarillos, aguilucho lagunero, chorlito dorado europeo, etc. A la vuelta, y con la lista de aves bastante engrosada, nos cayó un chaparrón de narices.



Arrozales en Dehesa de Abajo


El lunes 6 visitaríamos las marismas del Odiel. Ese día, el tiempo nos daría una tregua durante la mañana, hecho que agradecimos. La primera parada fue en unas marismas (Sendero de Cabeza Alta) que se encuentran antes del espigón de Juan Carlos I, donde observamos diferentes especies de limícolas (correlimos común y gordo, aguja colipinta, ostrero euroasiático, y diversas especies de gaviotas). Acto seguido, en el espigón, más limícolas (además de las nombradas, los dos zarapitos, real y trinador) lo que permitió a la gente apreciar las diferencias entre ambos. La última parada la hicimos en La Calatilla (sorprendentemente, estaba cerrado) y las lagunas que hay alrededor. Había posibilidad de ver focha cornuda, pero nos dio esquinazo. Sin embargo, disfrutamos con la observación de más anátidas, gaviotas (incluida la de Audouin), ardeidas y pagaza piquirroja, una interesante observación. En el autobús, ya de regreso, salieron al paso otra especie estival: dos hermosas garzas imperiales.



Cuchara europeo (macho)




Gaviota sombría




Mosquitero común


Para mí, este era el día fuerte del viaje: excursión en 4x4 al Parque Nacional de Doñana, donde casi nadie puede entrar. La posibilidad de conocer la Doñana oculta, lugares recónditos apenas explorados, sin masificaciones, donde reina la naturaleza en estado puro y la paz. Y donde vive, y apenas se muestra, el rey del Parque: el lince ibérico. Conoceríamos el territorio del amenazado cazador, el hábitat en el que hay que tener suerte y vista para lograr verlo o, al menos, intuirlo. Asomado en la ventanilla, y a pesar de la lluvia, estaba preparado con la cámara de fotos para disparar una ráfaga sobre él. Buscaba en el borde de los caminos, entre la maleza, en los majanos, oteaba las pistas hasta donde la vista no alcanzaba más... Pero no hubo suerte. El agua no es la mejor aliada de los felinos, y nos dimos cuenta de ello.

El recorrido nos permitió conocer el Coto del Rey (a través de la Raya Real), las marismas de Hinojos, el Centro de Visitantes José Antonio Valverde y el entorno del Palacio del Rey. Pudimos observar especies que nos faltaba en la lista, como el águila imperial ibérica (algunos ejemplares, entre juveniles y adultos), culebrera europea, alcaraván común, rabilargo y alcaudón real, además de numerosas especies más comunes. Algunos afortunados disfrutamos con el cruce veloz y fugaz de un meloncillo. Además, numerosos ciervos cruzaban los caminos que recorríamos, como en un juego de persecución.



Coto del Rey



Ciervos


Las lluvias provocaron el desbordamiento del arroyo del Partido, única vía de acceso a El Rocío, y casi se nos presenta un serio contratiempo. Afortunadamente, todo quedó en mera anécdota. Y mientras esperábamos que llegaran todos, un elanio común nos amenizaba la espera con sus frecuentes cernidos.

Agradecer desde aquí a Doñana-nature y, en especial a Rosario (nuestra guía) por su profesionalidad y buen hacer en una visita muy especial para nosotros. Gracias. Yo repetiré, seguro.

El último día en Doñana fue un día de relax. La visita a la zona conocida como Corral de Miguel nos permitió conocer una zona mixta de pinar y dunas, paisaje típico de Doñana. Después, las visitas a los Centros de Visitantes del Acebuche y la Rocina fueron para que la gente hiciera compras y pasease tranquilamente por los alrededores. Aún así, pudimos observar algunas especies más. Por ejemplo, un aguililla calzada sobrevolaba una zona arbolada en compañía cercana de un aguilucho lagunero. Y sumamos especies forestales, como herrerillo común y capuchino, carbonero común y garrapinos, pinzón vulgar y mito, entre otros.



Alhelí de mar



Jaguarzo



Laguna del Acebuche



Charco de la Boca



Doñana es una aventura, es naturaleza salvaje en perfecta comunión con el ser humano, es algo difícil de describir porque hay que descubrirlo y verlo por uno mismo. El recorrer sus carreteras esperando que cruce como una centella el príncipe del pinar y la duna, con su moteado y ojos brillantes, un ser de dibujos animados con pinceles en vez de orejas, y sintiendo que puede aparecer en cualquier momento delante tuyo o sentado tranquilamente al borde del pinar, sabiendo que el bosque le cubre con su manto. 

Por supuesto que hablar de Doñana es hablar de aves, a miles, a cientos de miles, pero también es nombrar al felino más amenazado del planeta. Y hay que ser cosciente de que aquí, entre marismas y dunas, tiene el último de sus santuarios.
















1 comentario:

  1. Hola Gabi
    Buena crónica, pena que no os hiciera buen tiempo.
    Todo es cuestión de repetir por Primavera.
    Un abrazo.
    Antonio

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