viernes, 29 de octubre de 2010

DESIERTOS DE OTRO MUNDO Y EL LAGO DEL AVE FANTASMA (23-24 de octubre)



Cuando vi por primera vez imágenes de las Bardenas Reales, me dio la impresión de ver algo así como una visión extraterrestre, de otro mundo, irreales. Ese pensamiento se confirma en toda su medida cuando pisas el Parque Natural y te encuentras ante formaciones rocosas indescriptibles y asombrosas, en medio de un territorio inhóspito. Entonces te preguntas quién ha podido ejercer con tal maestría estas obras de ingeniería natural. ¿Visitantes de otros mundos? La respuesta es más sencilla: la propia Naturaleza, en toda su magnitud de sencillez, es capaz de ofrecer al visitante monumentos naturales de tal calibre que uno duda, a veces, si todo eso es de este planeta. Ya desde el Centro de Visitantes, uno se empieza a frotar los ojos, pensando que lo que ve no es real.

Llegamos a un acuartelamiento y el camino se bifurca, convirtiéndose así en un lazo de 30 kilómetros aproximadamente que rodea el campo de tiro. Nosotros giramos a la izquierda para tener así un primer contacto con la zona. Hicimos la primera parada en el Corral del Hermano para intentar, por primera vez, localizar a la esquiva alondra ricotí. Sin embargo, fue un mochuelo europeo quien nos dio la bienvenida. Seguimos camino y paramos cerca del Cabezo de las Cortinas para comer. La jornada se caracterizó por el calor reinante, contraria a las predicciones meteorológicas, que anunciaban lluvia y frío. Después de comer, recorrimos parte del camino buscando aves. Pasamos por la charca de las Cortinas, seca en estas fechas, donde suele haber citas de avetoro. Oímos en el carrizo pájaro moscón y vimos un escribano palustre posado brevemente en sus tallos. Nos deleitamos con una confiada collalba gris, que querenciaba unas rocas al borde del camino. 



Collalba gris


A primera hora de la tarde llegamos al sitio más conocido del lugar, el Cabezo de Castildetierra, para que la gente pudiera hacerse fotos. Cerca de allí, observamos curruca rabilarga y collalba negra. 




Cabezo de Castildetierra


De momento nos despedíamos del Parque Natural con la mejor observación posible: una pareja de águilas reales en vuelo y jugando, por encima de nosotros en el Centro de Interpretación. Después nos trasladamos a otro sitio que todos deseábamos: la laguna de Pitillas. Visitaríamos el reino del avetoro, una de las aves más difíciles de observar de la Península. El Centro de Interpretación, que hace las veces de observatorio elevado, fue el punto elegido para otear la lámina de agua y, sobre todo, los carrizales en busca del ave fantasma. Cerca de 50 personas y otros tantos telescopios barrían la zona una y otra vez. Si estaba ahí, no se podía escapar. De pronto, alguien comentó: "creo que tengo al avetoro". Santi dio un salto, ojeó con el teles y afirmó la observación. Se armó un revuelo de narices. Todo el mundo pedía referencias, nadie veía nada. Tras unos minutos de tensión y desconcierto, todos pudimos observarlo asomar la cabeza y su largo cuello de entre el carrizo. Mariajo y yo bajamos para intentar su observación desde más cerca. Llegamos a una pasarela de madera que se movía mucho, y optamos por retrasar nuestra posición unos metros, entre los tarays. Desde ahí tuvimos una visión algo mejor, aunque la distancia era considerable. Salió del carrizo y se mostró por unos minutos, para levantar el vuelo de pronto y desaparecer detrás de un recodo de la laguna. Además del avetoro, que lo vimos de lujo, observamos mucha vida en la laguna. Se vio pájaro moscón, se oyó bigotudo y rascón europeo, había bastante aguilucho lagunero, focha común, hasta 3 garcetas grandes, garcilla bueyera, cuchara europeo, garza real, bandos de combatiente y agachadiza común, espátula, zampullín chico y cuellinegro, y somormujo lavanco.

La jornada del sábado se cerró de la mejor manera posible.



Laguna de Pitillas





El domingo volvimos a visitar las Bardenas Reales para localizar a la esquiva alondra ricotí. Hicimos varias paradas para intentarlo. En la primera, se escuchó bastante bien, pero sólo tres personas del grupo lograron ver un largo pico curvo asomarse por unos segundos detrás de un matorral. Un alto en la charca de Zapata para observar anátidas. Especialmente abundante la cerceta común. Un paseo por la Cañada Real de los Roncaleses para detectar búho real y otras rapaces, sin éxito. Y, finalmente, última parada en la Cabaña de Gárate para la ricotí, pero tampoco hubo fortuna. Encima, empezó a llover y tuvimos que irnos precipitadamente de allí.

La duda asalta al visitante cuando se pregunta cómo un lugar así, un desierto inmenso y perdido, cuyo centro neurálgico es un polígono de tiro militar, puede albergar ecosistemas tan ricos en fauna. Esa duda ya no me asalta, porque lo he visto con mis propios ojos. Vaya si es posible.




Cañada Real de los Roncaleses




Charca de Zapata



1 comentario:

  1. Eyyyyy, aqui echo en falta algún video del AVETORO.....venga, no te hagas de rogar...

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