miércoles, 31 de agosto de 2011

EL PAÍS DE LOS OSOS

De nuevo entre hayedos, laderas empinadas y apacibles pueblos. De nuevo, buscando al oso pardo. Y de nuevo nos deleitamos con su presencia. En lo climatológico, el tiempo no acompañó demasiado, con amaneceres y anocheceres más propios de finales del otoño, con frío y viento, y días templados pero en los que no sobraba el abrigo. Y apostados en sitios recogidos pero con buenas panorámicas, nos dedicamos a buscar al rey del bosque. Pueden estar en cualquier sitio, pero lo normal es que no se separen mucho de la cobertura forestal, por lo que habría que empezar por ahí. Si a esto le añadimos que por estas fechas (finales de agosto) se decantan más por alimentarse de arándanos y escuernacabras que crecen en los numerosos canchales que existen en las laderas de las montañas, pues tenemos la fórmula perfecta para poder toparnos con uno. Y esta fórmula casi nunca falla.

Entre densa vegetación, subiendo y bajando por laderas muy empinadas, jugando y, sobre todo, alimentándose,  despreocupándose por lo que les rodeaba, los osos pardos se muestran al mundo como lo que son: un símbolo del mundo salvaje. Un ser casi exterminado que centra ahora la atención de cientos de personas venidas de todas las partes del mundo, y que significa fuente de ingresos para las gentes del lugar. Un buen ejemplo de convivencia que se traduce en un mayor crecimiento para ambos. 

En el caso que nos lleva, fueron dos parejas de hermanos las detectadas en los días que pasamos en Somiedo. En ambos casos, se mostraban inseparables, jugando, comiendo y explorando la zona por la que se movían. 



Pareja de osos pardos (hermanos)



Jóvenes vistos en la lejanía, que desaparecían detrás de los numerosos matorrales que inundaban las praderas y volvían a aparecer a los pocos segundos, sin perderse de vista, caminando con total tranquilidad y naturalidad, expresando con sus acciones el buen momento por el que atraviesa la especie: como se erguían o sentaban para comer, como se arrimaban entre ellos, como oteaban el horizonte subidos a una pequeña piedra, mostraban un comportamiento lúdico vital para sus futuras relaciones sociales. Y, por supuesto, todo esto sin perder ningún detalle a través del telescopio y los prismáticos, para nuestro regocijo. No hay nada mejor que disfrutar de la naturaleza en vivo, reflejado en la mirada de estos oseznos, que sacaban de la vida todo lo bueno y nos enseñaban el camino para hacerlo realidad. Lo que no sabían era lo felices que nos habían hecho a nosotros cuando volvíamos a casa después de una tarde compartiendo experiencias con ellos. Impresionante.



Huellas de oso pardo





martes, 16 de agosto de 2011

SALINAS DE SAN PEDRO DEL PINATAR

Aproveché el fin de semana largo que se presentó en Madrid para bajar, una vez más, al Parque Regional de las Salinas de San Pedro del Pinatar. Como siempre, nunca defrauda, y aunque el número de especies es limitado, te brinda numerosas oportunidades para observar aves interesantes y en un agradable ambiente. Empezaré resumiendo lo acontecido el sábado 13 de agosto. Como casi siempre, acompañado de mi hermano Raúl, madrugamos para estar en la zona con las primeras luces de la mañana. Y con ello empezaba el espectáculo. El flamenco común estaba por todas partes, al igual que el charrancito, con sus continuos reclamos y zambullidas. Había menos tarro blanco que de costumbre, y observé las primeras agujas colinegras en paso, al igual que los combatientes, en escaso número. De limícolas no andaba mal la cosa, sin números espectaculares, pero con buenas observaciones: correlimos común, menudo y zarapitín. También presentes las cigüeñuelas y las avocetas, así como chorlitejos patinegros y grandes. Y algún bando grande de gaviota picofina, y las omnipresentes patiamarillas.  Los pocos zampullines cuellinegros que merodeaban por allí ya presentaban variación de plumaje en eclipse. Algunas golondrinas comunes y dáuricas apuraban su estancia en este entorno antes de retornar a África. 



Cigüeñuela común



Correlimos menudo




Correlimos zarapitín


Dedicamos un rato a visitar el puerto de San Pedro y la playa de Las Llanas, y aquí nos encontramos con una grata sorpresa: dos gaviotas de Audouin, una de ellas anillada. La anilla reza lo siguiente: AUJ8.



Gaviota de Audouin


Antes de que el calor apretara de verdad, decidimos movernos y asomarnos a la rambla del Albujón y El Carmolí. Lo más destacado fue la observación de un macho de avetorillo común sobrevolar la vegetación de la rambla en dirección al primer puente. 

Después fuimos a las salinas de Marchamalo a buscar al charrán elegante que se ha estado viendo por la zona, pero no tuvimos éxito. Sin embargo, pudimos ver varias gaviotas cabecinegras como especie más interesante. Con un calor de justicia volvimos a casa y dimos por concluida la jornada pajaril por ese día.

Al día siguiente, y aprovechando la visita de mi chica, Mariajo, nos acercamos de nuevo a San Pedro del Pinatar. Por la tarde, mientras ella se iba a la playa con unos familiares, yo aproveché para pajarear de nuevo por las salinas. Pero la tarde la empleé en disfrutar viendo aves y contabilizando ejemplares para preparar citas para el Anuario Ornitológico de la Región de Murcia. Este sosiego me deparó, además, varias sorpresas. El flamenco resultó ser una especie muy abundante, con una cifra aproximada de 553 individuos en total, entre adultos y jóvenes. Buenas cifras también para la gaviota picofina, con un total de 55 individuos, en varios grupos descansando en la superficie del agua. Algo más escaso resultó el tarro blanco, del que sólo contabilicé 24 ejemplares, la mayoría descansando en una lengua de tierra. Y las sorpresas vinieron en forma de martinete en vuelo, garcilla cangrejera ocultándose en una zona de vegetación, y un grupito de fumareles comunes dirigiéndose al O cuando iba a buscar a mi chica. ¡Todos para el anuario!



Flamenco común



Correlimos zarapitín







jueves, 4 de agosto de 2011

ORDESA Y MONTE PERDIDO

Nos encontramos ante la vista con enormes contrastes, grandes moles rocosas, picos de elevada altura, multitud de circos glaciares, bosques y praderas de colorido glamuroso y ríos que recorren laderas y valles con enorme velocidad. En fin, podemos decir que el origen de la cordillera pirenáica se halla aquí, el propio concepto de glaciarismo tiene nombre: bienvenidos al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.  

A mediados del pasado mes de julio tuve la gran fortuna de visitar el lugar por antonomasia de los montañeros, de los largos inviernos y las impredecibles primaveras. Todos los colores, todas las formas tienen cabida aquí, y el ser humano es completamente insignificante ante la prodigiosa naturaleza que se nos presenta. Así me sentí cuando nos aventurábamos hacia nuestro recorrido, y así lo padecí el resto del viaje. Unos días para disfrutar lo que tardó en crearse millones de años. 

Realizaríamos el mismo día de nuestra llegada una ruta que, partiendo del valle de Bujaruelo, nos llevaría al valle de Otal. Saliendo desde Torla por la A-135 llegamos al puente de los Navarros. Tomamos la pista de la izquierda que remonta la garganta de los Navarros hasta el caserío de San Nicolás de Bujaruelo. Sobre el mesón-refugio parte una pista forestal, paralela al río Ara, que permite ya apreciar las elegantes curvas de las montañas colindantes. Al primer cruce de caminos, y con una fuente de referencia, cogemos el de la izquierda y empezamos a ascender hacia nuestro destino en serpenteante subida. Durante la subida cruzaremos varias manchas de hayedo donde es muy posible oír, e incluso ver, pito negro. El águila real puede planear por encima de los riscos presentes a nuestra izquierda. Después de cruzar un cercado aparece ante nosotros el valle de Otal, con su peculiar forma de "U". El río Otal parte el valle en dos, y es aquí donde podemos completar la lista de aves con especies tan interesantes como el mirlo capiblanco, el alcaudón dorsirrojo, el mirlo acuático, la chova piquirroja o el escribano cerillo. También es fácil observar las evoluciones de la marmota, presente en todo el Parque. El camino de regreso se hace exactamente por donde hemos venido.



Valle de Otal


Para el segundo día se había planificado la ruta de la Cola de Caballo, remontando el valle de Ordesa. Quizás la ruta más exigente por la distancia y el calor. Hay que recordar que en verano y Semana Santa está prohibido el acceso en vehículo particular para evitar la aglomeración de gente en el lugar. Para ello existe un servicio de autobús que sale de Torla y te deja en el aparcamiento (pradera de Ordesa), justo en el comienzo de la ruta. Eso hicimos nosotros e iniciamos el paseo con ganas y armados de paciencia. El recorrido más fácil es el que tomamos nosotros, una pista que discurre paralelamente a la izquierda del río Arazas y que nos lleva por varias manchas de bosque y cascadas, que son un deleite para los sentidos. La pista se empina, y en continuas "eses", atraviesa el magnífico Bosque de las Hayas (otro buen lugar para el pito negro) para desembocar en zona desarbolada antes de llegar a la zona de Soaso. Atención a las paredes graníticas a nuestra derecha por si tenemos la suerte de observar al quebrantahuesos en vuelo. Tras una subida, ya por sendero, pasando las Gradas de Soaso, el camino se vuelve más cómodo, y llegamos al Circo de Soaso y, más adelante, a la cascada Cola de Caballo. La vuelta se hará por el mismo camino. 




Gradas de Soaso


El tercer día era el más esperado para mi. Nos asomaríamos a los miradores de Revilla, quizás uno de los mejores sitios de Europa para la observación de la joya pirenáica: el quebrantahuesos. Desde la A-138 que lleva a Aínsa hay que recorrer el valle del Cinca hasta el kilómetro 64 de dicha carretera, donde cogemos el desvío a Tella por una carretera estrecha donde hay que extremar la precaución. Se sigue hacia Arinzué, Lamiana y Revilla, después de unos 8 kilómetros de empinada carretera. Justo en la última curva antes de llegar al pueblo parte el camino que nos llevará a los miradores. El recorrido se realiza fácilmente en unos 40-45 minutos, y es apta para todo el mundo. Garantizada la observación de quebrantahuesos y buitre leonado, así como posibilidad de otras rapaces como aguililla calzada o gavilán común. Nuevamente atentos por si el pito negro aparece sin avisar. Desde la propia carretera a Revilla existe la posibilidad de observar a estas rapaces, así como alcaudón dorsirrojo, vencejo real y escribano montesino. 



Quebrantahuesos


Para el último día, el del regreso a Madrid, nos propusimos remontar el valle de Pineta y acceder a los llanos de La Larri. Desde la A-138, a la altura de Bielsa, se accede a esta ruta a través de la A-2611. En el kilómetro 13 hay un puente a mano izquierda con la indicación "Bar" y "pista esquí de fondo". Lo cruzas y estacionas el vehículo. Desde el parking y el bar se inicia la ruta que lleva a nuestro objetivo. Al fondo nos dejamos sorprender por la visión del Circo de Pineta. Empezamos la marcha atravesando, de nuevo, buenos bosques de hayedo donde, una vez más, podemos detectar al pito negro. Durante la primera parte del camino, llovió intensamente y eso hizo que algunos integrantes del grupo se echaran para atrás y volvieran al autobús. El camino serpentea y pica hacia arriba a medida que avanzamos, sorteando varias veces el cauce del río Cinca, que se muestra ante nosotros en forma de numerosas caídas de agua. Poco antes de llegar, el camino queda por encima del arbolado y, tras un último repecho a mano izquierda, se nos presenta el paraje de los llanos de La Larri, fin de nuestra actividad. Además del omnipresente ganado suelto, si miramos en las laderas a nuestra izquierda y derecha, no será difícil detectar sarrios y marmotas, estas con su penetrante silbido. Avanzamos a través del valle sorteando vacas y flores, y observamos numerosas especies de aves en plena actividad a nuestro alrededor: alcaudón dorsirrojo, escribano cerillo, verderón serrano, chova piquirroja... Y nos puede sorprender el vuelo coronado del quebrantahuesos o el alimoche. La ruta, como todas las descritas aquí, son lineales y no ofrecen ninguna dificultad en su realización.



Llanos de La Larri



Lirio de montaña



Lilium pirenaicum



Orchis ustulata


Un lugar para perderse y olvidarlo todo por un momento, lo que dura inspeccionar la infinita solidez de sus montañas, intentar descifrar lo que te dice el susurro de los ríos, imaginar compartir el cielo con el pájaro de barro, impregnarte de mil fragancias de sus flores, flotar tendido en su mar de verde o manto blanco cuando arrecia el frío... No sé tú, pero yo sigo perdido...


viernes, 1 de julio de 2011

FOCES DE LUMBIER Y ARBAYÚN

Para finales de junio la propuesta ornitológica nos llevaría a Navarra, y más concretamente a sus dos foces más conocidas: las foces de Lumbier y Arbayún. Así pues, con un sofocante calor, que nos acompañaría todo el fin de semana, emprendimos el largo viaje hasta la Comunidad Foral, llegando sobre la hora de comer. La primera visita la realizaríamos en el mirador de Iso, colosal balcón sobre la foz de Arbayún, y aquí empezamos a llenar la lista de aves. Numerosos vencejos reales y aviones roqueros y comunes nos sobrevolaban a corta distancia, muchos buitres leonados se posaban en las lejanas paredes rocosas, y observamos nuestros primeros alimoches. El río Salazar, al fondo del cañón, es el verdadero artífice de esta obra maestra de la naturaleza. En este enclave es posible avistar algún ejemplar de quebrantahuesos, pero no hubo suerte. 



Foz de Arbayún


Ya por la tarde, y tras un trayecto sinuoso que nos llevaría hasta Bigüezal, sobrepasamos este pueblo para acceder a una carretera que nos llevaría hasta las faldas del Arangoiti, la máxima altura de la sierra de Leyre. Los seis kilómetros de ascenso (con alguna bajada) en un agradable, pero algo duro, paseo nos permitiría disfrutar de un excelente hayedo, donde dos integrantes del grupo tuvieron la suerte de observar picamaderos negro. En las mencionadas laderas del pico existe oportunidades de observar, de nuevo, quebrantahuesos. Al otro lado, viendo el embalse de Yesa, sí tuvimos la suerte de observar el paso de un ejemplar, aunque un poco tarde, ya que nos sobrevoló sin que nos diéramos cuenta. Fue un rato con buenas observaciones de rapaces, con una culebrera europea que picó hacia abajo para ascender de nuevo con un reptil en el pico. También los juegos aéreos de dos jóvenes de halcón peregrino y algunos milanos negros. De vuelta, añadimos a la lista especies como los mosquiteros papialbo y común, el carbonero garrapinos, la curruca capirotada o el herrerillo capuchino, por citar algunas. Pernoctamos en el hotel Yamaguchi, en Sangüesa.

Al día siguiente visitamos la foz de Lumbier, con un agradable paseo prácticamente llano por el fondo del cañón, paralelo al río Irati. Este trayecto coincide con una antigua línea ferroviaria desmantelada. De hecho, aún conserva dos túneles que pertenecían a dicha línea. El buitre leonado volvía a ser bastante abundante, con buenas observaciones de chova piquirroja, vencejo real, lavandera cascadeña, halcón peregrino y escribano soteño. Al final del segundo túnel, a mano derecha, se puede acceder al Puente del Diablo, bastante peligroso. Comentar que al inicio del recorrido existe un parking en el que hay que pagar para estacionar el vehículo. Desde Pamplona, nada más tomar el desvío por la NA-178 hacia Lumbier, hay un observatorio desde el cual se puede contemplar un muladar, acondicionado para el buitre leonado, pudiendo observar otras carroñeras como alimoches, milanos y, ocasionalmente, quebrantahuesos.



Foz de Lumbier


La comida la hicimos al lado del río Salazar, en el acceso a Bigüezal, y de ahí salimos hacia Madrid.



Halcón peregrino



Buitre leonado



Cleopatra





Medioluto norteña


lunes, 20 de junio de 2011

SIERRA DE GREDOS

El pasado día 11 de junio visitamos de la mano de SEO y Spainbirds la sierra de Gredos, en una excursión de un día y que no defraudó, aunque notamos el enorme calor reinante en la zona y la masiva afluencia de gente. No en vano, el buen tiempo y el ser fin de semana animó a salir a la montaña, unos a caminar y disfrutar de los paisajes, y otros a pajarear. Tras salir con algo de retraso desde Madrid, encaramos desde Hoyos del Espino el camino hacia La Plataforma, sin duda el lugar más visitado del Parque Regional. La presencia de vehículos en el enorme aparcamiento nos auguraba ya la afluencia de personas por todas partes. Iniciamos la caminata por la pista ascendente, y empedrado en su primer tramo, que conduce a la Laguna Grande. En las paredes graníticas que encajonan la ascención ya nos pudimos deleitar con las evoluciones de una pareja de roqueros rojos, que nos sobrevolaban constantemente aportando ceba a un supuesto nido que no encontramos. En los primeros piornales que encontramos, antes de llegar al denominado Prado de las Pozas, encontramos a la principal figura del lugar: el pechiazul. Primero localizamos hasta tres pollos de pechiazul en el suelo danzando entre piornos. Nos alejamos de la zona y observamos el primer adulto de la mañana cantando en lo alto de un piorno. Adentrándonos en el piornal y distribuyéndonos a lo largo de la mancha amarilla, localizamos algunos adultos más, pero la mayoría de las observaciones eran fugaces. Hasta que un precioso macho se nos posó a no más de ocho metros, y empezó a cantar. Cada dos por tres volaba hacia atrás, permitiéndonos ver su vuelo en paracaídas mientras lanzaba notas sin parar. Así estuvo cerca de un cuarto de hora, hasta que nos tuvimos que ir. Otro habitante del piornal, la collalba gris, también resultó ser abundante.



Pechiazul



Collalba gris


Bajamos hasta el puente del Duque para comer y andar por la zona en busca de aves forestales y de ribera. Cerca del camping se puede ver papamoscas cerrojillo bastante bien, y en los pinares adyacentes, reyezuelo sencillo, totovía, carbonero garrapinos, trepador azul o herrerillo común, por citar algunos.



Colirrojo tizón (macho)



Papamoscas cerrojillo


Ya entrada la tarde, iniciamos otro pequeño recorrido por zonas de piornos, siguiendo el curso del río Barbellido, accediendo desde la carretera a Navacepeda de Tormes. Aquí, además de los espectaculares paisajes, pudimos deleitarnos con la presencia de la lavandera boyera, los escribanos montesino y hortelano, la curruca zarcera o habitantes no alados del lugar como el lagarto ocelado o la lagartija serrana. Desde aquí volvimos a Madrid con mucho calor durante toda la jornada.



Escribano hortelano



Lagarto verdinegro




sábado, 11 de junio de 2011

TREPARRISCOS LEONÉS

El último fin de semana de mayo, SEO y Spainbirds organizaron un viaje ornitológico a la provincia de León, concretamente a los valles de los ríos Torío y Curueño. El atractivo de esta zona, situada a unos 40 kilómetros del NE de la capital, radica en mi total desconocimiento de la zona, ni oírla hablar siquiera, y sus sugerentes habitantes alados. No me lo pensé dos veces y allí que me fui y, la verdad sea dicha, quedé encantado con el lugar, no solo en lo ornitológico, sino también en lo paisajístico. Recomiendo su visita a todo el mundo, merece visitarlo y disfrutar de su tranquilidad y su belleza.

La aventura comenzó en la propia capital, donde nos reunimos con Javier Fernández, perfecto conocedor de estas tierras y que hizo de perfecto anfitrión. Después nos dirigimos a un céntrico parque de la ciudad para observar grajas, un ave sólo detectable en esta provincia dentro del territorio español. Estuvimos deleitándonos con sus idas y venidas, aunque nosotros mismos nos convertimos involuntariamente en el centro de atención de los numerosos leoneses que paseaban por las calles. Conseguido el primer objetivo del fin de semana, nos dirigimos al valle del río Torío, y más concretamente, a las hoces de Vegacervera, para ver aves rupícolas y, sobre todo, al treparriscos. Comenzamos a caminar al principio de las hoces por la carretera que la cruza, en un paseo de poco más de dos kilómetros. En las diversas paradas que realizábamos pudimos observar aves tan interesantes como el mirlo acuático, gavilán común, halcón peregrino o lavandera cascadeña, por citar algunos. Pero el momento álgido fue cuando observamos a un macho de treparriscos moverse por las peñas y paredes con total naturalidad, permitiéndonos fijarnos en su vuelo de mariposa, su gris y rojo y largo y curvo pico, aunque en la lejanía. Con esto nos dábamos con un canto en los dientes. No nos imaginábamos lo que íbamos a ver por la tarde. Después del agradable paseo (precaución con la circulación) y de un agradecido refrigerio, subimos por serpenteante carretera hasta Valporquero, para disfrutar de las vista desde un mirador llamado "La Atalaya". Además de la vista del valle, las aves siguieron saliendo a nuestro paso: bisbita arbóreo, curruca zarcera, escribano cerillo y acentor común. A la vuelta a León, se decidió volver a parar en el mismo sitio donde se observó al treparriscos por la mañana, porque había gente que se quedó sin verlo. No tardó mucho el macho en sobrevolarnos y posarse en una cercana pared, para nuestro deleite. Pero ahí no quedó la cosa. Si un macho de treparriscos en plumaje nupcial se pone a 15 metros tuyo mientras se baña y acicala tranquilamente, con breves movimientos a las paredes contiguas, por espacio de 10 minutos, podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que estamos delante de una excelente observación de treparriscos. Nunca he visto a cerca de 50 personas subirse a un autobús con una sonrisa que no cabía en la cara. No es para menos.

El domingo tocaba visitar el valle del río Curueño, paralelo al del Torío, y con más belleza paisajística si cabe. Lo que hicimos fue subir hasta el puerto de Vegarada, y de ahí ir bajando hacia la capital. Empezamos en dicho puerto, con espectaculares imágenes, y con la vecina Asturias a la vista. La gente disfrutó del lugar como no recordaba: aves (escribano cerillo, acentor común, bisbita alpino, pardillo común, etc.), flora (multitud de orquídeas, herbáceas y flores), anfibios (tritón ibérico), todos disfrutaban de lo que allí encontraban, del buen tiempo (a pesar del ligero viento) y compañía. Hubiéramos pasado el día entero allí, y no era para menos. La siguiente parada es en el pueblo de Lugueros, donde realizamos un relajante paseo por sus alrededores, comenzando y terminando en sendos puentes romanos (el último remodelado). Como nuevas especies citaremos una breve observación de codorniz en vuelo, roquero rojo (bimbo para algunos integrantes de la excursión), abejero europeo en vuelo, y el deseado alcaudón dorsirrojo. Este pueblo es, al parecer, un buen sitio para observar agateador norteño, pero nosotros sólo vimos el común. Comimos en las hoces de Valdeteja, donde también se puede observar al treparriscos, pero es un lugar más grande y largo en longitud, dificultando cualquier observación. Pensábamos realizar otro paseo por las hoces, pero el tiempo se nos había echado encima y tuvimos que suspenderlo. Preferimos acabar el fin de semana con algo relajado, una visita a una cascada muy bonita llamada "Cola de Caballo". Buen punto y final a una excursión que nos dejó muy buen sabor de boca y que invita, sin duda, a volver a disfrutarlo.



Curruca zarcera



Acentor común



Escribano cerillo



Mirlo acuático



Río Curueño



Pico Faro (puerto de Vegarada)



Puente romano en Lugueros, y pico Bodón



Treparriscos







jueves, 2 de junio de 2011

ENCUENTRO CON EL DIABLO

Fue un encuentro emocionante. Breve pero emocionante. Era una especie que se me resistía desde hace unos años, contentándome sólo con escuchar su peculiar e hipnótico canto. Siempre le esperaba al borde de los caminos a que se posara encima de un pequeño matorral o una piedra, pero siempre me había dado esquinazo. Hasta ahora, que lo pude observar brevemente encima de una piedra (estampa típica) emitir ese canto único en la avifauna paleártica. Aunque el sol daba de frente y el animal estaba algo lejos, contemplé su silueta típica de largo pico curvo, estilizado cuerpo y gran tamaño en comparación con sus primas las alondras y terreras. Y es que las parameras que rodean el Parque Natural de las Hoces del Duratón son de las mejores zonas de España para observar o, al menos, intentar observar a la alondra ricotí (o de Dupont), que encuentra en esta zona su hábitat preferido. Estuvimos un buen rato desde que llegamos oyendo el canto del "diablo", nombre conque se conoce a esta ave en el extranjero. Y por fin la pudimos contemplar en un comportamiento habitual. Bajó poco después y desapareció entre la maleza. 



Alondra ricotí


Cuando ya apretaba el calor decidimos cambiar de aires y cambiar de ecosistema. El cambio fue radical. Atravesamos una carretera que nos llevó a una pequeña pared de roca, donde pudimos deleitarnos con las idas y venidas de ambos roqueros (solitario y rojo), curruca mirlona y escribanos montesino y hortelano. 



Roquero rojo (macho)



Roquero rojo (hembra)




En Burgomillodo hicimos un alto para comer y, además, añadir lavandera cascadeña, mosquitero papialbo, carbonero común y papamoscas gris a la lista, entre otras especies. Después nos movimos en vehículo siguiendo el río para intentar observar oropéndola y cuco, que se dejaban oír, y cumplimos la operación con éxito: ambas especies vistas en vuelo. Realizamos una pequeña caminata por la carretera que lleva al pueblo de Tabladillo, donde observamos zarcero común y escribano soteño, especies no vistas anteriormente.

Acabamos el día donde lo empezamos, en la paramera del Duratón dando una segunda oportunidad a la alondra ricotí, pero esta vez sólo la pudimos oír. La curruca tomillera, la bisbita campestre y el resto de aláudidos peninsulares (menos la terrera marismeña) sí se dejaban sentir y ver en todo su esplendor con sus variados cantos, cerrando así una jornada que se recordará por el breve pero emocionante encuentro con el "diablo".



Bisbita campestre