sábado, 11 de junio de 2011

TREPARRISCOS LEONÉS

El último fin de semana de mayo, SEO y Spainbirds organizaron un viaje ornitológico a la provincia de León, concretamente a los valles de los ríos Torío y Curueño. El atractivo de esta zona, situada a unos 40 kilómetros del NE de la capital, radica en mi total desconocimiento de la zona, ni oírla hablar siquiera, y sus sugerentes habitantes alados. No me lo pensé dos veces y allí que me fui y, la verdad sea dicha, quedé encantado con el lugar, no solo en lo ornitológico, sino también en lo paisajístico. Recomiendo su visita a todo el mundo, merece visitarlo y disfrutar de su tranquilidad y su belleza.

La aventura comenzó en la propia capital, donde nos reunimos con Javier Fernández, perfecto conocedor de estas tierras y que hizo de perfecto anfitrión. Después nos dirigimos a un céntrico parque de la ciudad para observar grajas, un ave sólo detectable en esta provincia dentro del territorio español. Estuvimos deleitándonos con sus idas y venidas, aunque nosotros mismos nos convertimos involuntariamente en el centro de atención de los numerosos leoneses que paseaban por las calles. Conseguido el primer objetivo del fin de semana, nos dirigimos al valle del río Torío, y más concretamente, a las hoces de Vegacervera, para ver aves rupícolas y, sobre todo, al treparriscos. Comenzamos a caminar al principio de las hoces por la carretera que la cruza, en un paseo de poco más de dos kilómetros. En las diversas paradas que realizábamos pudimos observar aves tan interesantes como el mirlo acuático, gavilán común, halcón peregrino o lavandera cascadeña, por citar algunos. Pero el momento álgido fue cuando observamos a un macho de treparriscos moverse por las peñas y paredes con total naturalidad, permitiéndonos fijarnos en su vuelo de mariposa, su gris y rojo y largo y curvo pico, aunque en la lejanía. Con esto nos dábamos con un canto en los dientes. No nos imaginábamos lo que íbamos a ver por la tarde. Después del agradable paseo (precaución con la circulación) y de un agradecido refrigerio, subimos por serpenteante carretera hasta Valporquero, para disfrutar de las vista desde un mirador llamado "La Atalaya". Además de la vista del valle, las aves siguieron saliendo a nuestro paso: bisbita arbóreo, curruca zarcera, escribano cerillo y acentor común. A la vuelta a León, se decidió volver a parar en el mismo sitio donde se observó al treparriscos por la mañana, porque había gente que se quedó sin verlo. No tardó mucho el macho en sobrevolarnos y posarse en una cercana pared, para nuestro deleite. Pero ahí no quedó la cosa. Si un macho de treparriscos en plumaje nupcial se pone a 15 metros tuyo mientras se baña y acicala tranquilamente, con breves movimientos a las paredes contiguas, por espacio de 10 minutos, podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que estamos delante de una excelente observación de treparriscos. Nunca he visto a cerca de 50 personas subirse a un autobús con una sonrisa que no cabía en la cara. No es para menos.

El domingo tocaba visitar el valle del río Curueño, paralelo al del Torío, y con más belleza paisajística si cabe. Lo que hicimos fue subir hasta el puerto de Vegarada, y de ahí ir bajando hacia la capital. Empezamos en dicho puerto, con espectaculares imágenes, y con la vecina Asturias a la vista. La gente disfrutó del lugar como no recordaba: aves (escribano cerillo, acentor común, bisbita alpino, pardillo común, etc.), flora (multitud de orquídeas, herbáceas y flores), anfibios (tritón ibérico), todos disfrutaban de lo que allí encontraban, del buen tiempo (a pesar del ligero viento) y compañía. Hubiéramos pasado el día entero allí, y no era para menos. La siguiente parada es en el pueblo de Lugueros, donde realizamos un relajante paseo por sus alrededores, comenzando y terminando en sendos puentes romanos (el último remodelado). Como nuevas especies citaremos una breve observación de codorniz en vuelo, roquero rojo (bimbo para algunos integrantes de la excursión), abejero europeo en vuelo, y el deseado alcaudón dorsirrojo. Este pueblo es, al parecer, un buen sitio para observar agateador norteño, pero nosotros sólo vimos el común. Comimos en las hoces de Valdeteja, donde también se puede observar al treparriscos, pero es un lugar más grande y largo en longitud, dificultando cualquier observación. Pensábamos realizar otro paseo por las hoces, pero el tiempo se nos había echado encima y tuvimos que suspenderlo. Preferimos acabar el fin de semana con algo relajado, una visita a una cascada muy bonita llamada "Cola de Caballo". Buen punto y final a una excursión que nos dejó muy buen sabor de boca y que invita, sin duda, a volver a disfrutarlo.



Curruca zarcera



Acentor común



Escribano cerillo



Mirlo acuático



Río Curueño



Pico Faro (puerto de Vegarada)



Puente romano en Lugueros, y pico Bodón



Treparriscos







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