jueves, 28 de agosto de 2014

UNOS DÍAS DE VERANO EN PICOS DE EUROPA

A finales de julio tuve la oportunidad de visitar un lugar al que tenía verdaderas ganas: el Parque Nacional de los Picos de Europa. Aunque no fueran las mejores fechas, la ocasión de observar aves alpinas (y no tan alpinas) bien merecían unos días para pajarear por allí. Así pues me embarqué con SPAINBIRDS y un agradable grupo de personas hacia este emblemático enclave y donde, todo hay que decirlo, además de ver muchas aves, lo pasamos genial. 

Los primeros contactos fueron especiales, ya vislumbraba los maravillosos paisajes que nos envolverían los siguientes días, y las primeras aves de categoría (bisbita arbóreo, camachuelo común, escribano cerillo) aparecían en nuestras primeras paradas en el Parador de Cervera de Pisuerga y los alrededores de la preciosa iglesia románica de San Salvador de Cantamuda, donde aprovechamos para comer.



Iglesia románica de San Salvador de Cantamuda



Escribano cerillo Emberiza citrinella
(macho)



Bisbita arbóreo Anthus trivialis


La tarde la pasaríamos visitando varios lugares cercanos a Potes donde no fallaron, además de los paisajes, aves como alcaudón dorsirrojo y pico mediano.

El segundo día subimos al puerto de San Glorio y el collado de Llesba con el tiempo algo más revuelto, que no impidió la observación de aves y diversas especies de mariposas y nuestro disfrute, sin que se nos borrara la sonrisa de la cara. Los verderones serranos, aquí escasos, los escuchamos muy bien pero los vimos brevemente en vuelo. Varios bandos de piquituertos sí se dejaron ver con facilidad, así como alondra común y zorzal charlo, entre otras. E igualmente disfrutamos de un endemismo cantábrico en forma de mariposa, la montañera gigante Erebia palarica, y de la apolo Parnassius apolo, bellísimas ambas.



Montañera gigante Erebia palarica



Mirador del Oso


Por la tarde volvemos a visitar varios pueblos del entorno de Potes, de nuevo con buenos resultados de pico mediano y rapaces como busardo ratonero y culebrera europea.

El tercer día era el esperado por mi. Curiosamente también fue el mejor día en lo climatológico. Había oído hablar de Fuente Dé, de las aves que se podían ver arriba, donde te subía el famoso teleférico y de lo espectacular de los paisajes. Llegábamos temprano huyendo del gentío que habría después y no veía el momento de ascender y disfrutar en la cima del mundo. Todo se quedaba corto cuando lo pude disfrutar con mis propios ojos. Impresionante.



Vistas desde El Cable


No podíamos esperar más para empezar a caminar, disfrutar y observar aves, todo a la vez. Y, resumiendo, fue una jornada gloriosa. No fallaron las chovas piquigualdas, ni el acentor alpino, ni el gorrión alpino (bimbo para mi) ni el treparriscos, del que tuvimos observaciones soberbias. No se podía pedir más. Y a media tarde abandonamos el lugar con el deseo de volver. Por lo menos ese era mi deseo.



Gorrión alpino Montifringilla nivalis
(adulto a la izquierda; joven a la derecha)



Treparriscos Tichodroma muraria
(hembra)



Acentor alpino Prunella collaris


Y para rematar, en un corto paseo hacia el refugio de Áliva, falló el roquero rojo pero, para compensar, aparecieron bisbita alpino y abejero europeo. 

De nuevo a los pies del gran macizo teníamos casi toda la tarde para completar la lista con aves que se nos habían resisitido. Visitamos el milenario castañar de El Habario buscando colirrojo real, del que pudimos localizar y disfrutar una pareja. La sorpresa surgió cuando, sin esperarlo, se nos plantó delante de nuestras narices un joven de pico mediano. 



Pico mediano Dendrocopos medius
(juvenil)



Colirrojo real Phoenicurus phoenicurus
(macho)

Afrontábamos ya nuestro último día en Picos, y aprovechamos para cambiar de aires y conocer el desfiladero de la Hermida. Desde el pueblo localizamos varios mirlos acuáticos, lavanderas cascadeñas y un andarríos chico. También aprovechamos para asomarnos a Santa María de Lebeña, donde nos deleitamos con la visión de un cóctel de vencejos comunes y reales en el cielo.

En Vendejo, hace unos años, nos encontramos con las huellas del mismísimo oso en las cercanías del pueblo, pero en esta ocasión no hubo lugar a la sorpresa, ni en los caminos ni en las laderas que lo encajonan en una apoteósica postal. Lo que sí apareció, de forma majestuosa, fue un inmaduro de águila real que nos tuvo unos minutos con los prismáticos alzados. 

Y con la mirada triste hacia Picos, con la firme esperanza de volver, regresamos a Madrid con la satisfacción del deber cumplido y un montón de imágenes en nuestras retinas, que no hacían más que reflejar una sonrisa en nuestros cansados rostros.

Eso es todo por ahora, gracias por seguir mi blog. Un saludo.




























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