martes, 25 de febrero de 2014

VILLAFÁFILA, LA NAVA Y BOADA

El fin de semana del 15 y 16 de febrero el sol presidía nuestra salida pajarera para nuestro regocijo. Después de semanas de lluvias y fuertes vientos, el desánimo se hacía patente incluso horas antes del viaje, pensando que, quizás, el mal tiempo se hubiera llevado a los ánsares de Tierra de Campos hacia el norte de Europa y, con ellos, al resto de aves del lugar. Nada más lejos de la realidad. El buen tiempo y el buen ambiente, para no perder la costumbre, del grupo hizo que esta salida fuera especial. Y las aves fueron protagonistas principales del fin de semana.



Ánsar común Anser anser


Ya en la carretera de Tapioles a Villafáfila tuvimos las primeras observaciones interesantes, como avutardas, alondras comunes  y milanos reales, entre otras. Llegando al observatorio de Revellinos nos encontramos con la especie del fin de semana: un precioso ejemplar de búho campestre se posaba en el suelo, cerca de la carretera, tras un corto vuelo. Miguel Ángel paró el bus para deleitarnos con semejante observación. No nos habíamos bajado del bus y el viaje ya había cundido. Pero, como no, queríamos más. En el observatorio, un ejemplar más acosado por un cernícalo vulgar. Nuestros telescopios y prismáticos echaban humo. Para colmo, por las cercanías se movía un par de halcones peregrinos. Y, tanto en la laguna de Barillos como en las zonas inundadas a nuestras espaldas, una variedad de aves sin parangón: avefrías europeas (vigilando por si alguna sociable se colaba), chorlitos dorados (con algún bando cercano a los 500 ejemplares), ánsares comunes y una variada comunidad de anátidas, destacando cuchara europeo, ánade rabudo, ánade azulón, cerceta común, ánade friso, tarro blanco, silbón europeo... No podíamos pedir más.

Antes de comer, en el pueblo de Villafáfila, visitamos brevemente el centro de visitantes de El Palomar y la laguna de San Pedro, sin mayor novedad. 

El siguiente lugar, de visita obligada, es a la laguna Grande desde Otero de Sariegos. En las ruinas del pueblo, un mochuelo común, habitante insigne del lugar, nos daba la bienvenida. Tras un agradable paseo, sacando nuevas especies como avocetas o porrones moñudos, volvemos al bus, desde donde observamos, seguramente, la primera cita para la comarca de cernícalo primilla, con un hermoso macho posado en los cables del tendido eléctrico. Buena jornada celebrada con una merecida cena y un reparador descanso en nuestro hotel en Palencia.



Cigüeña blanca Ciconia ciconia


El domingo amanecía frío y soleado. Quien nos lo iba a decir. De camino a la laguna de La Nava anotamos ya gorrión chillón, habitante fiel a los bonitos palomares que salpican las llanuras palentinas. Las aves nuevas iban saliendo al paso mientras nos dirigíamos al observatorio de la Colada. Varios cisnes vulgares y un total de 11 garcetas grandes como especies más destacadas. Lavandera cascadeña, buitrón, escribano palustre o ruiseñor bastardo se sumaban a nuestras listas de aves. Desde el observatorio, buenas observaciones de aguilucho pálido y aguilucho lagunero. Tocaba un refrigerio en Fuentes de Nava. 



Aguilucho pálido Circus cyaneus
(hembra)


La visita al otro observatorio no deparó nada nuevo y, tras un intento fallido para localizar la famosa barnacla cuellirroja observada aquí meses atrás, nos dirigimos a comer a la ermita de San Pedro de Aceves, cerca de Guaza de Campos. Y aquí, sin haber puesto siquiera un pie en tierra, otro precioso búho campestre a escasos metros de nuestra posición. Lo volvimos a disfrutar como pocas veces se nos presentará en otras ocasiones. 



Búho campestre Asio flammeus


Tras un reparador almuerzo y unas observaciones de categoría como varios grupos de avutardas, nos dirigimos a Boada de Campos para visitar la laguna homónima. Antes de iniciar la marcha, la mayoría del grupo prefirió tomar un café en el centro de visitantes. Después de un kilómetro y medio de caminata llegábamos al observatorio, desde donde podíamos divisar la cantidad de ánsares y patos que allí había. Mucho tarro blanco y, entre los gansos, numerosos ánsares caretos grandes. Yo estaba seguro de que la barnacla debía seguir allí, pero no teníamos tiempo material para barrer todas las orillas buscando alguna rareza. Una pena porque, encima, la luz era perfecta. Con la imagen de los gansos en vuelo o la mirada inquieta del búho campestre llegamos a Madrid sin novedad esperando, como siempre, volver a vernos pronto y disfrutar de las aves y la naturaleza.




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