jueves, 10 de enero de 2013

DESAPACIBLE MAÑANA EN EL CAMPILLO

Pues sí, mañana muy fea en comparación con los que tuvimos en días anteriores. La intensa niebla fue dejando paso a un cielo gris y un frío que se metía en los huesos. Pero nada de eso nos hizo cambiar de opinión a Mariajo y a mi, así que cogimos los bártulos y nos acercamos a la laguna de El Campillo, cerca de Rivas Vaciamadrid. Al llegar al lugar y ver que aquello no iba a mejor en demasía, nos colgamos sólo los prismáticos y cargué con el telescopio, dejando en la mochila la cámara de fotos. La numerosa presencia de cigüeñas blancas era una estampa ya habitual del lugar. A media mañana nos pusimos en marcha y al poco de empezar ya observamos de lo poco interesante aquella mañana: varios cucharas europeos (la anátida más abundante) y una pareja de porrón moñudo. No estaba mal para comenzar. En nuestro lento caminar, el inconfundible reclamo del ruiseñor bastardo nos acompañaba y amenizaba las observaciones de zampullín chico, gallinetas comunes y fochas comunes en el río, y el constante trasiego de los numerosos mosquiteros comunes. Tuvimos la suerte de observar dos especies de pícidos, un fugaz pito real y una hembra de pico picapinos en lo alto de un árbol seco. Otras especies típicas del invierno madrileño y que no faltaron a la cita fueron el cormorán grande y las gaviotas reidora y sombría. Llegados a la parte este de la laguna, el peculiar reclamo del calamón común salió de entre los carrizos que cubren esta tranquila zona del humedal. La cercanía de las paredes graníticas nos permitió examinarlas por si sonaba la flauta de que apareciera el búho real. Ni tan siquiera las chovas piquirrojas salieron a nuestro encuentro. Lo que sí observamos y nos acompañó durante el resto del camino fueron las idas y venidas frenéticas del carbonero común y el mito, éstos por decenas de ejemplares. Pudimos descubrir, al menos, dos nidos de pájaro moscón, con el deseo de que vuelvan a ser usados esta primavera. Cuando alcanzamos el aparcamiento, un buen bando de jilgueros llegaron a una zona de cardos para despedirnos, al igual que un lejano alcaudón real apostado en lo alto de un árbol.

En una mañana en la que no esperábamos observar prácticamente nada, resultó ser un agradable pero frío paseo con algunas observaciones interesantes. Y es que el vicio muchas veces se apodera de uno. Dedico esta entrada a Mariajo, que necesitaba una pequeña jornada de campo para desestresarse un poco. Gracias por ir conmigo, mi vida.

Y gracias a tod@s por seguir mi humilde blog.

3 comentarios:

  1. Hola Gabriel. Interesante paseo. Una pena que no llevases la cámara para poder sacar alguna foto. Siempre he tenido ganas de ir a la laguna del Campillo, y leyendo tu entrada, me han entrado más ganas. No sabía que había calamón allí, y es una especie que nunca he visto, así que tendré que acercarme un día.
    Comparto tu blog en el mío, ya que me parece muy interesante.
    Un saludo.

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    1. Muchas gracias por tu comentario sobre el blog, Enrique. El tuyo lo tenía ya hace un tiempo, de una tierra que aun no conozco. En cuanto a la laguna, es muy fácil de recorrer y puedes tener suerte con el calamón. Existir, existe.
      Un saludo.

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  2. Gracias a tí mi vida, siempre contigo,
    besos,
    Mariajo

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