lunes, 20 de agosto de 2012

NUEVA GENERACIÓN

La playa nos permitió descansar y desconectar del mundanal ruido y la monotonía que nos acompaña durante casi todo el año. No es precisamente el mejor destino para aislarse, pero ayuda a pensar en otras cosas que no sean problemas o dudas. Por eso elegimos Matalascañas para pasar unos días, y de paso, no desconectar de nuestra afición: disfrutar de la naturaleza. No son las mejores fechas para ello, como pudimos comprobar en El Acebuche o en El Rocío, donde apenas había agua, pero sí vida, y eso lo comprobamos de primera mano en nuestra incursión en las entrañas de Doñana a última hora de la tarde de un caluroso día de agosto. Y da gusto comprobar cómo la vida sigue fluyendo, cómo la vida sigue su curso sin desviarse de la línea de la vida, y eso es una muy buena noticia para nosotros y para ellos, que no están pasando por su mejor momento pero que, poco a poco, van levantando cabeza. Una nueva generación se muestra al mundo y nos contempla, admiremos su belleza y respetemos su evolución. ¿No hay nada más bonito que observar la vida en su mirada y las ganas de disfrutarla?



Lince ibérico (cachorro nacido en 2012)


Cambiando radicalmente de lugar y paisaje, también disfrutamos de la belleza de la Sierra de Aracena, pasando unos días en Valdelarco (pueblo natal del padre de Mariajo) y paseando por sus únicos paisajes y mágicos caminos. Unos días, en definitiva, para el recuerdo.


Pieris brassicae



Orthetrum brunneum



Crocothemis erythraea






jueves, 16 de agosto de 2012

viernes, 27 de julio de 2012

VALLE DEL ALTO OJA

Bellos paisajes y tranquilidad se nos presentaba en estos lares poco frecuentados y poco conocidos, y me incluyo en esa lista, pues desconocía la existencia de este lugar que ya figura en rojo en mi cuaderno de campo, con la esperanza de poder repetir en el futuro. Esta zona concreta de la Sierra de la Demanda engancha por sus variados ecosistemas, su valiosa naturaleza y, como he dicho antes, por su enorme regocijo de calma y sosiego, invitando al viajero a meditar mientras se contempla sus infinitos horizontes y sus frondosos rincones. Descubrir la belleza de este valle es toda una aventura, y no defrauda. Vamos a desgranar lo acontecido el fin de semana del 14 y 15 julio cuando viajamos a lo desconocido y volvimos con la sensación de haber estado allí mucho tiempo.

El sábado llegamos al lugar poco antes de comer, lo que nos permitió realizar un pequeño paseo subiendo la carretera que conduce a la estación de esquí de Valdezcaray. Reseño antes que nada que el centro neurálgico y la referencia para moverse por allí es Ezcaray, bello pueblo enclavado en plena cabecera del valle del Oja. Después de este inciso, continuamos narrando lo que encontramos en la subida a las pistas de esquí. En plena subida, paramos en una carretera que accedía a unos repetidores, en lo alto de una cota. Es este un buen lugar para deleitarse con las idas y venidas del alcaudón dorsirrojo, el escribano cerillo y la curruca zarcera como aves más destacadas observadas ese ratito. La lista no podía empezar mejor, y con esa buena toma de contacto bajamos a Ezcaray para comer. El lugar elegido fue una zona verde pegada al río Oja, que nos deparó buenos momentos para la observación. Aquí se dejó ver el agateador común, el camachuelo común, la lavandera blanca y el mirlo acuático, por citar algunas. 



Alcaudón dorsirrojo



Río Oja a su paso por Ezcaray


La tarde la dedicaríamos a visitar un hayedo en el pueblo de Azarrulla, cuya ruta recibe el nombre de "Barranco de Usaya". Se trata de un camino que se interna en dicho hayedo, acompañando siempre al arroyo Usaya, afluente del Oja, y que salvaremos varias veces por medio de pasarelas de madera (en el momento de nuestra excursión, la segunda pasarela estaba rota, precaución). Tras 600 metros de caminata, la pista realiza un giro a izquierda de 180º, pero nosotros seguimos por una vereda que se internaba de frente en el bosque. El paisaje es idílico como en un cuento de hadas, frondoso en sus laderas y relajante en el susurro de sus aguas, que te acompaña durante el trayecto, envuelto en sombras y en paz. Merece la pena parar un momento y oír el silencio del bosque, el mecido de las ramas y el trino de los pájaros. Y tú alzas la vista intentando localizarlos, y te encuentras gigantes verdes que apenas dejan ver el cielo y que te invitan a continuar por sus húmedos pasillos de barro. Cuando llegas a la séptima y última pasarela, debes volver sobre tus pasos, disfrutando de nuevo de una belleza como pocas veces se podrá encontrar. En cuanto a aves, esta ruta es especialmente indicada para intentar agateador norteño, carbonero palustre, camachuelo común y reyezuelos sencillo y listado. 



Anacamptis pyramidalis


El domingo tocaba subir al collado de la Cruz de la Demanda, puerto de montaña propicio para intentar localizar a una de las aves más esquivas de nuestra fauna: la perdiz pardilla. La niebla permanecía en lo alto, e hicimos tiempo parando en un área recreativa en la subida para realizar un corto paseo a lo largo de la carretera. Volvió a salir a la palestra el carbonero palustre, además de añadir a la lista lavandera cascadeña. 

A media mañana la niebla disipó y llegamos a las increíbles vistas del collado con la clara misión de observar a la perdiz en cuestión. El lugar no se caracteriza por su diversidad faunística, sin embargo los dos bisbitas observados son una muestra de lo selecto del lugar: bisbitas campestre y alpino. Tras realizar la ruta de Pozo Negro, con la cumbre de Otero como testigo, llegamos al collado de Toborlaza donde a nuestra derecha y echando la vista hacia abajo, pudimos descubrir una laguna de verdes aguas. Ese es Pozo Negro, bello paraje en una sucesión de secos glaciares, donde nos encontrábamos. De pronto, alguien dio el aviso: perdiz pardilla a tomar viento. Y como suele pasar en estos casos, desbandada al lugar de los hechos. La cita es dudosa, la distancia y la reverberación no ayudaban a la observación, y lo tuvimos que dejar en interrogante, ya que quedaba volver al bus, bajar a Ezcaray y comer. Para colmo de males, Mercedes se cayó y se abrió el labio, además de varias contusiones por todo el cuerpo. A un médico rápidamente. Ya se encuentra bastante mejor, así que desde aquí muchos ánimos y a mejorarse. Muchos besos.

Y quería acabar esta entrada acordándome de la "Vieja Guardia", que los echábamos de menos, a Santi y a Miguel Ángel, y los buenos momentos que vivimos ese fin de semana. Y, como no, del reverso tenebroso que se iba apoderando de casi todos nosotros, dirigiendo los prismáticos y las cámaras a otros bichos igual de atractivos y bellos: las mariposas, presentes en todos los lugares visitados. Vaya carreritas que nos dábamos para identificar unas o fotografiar otras, somos unos frikis (¿verdad, Edu, Félix...?).



Melanargia lachesis




Argynnis pandora



       

Lycaena virgaureae miegii     







martes, 10 de julio de 2012

EL QUEBRANTAHUESOS Y SUS PLUMAJES

Tras mi visita a la sierra de Boumort y la observación del "pájaro de barro" y demás carroñeras, me he planteado una entrada sobre la identificación de esta bella rapaz en sus diferentes plumajes, algo que se echa de menos en la mayoría, por no decir todas, las guías de identificación. A la hora de identificar correctamente un ejemplar de quebrantahuesos para determinar su edad deberemos seguir unos criterios que son de utilidad para realizar la observación e identificación de forma satisfactoria. Existen seis clases de edad, según el plumaje y ciertos rasgos, que espero dejar claro en las siguientes líneas y sus correspondientes imágenes. 

JUVENIL 1º año (fase 1.1)

Silueta de vuelo macizo, sin presencia de muda (rémiges secundarias puntiagudas). Alas redondeadas y largas. Cola corta y su base en contacto con las rémiges secundarias. Cabeza y cuello negros, iris oscuro y barba apenas apreciable. Parte superior de la espalda con presencia de escudo blanco en forma de "V" muy visible. Espalda marrón, cobertoras marrones ocasionalmente salpicadas de plumas blancas. Plumaje del pecho, vientre y calzas marrones moteados de claro.





JOVEN 2º año (fase 1.2)

Silueta en vuelo todavía maciza con irregularidades, iniciando las primeras mudas en las rémiges primarias internas. Cabeza y cuello negros formando una capucha, contrastando fuertemente con el pecho marrón. Iris más claro. El escudo dorsal empieza a difuminarse. Espalda marrón, cobertoras marrones más claras salpicadas de plumas blancas. El moteado claro del pecho y calzas ha desaparecido o apenas se aprecia. Empieza la muda de las rectrices.





INMADURO 3º año (fase 2.1)

Silueta en vuelo de aspecto irregularmente dentado, creado por la muda de las rémiges secundarias (plumas viejas más largas y puntiagudas; plumas nuevas redondeadas, más cortas). Cabeza y cuello negros, contrastando fuertemente con el vientre marrón. La cara puede empezar a blanquear y la barba es más visible. El escudo dorsal ya no se distingue y la coloración de la espalda es más homogénea. Espalda marrón, cobertoras marrones más claras que las rémiges, ocasionalmente salpicadas de plumas blancas. La muda de las rectrices continúa.





SUBADULTO 4º año (fase 2.2)

Silueta esbelta como la del adulto, presentando a menudo mudas bien visibles de las rémiges primarias externas. Alas estrechas y puntiagudas, cola larga. Las plumas de la cara son blancas y la parte superior de la cabeza se aclara (las plumas negras desaparecen progresivamente). Se le aprecia la mancha auricular. El cuello todavía es negro (restos de plumas de la capucha del inmaduro) y la cabeza se vuelve blanquecina o anaranjada. La coloración marrón de la espalda es homogénea, las cobertoras, más claras que las rémiges, pueden estar salpicadas de plumas blancas.





ADULTO IMPERFECTO 5º-6º año (fase 2.3)

Silueta esbelta y plumaje abigarrado mezclando plumas marrones a las de color gris pizarra de adulto. Todavía están presentes algunas plumas oscuras en la región ventral y cuello. Cabeza blanca, presencia de collar mal dibujado y más ancho que en el adulto. La parte inferior de las alas todavía no presenta el contraste entre el aspecto negro de las cobertoras y el gris de las rémiges. Dorsalmente presenta menos negro que el adulto.





ADULTO > 7 años (fase 3)

La silueta en vuelo es esbelta y estilizada, alas estrechas y cola larga. Plumaje limpio y contrastado. La coloración de la cabeza, pecho y vientre varía del blanco al naranja. Presencia frecuente de collar fino en el pecho más o menos cerrado o marcado. Las plumas de la espalda son gris pizarra o de aspecto negro, el contraste con la cabeza es evidente. El raquis blanco sólo es visible desde muy cerca. La parte inferior de las alas presenta un contraste entre el aspecto negro de las cobertoras y el gris de las rémiges, que poseen el borde oscuro.









El otro tema a tratar es cómo hacer para poder fotografiar en este muladar desde el hide. No tiene complicación alguna. Este hide, ubicado en plena Reserva Nacional de Caza de Boumort, en la sierra homónima, es gestionado por la Generalitat de Cataluña, donde debéis dirigiros. En su web (www.gencat.cat) podéis obtener el formulario para rellenar y enviar a la dirección postal que viene en la propia hoja, así como las normas y pautas a seguir en el uso del hide y la tramitación del correspondiente papeleo.

Pues espero que esta entrada os sea de ayuda a la hora de identificar al quebrantahuesos y os facilite las cosas cuando tengáis que tramitar el permiso. Sólo puedo decir que el trato recibido allí por parte de la Guardería de la Reserva fue ejemplar, así como con el personal de la Generalitat a través del correo electrónico. Gracias a todos. 







jueves, 28 de junio de 2012

EL DURATÓN Y SUS AVES

Y la idea la tuvo Edu, que me llamó unos días antes y lo propuso. No nos lo pensamos Mariajo y yo, así que el pasado viernes salimos desde Madrid hacia Sepúlveda, donde pasaríamos la noche. Una vez reunidos los cuatro (Chus, Mariajo, Edu y yo) en el hotel, sólo nos quedaba planificar el día siguiente mientras cenábamos en uno de los múltiples establecimientos del histórico pueblo. Durante el paseo, un lejano autillo se dejaba escuchar con total nitidez. Buen augurio.

Madrugamos el sábado como no madrugábamos hacía tiempo. A las seis de la mañana nos encontramos en el aparcamiento con todos los trastos y el sueño reflejado en nuestros rostros. El principal objetivo era intentar observar a la estrella de la paramera segoviana: la alondra ricotí. El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando ya nos encontrábamos barriendo el páramo en busca del "diablo". No tardamos ni un minuto en localizar el peculiar canto de tres ejemplares a ambos lados del camino. El nerviosismo era más patente porque ocurría lo de casi siempre: está ahí, prácticamente a tu lado, pero no lo ves ni por asomo. Pero la suerte estaba de nuestro lado. Elegimos el lado del camino que nos permitía tener el sol más o menos a nuestra espalda e intentarlo ahí. ¡Bingo! El canto se aproximaba cada vez más, era más cercano, tiene que estar ahí delante. Y unos acertados barridos con los prismáticos nos permitió su observación como pocas veces podremos verlo. ¡Precioso! ¡Fíjate qué grande es, y qué oscuro! ¡El pico es largo y curvo! Los telescopios hicieron bien su trabajo, y Chus, Mariajo y Edu bimbaron a la Dupont (yo lo hice el año pasado). Otra cosa era fotografiarla, como podéis comprobar en la imagen de esta entrada (mediante digiscoping). No duraba más de unos segundos quieto en el mismo sitio, y cambiaba cada dos por tres de posadero y lugar. Además, la luz fuerte y lateral no ayudaba para nada. Incluso la vimos en su típico vuelo de cortejo mientras reclamaba. No se podía pedir más. Pero lo importante es que los cuatro disfrutamos como nunca de la observación de una de las aves más esquivas y raras de la Península. Misión cumplida. La collalba rubia y gris, y otros aláudidos como la terrera común y la calandria completaron un magnífico rato de pajareo en el páramo.





Alondra ricotí



Con una sonrisa que no nos cabía en la cara, y cuando el sol ya empezaba a apretar, decidimos volver, sin antes intentar observar curruca mirlona en una zona cercana. Aquí se nos resistió, pero el bisbita campestre, la curruca rabilarga, el alcaudón común y la cogujada común salieron a nuestro encuentro.

La siguiente parada nos llevaría a unos pequeños cortados cerca de Hinojosas del Cerro, donde el objetivo eran, principalmente, los dos roqueros. Antes, en un apartadero, aprovechamos la sombra de una chopera para observar mosquitero papialbo y gorrión chillón, y escuchar oropéndola y torcecuellos. En los cortados sólo pudimos ver al roquero rojo, pero cómo lo vimos. El día estaba saliendo redondo. La zona es propicia también para el escribano montesino y hortelano, y las currucas, sobre todo tomillera y mirlona (sólo oída). La presencia en vuelo de una pareja de alimoches cerró la jornada en el lugar. El lugar también merece la pena por la cantidad de mariposas que vimos. Edu y yo nos pusimos al día con esta clase animal.





Roquero rojo



Escribano hortelano


El valle del Tabladillo era nuestro siguiente destino. Tras un brevísimo paseo por la carretera pudimos observar numerosos buitres leonados en sus buitreras, y el ansiado roquero solitario. El paseo no dio para más porque queríamos tomar algo fresco antes de volver a Sepúlveda para dar por concluida la mañana de pajareo.

El lugar elegido fue Burgomillodo, con su embalse y un recomendable recorrido sin dificultad a lo largo del río Duratón, con posibilidad de observar aves propias de ribera. Unas cocacolas y una ración de judías (¡qué buenas, madre mía!) cerraron la jornada pajarera. De vuelta al pueblo, obligada cita con el cordero típico de la zona (¡ay omá, qué rico!) en una agradable comida.

Ya por la tarde, Mariajo y yo decidimos ir a Sanchonuño a pasar el resto del fin de semana, mientras Chus y Edu se quedaban otra noche más allí. 

Aprovecho estas líneas para dar las gracias a Chus y Edu por acordarse de nosotros para esta jornada que salió tan redonda, esperando repetir muchas veces más donde sea. Un abrazo a los dos. Y a Mariajo porque accedió a pasar ese fin de semana con ellos a pesar de que pensábamos ya tomarnos un par de fines de semana de descanso, y por estar siempre a mi lado. Te quiero, mi vida.

miércoles, 20 de junio de 2012

CARROÑERAS EN BOUMORT

La primera semana de junio era el momento esperado durante un año: me iba a la sierra de Boumort a fotografiar carroñeras. Además, por esas fechas tendría la posibilidad de observar e inmortalizar a los cuatro buitres ibéricos: alimoche, buitre negro, buitre leonado y quebrantahuesos, que era mi principal objetivo. 

El lunes cogí un AVE que me llevó a Lérida y, tras un día de conexiones y viajes, por fin llego a mi destino: el pequeño pueblo de Conques. Allí me alojé en Casa Ramona, una coqueta casa rural donde su dueña, Ramona, fue una perfecta anfitriona. También conocí a Modesto, guarda mayor de la Reserva, Marc y Juliá. A todos ellos mi más sincero agradecimiento por su profesionalidad, trato y amabilidad. Gracias.

Al día siguiente, casi sin darme cuenta, estábamos camino del hide. Los nervios estaban presentes, me hacía ideas de cómo sería el sitio, cómo se darían los dos días que pasaría en el hide... Tras una media hora en coche, llegamos al lugar. Un lugar mágico, precioso, presidido por la imponente sierra del Carreu. A medida que avanzábamos al muladar, los buitres ya planeaban por encima sabiendo que hoy era día de pitanza. La nube de rapaces iba en aumento. El hide tenía buena presencia desde fuera, y no era muy pequeño. Me metí en él a preparar el equipo mientras ellos iban esparciendo los animales muertos por la zona. No terminarían su trabajo y los buitres ya estaban en el suelo dando cuenta de los primeros pedazos. Tras desearme suerte, Modesto y Juliá se marcharon, dejándome solo delante de esos bichos, que, como posesos, bajaban por cientos como si no hubieran comido en días. El sonido de las alas y sus gruñidos te ponían el vello de punta. No había quién parara eso. Y, poco a poco, fueron cayendo el resto de carroñeras. A lo largo del día, tuve a los cuatro buitres delante, más cerca o más lejos, pero a buena distancia para disfrutar de ellos. El más receloso, como no, fue el quebrantahuesos, pero pude fotografiarlo más o menos bien. El buitre negro posaba como un modelo, una especie reintroducida en el Pirineo y que, según me contaba Modesto, se ha reproducido con éxito. El alimoche iba a su bola, contentándose con los restos que salpicaban de la buitrada. Incluso algún zorro se atrevía a asomar el hocico por si algo caía.

Llegaba la noche y, con ello, el cese de movimiento en el muladar. Y con la oscuridad, los sonidos nocturnos: chotacabras europeo, autillo... El cansancio acumulado durante la jornada hizo que cayera como un bendito en el saco de dormir. Mañana, segunda y última jornada. 

Y como avisó Modesto, la algarabía no iba a ser tanta, ya que la mayoría de animales ya comieron el día anterior. Efectivamente, quitando a los buitres leonados, el resto apenas se asomó al muladar. Los buitres negros se mostraron distantes, igual que los alimoches, y los quebrantahuesos aparecían a cuentagotas. Como dato resaltaré que, por la tarde, llegué a tener cinco quebrantahuesos juntos en el muladar, cuando ya apenas quedaban buitres en la zona. Está claro que cada animal sabe cuál es su estatus allí y conocen el turno que les toca a la hora de comer. La vuelta pasó entre comentarios y anécdotas hasta llegar de nuevo a Conques, y me despedí de Modesto y Marc. Sin duda, y ya se lo comenté, repetiré.



Alimoche



Buitre leonado



Buitre negro



Quebrantahuesos


El jueves, día de descanso, dediqué la mañana a realizar una ruta por los Estanys de Basturs. Lo forman dos lagunas de origen cárstico, de las mejor conservadas de Cataluña. La laguna grande se encuentra rodeada de choperas que le dan el aspecto de un mini oasis, con buena representación de flora y fauna. Desde Conques por una pista rural sin asfaltar se llega a este lugar tras 3,5 km de cómodo recorrido. Próximamente publicaré aquí fotos de flora, incluidas un par de orquídeas. Buen lugar para observar aves asociadas a bosques de ribera, como la oropéndola, el mosquitero papialbo, el trepador azul, el agateador común, el carricero común, el pico picapinos o el escribano soteño, por citar algunas. 





lunes, 18 de junio de 2012

LAS ARRIBES DEL DUERO


Las Arribes del Duero




Hace más o menos un año que planeamos volver a visitar este paraje natural con nuestro amigo Guille. El último fin de semana de abril fue el momento elegido para ello. Desgraciadamente, Guille no nos pudo acompañar, pero nos dio consignas para poder disfrutar de los bellos parajes del lugar. El domingo, Killo sí nos acompañó por la mañana en un agradable paseo cerca del río Tormes. Gracias a ambos por su colaboración y su amistad. Y gracias a Mariajo, por su amor y porque disfruta como una niña observando aves o descubriendo flores. Esta entrada se la dedico a ella, que necesitaba un fin de semana así, para descansar y disfrutar. Gracias, amor.



Lagartija colilarga (hembra)




Buitre leonado




Digitalis purpurea




Verbascum sp.



Serapias lingua



Dipcadi serotinum



Tuberaria guttata



Aporia crataegi



Lycaena alciphron