jueves, 19 de mayo de 2016

AIGUAMOLLS Y DELTA DEL EBRO

Ya estaba todo planificado. Los alojamientos, reservados. El grupo, resuelto a viajar. Unos días antes la climatología no invitaba a acercarse. Lluvia y viento te hacían pensar en cancelar, pero este no fue el caso. Eran fechas buenas, principios de mayo, pero las citas brillaban por su ausencia. La primavera llegaba tarde y era evidente nuestro disgusto. Pero como he mencionado, ni Álvaro, ni María, ni Aimara ni yo nos íbamos a echar atrás (¡se me olvidaba Lupo!). Para adelante con todas las consecuencias.

Buen viaje nos quedaba por delante así que tranquilidad y a disfrutar. Como suele ocurrir en este tipo de viajes, la improvisación estaba a la orden del día así que, sobre la marcha, intentamos probar suerte en uno de los últimos reductos en la Península para la observación del alcaudón chico, especie en grave riesgo de extinción. Desgraciadamente, cuando llegamos al lugar se nos había echado la noche encima, y solo nos quedó el consuelo del reclamo del alcaraván y el vuelo de un más que probable abejero mientras comíamos algo a pie de coche. Una pena porque al oír el nombre del ave, no pude evitar que se me pusieran los pelos de punta. Llegamos a Empuriabrava alrededor de la medianoche. Al día siguiente empezaba lo bueno.

Ya conocía de pasada los Aiguamolls de l'Empordá cuando hace unos años la visitamos de camino a la Camarga. Me apetecía mucho dedicarle más horas a este lugar clave en la observación de aves, con algunas especialidades primaverales como cernícalo patirrojo, agachadiza real o bisbita gorgirrojo. De hecho, ya había citas de este último en la zona. Ilusionante. El día amanecía gris y lluvioso en El Cortalet. Desde el propio parking (donde hay que pagar), los ruiseñores se anunciaban en lo que iba a ser una constante durante el recorrido. Durante la caminata, entre cigüeñas blancas (especie introducida, que no reintroducida), moritos y un bonito pico menor, llegamos a El Matá, unos antiguos arrozales reconvertidos en humedal donde la visita es obligada para cualquier pajarero que se precie. Aquí los telescopios y prismáticos echaban humo, se veía prácticamente de todo. El lugar rebosaba vida y oír los reclamos y cantos de miles de aves era, cuanto menos, reconfortante. Aquí los objetivos estaban claros: agachadiza real y bisbita gorgirrojo. Ya adelanto que fallaron, a pesar de que hablamos con gente que afirmaba hacerlo visto en días anteriores o el mismo día. Un fastidio porque contaba, al menos, con ese bimbo. Por más que barría la pradera, no había señales. Las numerosas agachadizas comunes hacían saltar las alarmas. ¡A ver si es una real!, vaticinábamos mientras la seguíamos con los teles. Falsa alarma. Pero, entre tanta común, si no salía la real, salía la chica. Y salió. Y la vimos de lujo. La mañana se nos pasó volada, hasta el punto de casi olvidarnos de comer. Solo cuando los estómagos empezaron a rugir, emprendimos la vuelta hasta el parking. 



Cisne vulgar Cygnus olor



Morito Plegadis falcinellus



Lavandera boyera Motacilla flava cinereocapilla



Gaviota enana Larus minutus


Con la agachadiza y el bisbita igual no podíamos contar al cien por cien pero con los patirrojos… era extraño que no hubieran citas ya. Yo estaba mosqueado totalmente. En eso que se me ocurre mirar en una web local de citas y… ¡aquí están! En las afueras de Castelló d'Empuries. La ocasión la pintaban calva. La sola visión de falcónidos en los cables de alta tensión subía las pulsaciones. Telescopio y a mirar. Solo cernícalo vulgar, primilla y un lejano alcotán, que no estaba nada mal. Desolación. Ni uno. "¿Dónde están?", nos preguntábamos. Toda la tarde perdida buscándolos. Al día siguiente, vuelta al Matá. Nuevo intento fallido con el cervinus. A mediodía, la web vuelve a dar noticias alentadoras. "Se ha citado un patirrojo cerca de Delfiá", espeté. "No está lejos de aquí, podemos probar", responde el grupo. No perdíamos nada, así que para allá que nos fuimos. En medio de una dehesa, entre caminos polvorientos, Álvaro da la voz de alarma: "¡Bajad del coche!". Así lo hicimos, mirando al cielo. Una estilizada silueta se alejaba de nuestra posición. Tomo un par de fotos para después comprobar que, por fin, localizamos el primer cernícalo patirrojo del viaje. Quedaba el mal sabor de boca de no haber podido disfrutarlo como se merece. Pero al menos no nos íbamos de vacío.



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(hembra)



Bisbita campestre Anthus campestris



Cernícalo vulgar Falco tinnunculus


La mañana del primero de mayo hacía un aire que doblaba la copa de los árboles como si hiciesen reverencias. Nuestra cara era de "prefería la llovizna". Tampoco nos iba a amedrentar.  De vuelta al Matá, último intento para gorgirrojo y para el patirrojo. El aire hacía casi imposible mantenerse de pie y observar con garantías. Como observación más interesante, un par de gaviotas enanas (foto más arriba), también citada desde hacía unos días. Dado el huracán que teníamos encima y que no íbamos a sacar nada de allí, le dimos una última oportunidad al vespertinus. Al contrario que el día anterior, apenas un par de cernícalos campeaban a sus anchas por la zona. En esto que un cernícalo oscuro revoloteaba por encima de unos cultivos y ¡ahí está! ¡Ahora sí, que alivio! Un buen rato estuvimos deleitándonos con sus vuelos, picados, cernidos y posados. Yo estuve un buen rato reptando para acercarme lo suficiente para una foto decente y ni aun así conseguía mi objetivo. ¡Cómo tiraba el aire! Pero lo vi como nunca. Encima un macho, principal objetivo. Nuestras caras rebosaban felicidad, creíamos que nos íbamos al Delta sin ver ninguno. A esto se le llama encestar sobre la bocina.



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(macho)



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(macho)


Podía ser un día redondo de bimbos ya que nuestro primer objetivo para el Delta del Ebro era un par de correlimos canelos que se estaban observando por allí y que íbamos a intentar esa misma tarde. Gracias a la amable ayuda e indicaciones de Ricard Gutiérrez llegamos al lugar sin problemas y, encima, tuvimos la fortuna de observar un ejemplar. Eso sí, con un vendaval de cuidado. Otro objetivo cumplido. Los recorridos en vehículo por los canales vigilando los campos y los canales en busca de rarezas deparaban observaciones muy interesantes. Para muestra un botón.



Garcilla cangrejera Ardea ralloides



Garceta común Egretta garzetta



Archibebe claro Tringa nebularia



Tarabilla norteña Saxicola rubetra



Canastera común Glareola pratincola


La mañana del día 2 visitamos las antiguas salinas de San Antoni, con gran variedad de limícolas y ardeidas, así como dos pagazas piquirrojas como especie sobresaliente. Habíamos iniciado la marcha por el Trabucador para buscar terrera marismeña cuando encontramos un paíño común herido, seguramente atacado por una gaviota. Rápidamente nos pusimos en contacto con los agentes rurales del Parque y quedamos en Casa Fusta para su entrega. Una visita a la Reserva Natural de Riet Vell, con su interesante laguna, completó la jornada antes de la vuelta a Madrid. 



Calamón común Porphyrio porphyrio



Charrán común Sterna hirundo



Garceta grande Egretta alba



Fumarel aliblanco Chlidonias leucopterus


Sin duda un fin de semana muy bien aprovechado, con observaciones de interés, alcanzando, si no me falla la memoria, las 130 especies aproximadamente, vistas y oídas. Lo mejor, la compañía y el disfrute. Gracias chic@s. Y me queda claro que para disfrutar plenamente de estos lugares y sacarles todo el partido, hay que dedicarle más días. Contemplamos la posibilidad de asomarnos al Delta del Llobregat… y mira como se puso unos días después, además de los Aiguamolls y el Delta del Ebro. Habrá que repetir, no se cuando, pero habrá que hacerlo. Ese gorgirrojo...

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