jueves, 19 de mayo de 2016

AIGUAMOLLS Y DELTA DEL EBRO

Ya estaba todo planificado. Los alojamientos, reservados. El grupo, resuelto a viajar. Unos días antes la climatología no invitaba a acercarse. Lluvia y viento te hacían pensar en cancelar, pero este no fue el caso. Eran fechas buenas, principios de mayo, pero las citas brillaban por su ausencia. La primavera llegaba tarde y era evidente nuestro disgusto. Pero como he mencionado, ni Álvaro, ni María, ni Aimara ni yo nos íbamos a echar atrás (¡se me olvidaba Lupo!). Para adelante con todas las consecuencias.

Buen viaje nos quedaba por delante así que tranquilidad y a disfrutar. Como suele ocurrir en este tipo de viajes, la improvisación estaba a la orden del día así que, sobre la marcha, intentamos probar suerte en uno de los últimos reductos en la Península para la observación del alcaudón chico, especie en grave riesgo de extinción. Desgraciadamente, cuando llegamos al lugar se nos había echado la noche encima, y solo nos quedó el consuelo del reclamo del alcaraván y el vuelo de un más que probable abejero mientras comíamos algo a pie de coche. Una pena porque al oír el nombre del ave, no pude evitar que se me pusieran los pelos de punta. Llegamos a Empuriabrava alrededor de la medianoche. Al día siguiente empezaba lo bueno.

Ya conocía de pasada los Aiguamolls de l'Empordá cuando hace unos años la visitamos de camino a la Camarga. Me apetecía mucho dedicarle más horas a este lugar clave en la observación de aves, con algunas especialidades primaverales como cernícalo patirrojo, agachadiza real o bisbita gorgirrojo. De hecho, ya había citas de este último en la zona. Ilusionante. El día amanecía gris y lluvioso en El Cortalet. Desde el propio parking (donde hay que pagar), los ruiseñores se anunciaban en lo que iba a ser una constante durante el recorrido. Durante la caminata, entre cigüeñas blancas (especie introducida, que no reintroducida), moritos y un bonito pico menor, llegamos a El Matá, unos antiguos arrozales reconvertidos en humedal donde la visita es obligada para cualquier pajarero que se precie. Aquí los telescopios y prismáticos echaban humo, se veía prácticamente de todo. El lugar rebosaba vida y oír los reclamos y cantos de miles de aves era, cuanto menos, reconfortante. Aquí los objetivos estaban claros: agachadiza real y bisbita gorgirrojo. Ya adelanto que fallaron, a pesar de que hablamos con gente que afirmaba hacerlo visto en días anteriores o el mismo día. Un fastidio porque contaba, al menos, con ese bimbo. Por más que barría la pradera, no había señales. Las numerosas agachadizas comunes hacían saltar las alarmas. ¡A ver si es una real!, vaticinábamos mientras la seguíamos con los teles. Falsa alarma. Pero, entre tanta común, si no salía la real, salía la chica. Y salió. Y la vimos de lujo. La mañana se nos pasó volada, hasta el punto de casi olvidarnos de comer. Solo cuando los estómagos empezaron a rugir, emprendimos la vuelta hasta el parking. 



Cisne vulgar Cygnus olor



Morito Plegadis falcinellus



Lavandera boyera Motacilla flava cinereocapilla



Gaviota enana Larus minutus


Con la agachadiza y el bisbita igual no podíamos contar al cien por cien pero con los patirrojos… era extraño que no hubieran citas ya. Yo estaba mosqueado totalmente. En eso que se me ocurre mirar en una web local de citas y… ¡aquí están! En las afueras de Castelló d'Empuries. La ocasión la pintaban calva. La sola visión de falcónidos en los cables de alta tensión subía las pulsaciones. Telescopio y a mirar. Solo cernícalo vulgar, primilla y un lejano alcotán, que no estaba nada mal. Desolación. Ni uno. "¿Dónde están?", nos preguntábamos. Toda la tarde perdida buscándolos. Al día siguiente, vuelta al Matá. Nuevo intento fallido con el cervinus. A mediodía, la web vuelve a dar noticias alentadoras. "Se ha citado un patirrojo cerca de Delfiá", espeté. "No está lejos de aquí, podemos probar", responde el grupo. No perdíamos nada, así que para allá que nos fuimos. En medio de una dehesa, entre caminos polvorientos, Álvaro da la voz de alarma: "¡Bajad del coche!". Así lo hicimos, mirando al cielo. Una estilizada silueta se alejaba de nuestra posición. Tomo un par de fotos para después comprobar que, por fin, localizamos el primer cernícalo patirrojo del viaje. Quedaba el mal sabor de boca de no haber podido disfrutarlo como se merece. Pero al menos no nos íbamos de vacío.



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(hembra)



Bisbita campestre Anthus campestris



Cernícalo vulgar Falco tinnunculus


La mañana del primero de mayo hacía un aire que doblaba la copa de los árboles como si hiciesen reverencias. Nuestra cara era de "prefería la llovizna". Tampoco nos iba a amedrentar.  De vuelta al Matá, último intento para gorgirrojo y para el patirrojo. El aire hacía casi imposible mantenerse de pie y observar con garantías. Como observación más interesante, un par de gaviotas enanas (foto más arriba), también citada desde hacía unos días. Dado el huracán que teníamos encima y que no íbamos a sacar nada de allí, le dimos una última oportunidad al vespertinus. Al contrario que el día anterior, apenas un par de cernícalos campeaban a sus anchas por la zona. En esto que un cernícalo oscuro revoloteaba por encima de unos cultivos y ¡ahí está! ¡Ahora sí, que alivio! Un buen rato estuvimos deleitándonos con sus vuelos, picados, cernidos y posados. Yo estuve un buen rato reptando para acercarme lo suficiente para una foto decente y ni aun así conseguía mi objetivo. ¡Cómo tiraba el aire! Pero lo vi como nunca. Encima un macho, principal objetivo. Nuestras caras rebosaban felicidad, creíamos que nos íbamos al Delta sin ver ninguno. A esto se le llama encestar sobre la bocina.



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(macho)



Cernícalo patirrojo Falco vespertinus
(macho)


Podía ser un día redondo de bimbos ya que nuestro primer objetivo para el Delta del Ebro era un par de correlimos canelos que se estaban observando por allí y que íbamos a intentar esa misma tarde. Gracias a la amable ayuda e indicaciones de Ricard Gutiérrez llegamos al lugar sin problemas y, encima, tuvimos la fortuna de observar un ejemplar. Eso sí, con un vendaval de cuidado. Otro objetivo cumplido. Los recorridos en vehículo por los canales vigilando los campos y los canales en busca de rarezas deparaban observaciones muy interesantes. Para muestra un botón.



Garcilla cangrejera Ardea ralloides



Garceta común Egretta garzetta



Archibebe claro Tringa nebularia



Tarabilla norteña Saxicola rubetra



Canastera común Glareola pratincola


La mañana del día 2 visitamos las antiguas salinas de San Antoni, con gran variedad de limícolas y ardeidas, así como dos pagazas piquirrojas como especie sobresaliente. Habíamos iniciado la marcha por el Trabucador para buscar terrera marismeña cuando encontramos un paíño común herido, seguramente atacado por una gaviota. Rápidamente nos pusimos en contacto con los agentes rurales del Parque y quedamos en Casa Fusta para su entrega. Una visita a la Reserva Natural de Riet Vell, con su interesante laguna, completó la jornada antes de la vuelta a Madrid. 



Calamón común Porphyrio porphyrio



Charrán común Sterna hirundo



Garceta grande Egretta alba



Fumarel aliblanco Chlidonias leucopterus


Sin duda un fin de semana muy bien aprovechado, con observaciones de interés, alcanzando, si no me falla la memoria, las 130 especies aproximadamente, vistas y oídas. Lo mejor, la compañía y el disfrute. Gracias chic@s. Y me queda claro que para disfrutar plenamente de estos lugares y sacarles todo el partido, hay que dedicarle más días. Contemplamos la posibilidad de asomarnos al Delta del Llobregat… y mira como se puso unos días después, además de los Aiguamolls y el Delta del Ebro. Habrá que repetir, no se cuando, pero habrá que hacerlo. Ese gorgirrojo...

miércoles, 6 de abril de 2016

UN DÍA EN ARROCAMPO

El pasado 20 de marzo quedé con Álvaro, Mar, Alicia y Aimara para pasar el día en Arrocampo y su entorno. Un plan que me apetecía mucho, y más con el aliciente de anotar en el cuaderno de campo dos especies que no había observado hasta ahora: agachadiza chica y polluela pintoja. La climatología no era del todo benigna pero algún respiro sí que dio. Poco más de dos horas duró el viaje y allí estábamos ya, en un excelente lugar para pajarear. Tras una breve parada en la oficina de información para recoger las llaves de los observatorios, iniciamos la jornada. El lugar clave era el observatorio número 2 y sus alrededores. Empezamos observando tres espátulas desde la rampa de acceso al observatorio, además de varias garcetas grandes, cormorán grande, azulones y varias cigüeñas blancas que anidaban en las torretas eléctricas de la zona.

No perdimos mucho más tiempo y, tras esta estupenda toma de contacto, iniciamos la búsqueda en unas zonas encharcadas en las zonas de carrizal. La primera alegría fue la presencia de varios pechiazules, que hicieron las delicias del grupo. De las agachadizas, de momento, nada. Primero mirábamos desde el camino por si localizábamos algún ejemplar posado en los márgenes de la vegetación. Tras un rato con resultado negativo, decidimos adentrarnos en la zona inundada. Pisando con cuidado, íbamos avanzando hasta llegar al límite donde el agua no permitía avanzar más. Tocaba ahora esperar. Silencio solo roto por los reclamos y cantos de la buscarla unicolor, buitrón y el crotoreo de las cigüeñas. Álvaro nos recordaba cómo diferenciar a la agachadiza común de la chica cuando echaba a volar; mientras la común salta reclamando y volaba lejos; la chica no emite ningún sonido y el salto era normalmente de pocos metros para volver a caer al suelo. Era la mejor manera de localizarlas pues normalmente no podías ni siquiera apreciar el tamaño cuando volaban. Cada cierto tiempo, algunas saltaban cerca de nuestra posición, la mayoría comunes pero entre ellas aparecía alguna más pequeña que caía a los pocos metros. Personalmente tuve la fortuna de observar una bien vista, gracias a que logré seguirla con los prismáticos los pocos segundos que duró en el aire. Una más para el bote.

Con los deberes hechos, aprovechamos para visitar Cerro Alto, con nada reseñable, y un lugar que desconocía, enclavado en una finca, llamado Charco Salado. Este último lugar resultó ser un buen humedal escondido en medio de una extensa dehesa, con varias especies de interés. Al parecer, aquí existe una colonia reproductora de espátula, que no llegamos a ver. En su lugar, uno de los momentos del día fue la aparición de un águila real acosado por un ratonero justo encima de la colonia de cigüeña blanca. Una pasada. Nos adentramos en la dehesa buscando la cola del embalse pero, en su lugar, nos encontramos en medio de la arboleda donde añadimos totovía y picogordo como aves de interés. A la vuelta, tras obtener información de un grupo de guiris, localizamos una pareja de porrones pardos pero no el torcecuello que este grupo dijo haber visto. En su lugar, un bonito alcaudón común, varios bisbitas pratenses y algún milano negro para seguir sumando especies. Tan absortos estábamos buscando el torcecuello, que se nos vino encima una buena tromba de agua y decidimos volver a Arrocampo para comer en algún observatorio. De camino, un breve encuentro con un elanio, una especie que llevaba años sin observar. Acabamos comiendo medio calados en el observatorio 2, esperando a que parara un poco. Para hacer tiempo hasta la hora de la polluela, nos dirigimos a los observatorios 3 y 4. 

Llegó el momento y, con un respiro de la lluvia, volvimos a la incursión de la misma zona de las agachadizas. Con la agachadiza chica volvimos a tener suerte pues varias comunes entraban a las charcas y, entre ellas, alguna de las primeras. Ahora incluso mejor vista pero sin oportunidad para foto. La tarde avanzaba y volvíamos a estar en la misma disposición que por la mañana. Silencio y paciencia. Las horas avanzaban, la luz, encima de frente, escaseaba y no aparecía nada. Pero de nuevo la suerte estuvo de nuestro lado. Localizo casi al límite del carrizo un pájaro regordete que me recordó a una gallineta. Esperé verla algo mejor y, a pesar de la luz y la distancia, pude identificar a la polluela pintoja que andábamos buscando. La canté casi con un hilo de voz y, mejor o peor, todos la pudieron observar con garantías. Encima el ave se movía y avanzaba entre la vegetación, ofreciendo observaciones algo más cercanas. La pena fueron las fotos, testimoniales y que no hacen para nada justicia a la belleza de esta escurridiza y tímida ave. Habíamos hecho dos de dos, además de todo lo que se pudo observar ese día en una jornada muy bien aprovechada.

Agradezco este buen día a Álvaro, Mar, Alicia y Aimara, esperando repetir en más ocasiones. Aquí van unas fotillos de la jornada.




Espátula europea Platalea leucorodia



Garceta grande Egretta alba



Garza imperial Ardea purpurea



Águila pescadora Pandion haliaetus



Garcilla bueyera Bubulcus ibis



Aguilucho lagunero occidental Circus aeruginosus



Calamón común Porphyrio porphyrio



Polluela pintoja Porzana porzana



Polluela pintoja Porzana porzana



Polluela pintoja Porzana porzana


sábado, 19 de marzo de 2016

ANDARRÍOS SOLITARIO EN ALMERÍA

Uno nuevo para la lista. Uno que no tenía en mente pero que surgió sobre la marcha cuando el segundo fin de semana de marzo, aprovechando un par de días libres, bajé a Cartagena. Los primeros días fueron de relax, con un par de ratos para pajarear e ir calentando motores. El primer día visité el puerto, lugar preferido para pasear y, de paso, observar sobre todo gaviotas. No faltaron las patis, además de un trío de gaviotas de Audouin, un grupo de gaviotas cabecinegras, cormorán grande y charrán patinegro. El segundo día visité la rambla de Benipila y la Algameca Chica, lugares ambos que no visitaba años. El paseo no defraudó porque la zona costera es un buen lugar para collalba negra. Ahí me encontré hasta dos parejas disputándose ambas laderas arbustivas pegadas al mar. Ese rato disfruté de lo lindo, lástima que no llevaba la cámara encima.



Algameca Chica


Pero el día bueno fue el domingo, con mis amigos Juan y Antonio, saliendo temprano desde Cartagena hacia Almería en busca del andarríos en cuestión. El lugar, una gran rambla por donde debía correr el río Almanzora, seco en la mayoría de su trayectoria excepto el lugar donde se había citado el ave, con varias zonas inundadas y que daban un aspecto de humedal que contrastaba con el lugar tan seco que lo rodeaba. Por supuesto, un auténtico oasis para las aves, como pudimos comprobar. Tal era mis ganas y emoción, que me fui directo a la parte alta de la rambla buscando como loco. La hora, cerca del mediodía, y la luz de frente no ayudaban ni a la observación ni las fotos, como podréis comprobar ahora. Pero lo importante fue que salió y lo vimos correctamente. La lista de aves presentes era de lo más interesante: cigüeñuela común, correlimos común, menudo y de Temminck, chorlitejo chico y grande, andarríos chico, golondrina común, avión común, zapador y roquero, garcilla bueyera, garceta común, alcaraván común, bisbita alpino, lavandera blanca y algunas más que nos mantenían muy entretenidos. Cuando encontrábamos un andarríos grande, casi idéntico al solitario, saltaban las alarmas. Cuando observaba las caracterísitcas propias de la especie y no del que buscábamos, perdíamos el ánimo. El tiempo pasaba y no aparecía. Pero en esto que localizábamos un grupo de limícolas, a través del telescopio vimos a uno que parecía distinto. Mis sospechas se confirmaron cuando al volar, uno de ellos presentaba el obispillo oscuro. ¡Ahí está!, gritaba con emoción. El andarríos solitario volaba hasta una zona de aguas tranquilas entre la vegetación. Volvíamos a la carretera y otra vez, al rato, la volvíamos a encontrar pegada al muro en el mismo charco que las demás, pero sin relacionarse. Pero pudimos observar las principales características que diferencian esta especie de su pariente el andarríos grande: patas largas y amarillentas, obispillo oscuro que divide la cola en dos zonas barradas, proyección primaria un poco más larga que la cola y pico ligeramente curvado en la punta. Pues nada, a pesar de las dificultades que he mencionado antes, algunas fotos se sacaron. Ya en el coche, y después en casa, pude comprobar que se trataba de la deseada ave. ¿Cuánto más se quedará allí? Ya veremos.



Andarríos solitario Tringa solitaria



Andarríos solitario Tringa solitaria



Andarríos solitario Tringa solitaria



Andarríos solitario Tringa solitaria




lunes, 29 de febrero de 2016

RAREZAS EN GALICIA

Los pasados días 12, 13 y 14 de febrero, un grupo de ocho intrépidos pajareros se aventuraron, guiados de la mano de Spainbirds y Santi Villa, en un viaje monotemático dedicado especialmente a las rarezas que se pueden observar en esas fechas en la costa norte de la península. Especial ilusión me hacía esta incursión, por dos motivos principales: uno ornitológico, pues no había pajareado nunca en tierras gallegas y no podía perder la oportunidad de hacerlo en un enclave tan especial, y otro personal porque es la tierra natal de mi abuelo, y se me había pasado por la cabeza varias veces tirar hacia el norte pero nunca fructificaron esos planes. Así que esta ocasión la pintaban calva, además las fechas eran las mejores para ver, o intentarlo al menos, las especialidades que casi todos los años se dejan ver por ahí. Fue ver el programa de excursiones de Spainbirds y darme cuenta de que, si tenía que elegir un solo viaje, era ese. Incluso los días previos, viendo la malísima climatología que nos iba a acompañar, el viaje salió adelante.

Día 12

Partimos temprano desde Madrid, a eso de las 7 de la mañana, para aprovechar el día, y quitarnos tráfico ya que teníamos muchos kilómetros por delante. Nuestra primera parada no era en Galicia, era en la vecina Asturias, concretamente en el embalse de San Andrés, donde se estaban observando las primeras rarezas del viaje: un cisne cantor y dos ánsares nivales. Alcanzamos nuestro destino por su orilla sur y localizamos rápidamente el cisne. Siguiendo una carretera llegamos a un observatorio entre malezas donde nos refugiamos de la lluvia y pudimos disfrutar tranquilamente de los lejanos ánsares. Gracias a los telescopios, pudimos ver los detalles como las primarias negras o los picos y patas rosadas. Volviendo por la misma carretera, esta vez sí, le dedicamos también un rato al cisne cantor, que apenas se movió del sitio, permitiendo detalladas y fructíferas observaciones. Cumplidos los dos primeros objetivos, dedicamos también unos minutos a deleitarnos con otras aves en los prados cercanos, como zorzal alirrojo, común o bisbitas pratenses.



Cisne cantor Cygnus cygnus



Ánsar nival Anser caerulescens


En la cercana Gijón probamos suerte con la gaviota de Delaware, un clásico del lugar, pudiendo observarse en fechas invernales en el parque Isabel La Católica y la playa de San Lorenzo. Por ahí estuvimos buscando sin fortuna. A cambio, pudimos entretenernos con gaviotas reidoras, cabecinegras, sombrías, patiamarillas, un primer invierno de cana y un halcón peregrino que nos sobrevoló al inicio del paseo, además de martín pescador, correlimos oscuro, vuelvepiedras y varias lavanderas blancas de la subespecie yarrelli. Comimos en el mismo paseo, cuando la incesante lluvia nos dio un respiro. El último destino del día era Soto de Nalón, donde días antes descubrieron un escribano pigmeo. No contábamos mucho con encontrarlo pues hacía días que no se citaba pero, es que además, el acceso al lugar exacto estaba anegado, imposible pasar, ni siquiera a pie. El ratito que estuvimos barajando opciones, lo más destacado fue un precioso macho de camachuelo común alimentándose en la frondosidad de un cercano árbol. Con las nubes acechando agua y cayendo la noche, dimos por finalizada la jornada y nos dirigimos a nuestro hotel en Ribadeo, donde disfrutamos de una excelente cena y un merecido descanso.



Gaviota cabecinegra Larus melanocephalus
adulto en plumaje invernal


Día 13

Después de un buen desayuno, abandonamos nuestro hotel (pinchad en el enlace aquí) muy recomendable, por cierto, para dirigirnos a dos destinos clásicos para observar rarezas, sobre todo gaviotas norteñas: Burela y San Ciprián. Estos dos lugares, viendo las citas tan interesantes que presentan todos los inviernos, estaban en mi lista de destinos para una escapada de fin de semana. Además, estas dos poblaciones están conectadas con FEVE, siendo el acceso mucho más sencillo. Empezamos la mañana en Burela, concretamente en su puerto lonja, donde no faltaban las citas de gaviotas "blancas". De hecho, nada más bajar del vehículo, una gaviota hiperbórea nos cruza por encima siguiendo la línea de costa hacia el oeste. Nos dedicamos a recorrer parte del puerto buscando citas, encontrando un primer invierno de gaviota polar junto a varias gaviotas patiamarillas y un par de gaviones atlánticos. Ni se inmutó ante nuestra presencia y la tuvimos bien cerquita. Casi cuando nos íbamos, una gaviota hiperbórea apareció cerca de la costa para cerrar la jornada allí. Varias alcas también nos mantuvieron entretenidos durante nuestra estancia en el puerto.



Gaviota polar Larus glaucoides glaucoides
primer invierno



Gaviota hiperbórea Larus hyperboreus



Alca común Alca torda



Gavión atlántico Larus marinus
tercer invierno


A pocos kilómetros, San Ciprián como siguiente destino. En este lugar es donde se citaba principalmente la megarareza gaviota esquimal, principal objetivo al apuntarme al viaje. Desgraciadamente no se ha citado aun esta temporada. Una pena, pero es una excusa (vaya excusa) para organizar otra salida allí. Merecerá la pena, sin duda. Como compensación, además de la belleza de la pequeña ría, su pequeño puerto y sus vistas mar adentro, lo más destacado fue un cuarto invierno de gaviota argéntea europea en el citado puertecillo. Un reparador café calentito nos daba fuerzas para afrontar el plato fuerte del día. Un par de asomos a Portiño de Morás (para colimbos) y O Vicedo (para gaviota cáspica) dejaban resultado negativo, así que aprovechamos para comer en un pequeño y coqueto restaurante en el puerto de esta última localización, gracias a la amabilidad de su dueño, comprobando de primera mano la amabilidad y la buena disposición de sus gentes para que estuviéramos como en casa. No fue el único ejemplo, y en ese sentido me volví encantado.



Gaviota argéntea europea Larus argentatus
cuarto invierno


Después de comer y un reparador café, partimos hacia Cariño, otro destino mítico para la observación de rarezas, destacando nuestro objetivo allí, una gaviota de Bonaparte que lleva varios inviernos apareciendo en su playa. Esta ave era otro de los objetivos fundamentales del viaje y lo cumplimos con creces. Llegamos con una buena tromba de agua pero el ansia pudo con nosotros y nos asomamos a la playa para que José la localizara al fondo de la playa, lejos de nuestra posición. Nos acercamos con el vehículo hasta allí y, esta vez sí, la pudimos observar de lujo: posada, en vuelo... Una gozada. Otro objetivo cumplido, aunque nos costara una buena chupa de agua. La lluvia dio una tregua y en ese momento tuvimos las mejores observaciones. Además, varios miembros del RARO 2016 se asomaron a nuestra posición y, además de las pertinentes presentaciones y las tertulias a pie de campo, todos pudimos deleitarnos con la gaviota yanqui y algunas observaciones de interés. Con el cansancio en el cuerpo, además de varios litros de agua, nos dirigimos a nuestro hotel en Arteixo (el enlace, aquí).



Gaviota argéntea europea Larus argentatus
segundo invierno



Gaviota de Bonaparte Larus philadelphia
adulto en plumaje invernal


Día 14

Último día de rarezas en el norte peninsular. La playa de A Matadoiro no estaba muy lejos y hacia allá nos dirigimos para intentar localizar el primer objetivo del día. Una fuerte pero, por suerte, breve granizada retrasó la salida del vehículo pero cuando escampó pudimos empezar. Santi la localizó en vuelo y la perdimos de vista al otro lado de la costa así que para allá que nos fuimos. Volvimos a localizarla posada en una rocas en la zona externa de la costa, algo lejos, pero bien observada a través de los telescopios. La mañana se prolongó quizás más de lo previsto porque fue apoteósico. No solo por la kumlieni, sino porque el temporal en el mar, vivido en primera persona, fue una pasarela de aves como pocas veces habremos vivido. Los alcatraces nos pasaban por encima, ¡menudo desfile de gaviotas tridáctilas delante nuestro!, nuestra protagonista en vuelo, págalos grande y parásito... no sé si se me olvida algo pero la mañana creo no podía haberse dado mejor.



Gaviota groenlandesa Larus glaucoides kumlieni
primer invierno



Alcatraz atlántico Sula bassana



Gaviota tridáctila Rissa tridactyla
adulto en plumaje invernal



Págalo grande Stercorarius skua



Págalo parásito Stercorarius parasiticus


Pocos objetivos y poco tiempo teníamos ya, el reloj iba en nuestra contra. A pesar de que el viaje variaría en función de lo que se dejara ver en esos momentos, había tanto que ver que nos faltaban días, que no ganas para poder abarcarlo todo, con lo que tuvimos que desistir de algunas especies realmente interesantes como una kum adulta, aguja escolopácea, cerceta de Carolina... pero los últimos coletazos de este genial viaje los íbamos a aprovechar. La primera parada fue en los prados de Nemiña para bisbita de Richard. Objetivo cumplido. La playa de Nemiña y la piscifactoría de Lires eran los siguientes lugares a visitar para una gaviota argéntea americana adulta que se ha aquerenciado allí desde hace unos inviernos. Desgraciadamente no tuvimos fortuna ese día, y eso que la buscamos bien visitando esos lugares varias veces. Una lástima porque era uno de los platos fuertes del viaje. El tiempo se nos echaba encima y aun teníamos una bala en la recámara: serreta grande en el embalse de Fervenza. Por suerte, nos pillaba de camino ya para Madrid, los accesos estaban bien para el vehículo, lo que nos permitió un vistazo a la lámina de agua. Al rato, Santi la localiza entre azulones en el centro del embalse. La larga distancia y el contraluz no permitieron una foto ni siquiera testimonial pero sí buenas observaciones gracias a los telescopios. Habíamos cumplido la mayoría de los objetivos y era ya hora de volver a Madrid. Quedaba un largo viaje por delante y las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas, como pudimos comprobar aun en tierras gallegas, con un temporal de nieve como no había visto en años. Lentos pero seguros, llegamos a la capital con retraso pero bien, que es lo que importa. Gracias al grupo, a Ana, José, Fernando, Joan, Nati, Ramón y, sobre todo, Santi por hacer de este viaje algo especial, soñado, alegre y en el que hemos disfrutado de paisajes, aves y gente, que hacen queramos repetir de nuevo. ¿Quién se apunta? 

Gracias por seguir el blog, intentaremos estar al pie del cañón con nuevas aventuras. Un saludo.