viernes, 14 de octubre de 2011

LAGUNA DE MECO Y EL PARDO

El día del Pilar decidimos Mariajo y yo pasar la mañana en la laguna de Meco, de reciente creación, y de paso saber dónde está y cómo llegar. Nos costó un poco pero allí estábamos gracias a las indicaciones de un ciclista muy amable que nos indicó muy bien. No es que estuviera rebosante de agua pero algo tenía. Y si tenía agua, tendría que haber bichos. Pues efectivamente, algo se movía por ahí. En total sacamos 31 especies de aves, casi nada. No es habitual lo que voy a hacer, pero como creo que merece la pena comentar lo que allí se cuece, para darla a conocer, a continuación escribo la lista completa de las aves observadas esa mañana en la laguna y alrededores. La cifra entre paréntesis indica, en su caso, el número de individuos observados.

  • Zampullín chico (10).
  • Cormorán grande (1).
  • Garcilla bueyera (4).
  • Aguilucho lagunero (1 hembra).
  • Busardo ratonero (2).
  • Gallineta común (sin contabilizar).
  • Focha común (3).
  • Chorlitejo chico (6).
  • Chorlitejo grande (2).
  • Avefría europea (1).
  • Andarríos chico (2).
  • Archibebe claro (5).
  • Gaviota sombría (2).
  • Paloma doméstica (sin contabilizar).
  • Paloma torcaz (sin contabilizar).
  • Martín pescador (1).
  • Cogujada común (varios ejemplares, sin contabilizar).
  • Lavandera blanca (varios ejemplares, sin contabilizar).
  • Lavandera cascadeña (1).
  • Pechiazul (1, bimbo para Mariajo).
  • Mirlo común (sin contabilizar).
  • Curruca cabecinegra (sin contabilizar).
  • Ruiseñor bastardo (sin contabilizar).
  • Mosquitero común (sin contabilizar).
  • Pájaro moscón (oído un individuo).
  • Urraca (sin contabilizar).
  • Estornino negro (sin contabilizar).
  • Gorrión común.
  • Pardillo común.
  • Jilguero.
  • Verderón común.
A destacar la presencia de un zorro que sembró el pánico entre las aves de la zona huyendo, seguramente, de los disparos de los numerosos cazadores que había por la zona.

Ya por la tarde nos acercamos a El Pardo, por Mingorrubio, para oír la berrea. Cero patatero, pero es que, además, el puente que permitía cruzar el río para ir pegado a la valla ya no existe. Así que nos tuvimos que conformar con echar un vistazo a la dehesa desde la zona por donde se mueve todo el gentío. Lamentable. Pues eso, de berrea, nada de nada, algunas gamas y ciervas con cervatillos, una piara de jabalíes de una docena de miembros, pero ni un solo macho de cérvido. En cuanto a pájaros, mucho ánade real, algunos buitres leonados a bastante altura, mucho mosquitero común (ya van llegando), papamoscas cerrojillo (a punto de irse) y poco más. Mejor dejarlo para otra ocasión, buscando alguna alternativa para acceder al otro lado del río. Ya os contaré.

PAJAREO, PAJAREO...

... y más pajareo. Así calificaría el fin de semana (8 y 9 de octubre) que he pasado a caballo entre Albacete y mis adoradas Salinas de San Pedro del Pinatar que, como siempre, me han deparado excepcionales momentos ornitológicos. Pero vayamos por partes.

Mariajo y yo bajamos el viernes día 8 hacia la zona conocida como "Área esteparia del este de Albacete, donde habíamos quedado con Rafa Torralba, que fue el perfecto anfitrión, llevándonos a un punto concreto donde se concentraban un nutrido grupo de chorlitos carambolos, del orden de 160 aunque, como bien menciona Rafa en su blog, debían ser más, pues había movimiento hacia una zona de rastrojos donde seguramente pasarían la noche. De todos modos, los vimos privilegiadamente, sin fotos, eso sí, y es que llegamos a última hora de la tarde. Desde aquí agradecemos enormemente a Rafa el haber dedicado parte de su tiempo en acompañarnos y sentirnos afortunados con la observación y su compañía. Gracias. Y también dar las gracias a Álvaro por habernos presentado jeje. Con los deberes hechos llegamos a nuestro destino un poco tarde, y a descansar.

Hacía tiempo que no dedicaba un rato a pajarear por la zona de Las Encañizadas, y de verdad que no defraudó en absoluto. Recomiendo esta ruta a todo pajarero que se precie, sean las fechas que sean porque siempre depara buenas observaciones. Se parte desde Lo Pagán, junto al molino de Quintín, en un agradable paseo custodiado por las propias salinas a la izquierda y el Mar Menor a la derecha. En las charcas salineras encontramos movimiento de limícolas, principalmente correlimos (menudo, tridáctilo y común), zampullín cuellinegro (empiezan a formarse los grandes bandos característicos del invierno), flamenco y chorlitejo grande, como especies más destacadas. Cuando llegamos al molino de la Calcetera, el camino se estrecha y ahora lo más destacado lo tenemos de frente y a nuestra derecha: nos encontramos ante Las Encañizadas, cuyo nombre proviene de una antigua forma de pesca originaria del pueblo árabe, que consistía en un laberinto de caños por donde se metían los peces, pero luego no sabían salir. De este arte solo se conservan las dos edificaciones (casa del Ventorrillo y casa de la Torre, rehabilitada) que se usaban para tal menester. Pues es en esta zona donde te puedes dar un atracón de aves, pues observé en una mañana, como más destacado, grandes bandos de garceta común (que utilizan la zona de dormidero), flamenco (de nuevo el ave estrella del parque), charrán patinegro (ya empiezan a llegar para pasar el invierno), hasta cinco zarapitos reales alimentándose en la zona, un trío de espátulas, bandos numerosos de cormorán grande y una majestuosa águila pescadora en plena faena (foto testimonial como prueba). Mención aparte merece comentar el enorme gavioteo que se formó en la zona, apareciendo cientos de gaviotas (reidoras, picofinas y, sobre todo, patiamarillas) de todos los rincones del lugar. No había palabras para describir lo que estaba viviendo en ese momento, no daba crédito. Lástima que no llevara el telescopio porque seguramente habría sacado más especies.



Correlimos tridáctilo juvenil



Correlimos tridáctilo en plumaje invernal



Vuelvepiedras



Águila pescadora


A mediodía, con un calor de justicia a pesar del aire, me dirijo a las salinas propiamente dichas. Bastante paso de limícolas (archibebes, andarríos, combatientes y correlimos varios), agujas colinegras (bando de cerca de 50 individuos descansando junto a avocetas), la siempre abundante cigüeñuela y el omnipresente flamenco, por citar algunas especies. La sorpresa me la llevo cuando descubro en una de las charcas salineras un macho de serreta mediana nadando entre flamencos. La observación es lejana pero puedo confirmar que se trataba de esa especie. En el pinar de El Coterillo destaco la presencia de tres especies de currucas: cabecinegra, capirotada y rabilarga. 



Gaviota patiamarilla




Aguja colinegra en plumaje invernal


Al día siguiente Mariajo y yo volvimos a las salinas para pajarear un rato antes de salir hacia Madrid. De camino, me pareció observar una extraña figura en los taludes del canal perimetral. Paramos y fuimos a investigar. Para regocijo de Mariajo, nos encontramos con un alcaraván común, que se había escondido, viéndole solo el cuello y la cabeza.



Alcaraván común


Esta vez sí realicé un recuento de flamencos para el Anuario Ornitológico de Murcia, registrando la cifra de 250 individuos entre las charcas salineras y la de interpretación. También de tarro blanco, con un total de 6 individuos. La mañana la acabamos en la charca de interpretación, donde tuvimos buenas observaciones de chorlitejo grande y martín pescador. Bastante más lejos descubrimos un chorlito gris en plumaje invernal. Las últimas golondrinas comunes sobrevolaban las salinas antes de partir hacia tierras africanas, y nosotros volvíamos a la capital de España con una gran sonrisa después de lo vivido en este paraje que nos encanta más cada día que pasa. Hasta la próxima.



Chorlitejo grande en plumaje invernal



Garceta común










sábado, 24 de septiembre de 2011

FIN DE SEMANA ENTRE FLAMENCOS Y LIMÍCOLAS

Pues eso, recién llegado de Tarifa, quise seguir la inercia que llevaba con la observación de limícolas y demás, y aterricé casi sin solución de continuidad en mis queridas Salinas de San Pedro del Pinatar. Y no sé cuántas veces habré ido allí este año, pero es que pienso dejarme caer un par de veces más, por lo menos. Aunque sólo pude salir el viernes día 9 de septiembre y un rato al día siguiente con unos amigos, y no realicé la ruta de las Encañizadas, no estuvo mal la cosa.

Ese viernes salí muy temprano desde Cartagena para llegar con las primeras luces y tener la oportunidad de observar y fotografiar algunas especies antes de que se masificara la zona, como así ocurrió más tarde. Destacaremos la poca presencia de tarro blanco, que aumentará en invierno y, sobe todo, en primavera. El paso de limícolas era escaso en número de individuos pero interesante en cuanto a especies detectadas. Cuatro especies de correlimos (común, menudo, tridáctilo y zarapitín), archibebe común, claro y oscuro, cigüeñuela común, avoceta común, las tres especies de chorlitejo (patinegro, grande y chico), combatiente y andarríos chico como resumen de lo visto de este grupo de aves. Han llegado los charranes patinegros en buen número, y se veía aún algunos charrancitos picando sobre el agua. Pero dos de las aves emblemáticas de las salinas son la gaviota picofina y el flamenco. De la primera contabilicé cerca de 220 ejemplares, entre adultos y jóvenes, dando cuenta de su buena aclimatación con la zona. El flamenco es la estrella, llegué a contabilizar cerca de 600 individuos entre adultos y jóvenes. Está presente todo el año aunque no cría en el Parque. Para rematar la lista, zampullín cuellinegro (abundante sobre todo en invierno), martín pescador, garceta común, garza real y dos hembras de cuchara europeo, por citar algunas más.



Gaviota picofina de primer invierno



Correlimos zarapitín juvenil



Correlimos menudo con plumaje casi invernal



Flamenco común joven



Flamenco común joven


Por la tarde, una breve parada en las salinas de Lo Poyo, donde destaca un enorme carrizal costero en el que es habitual encontrar aguilucho lagunero, que utiliza la zona de dormidero, al igual que la lavandera boyera o numerosos fringílidos.

El sábado acompañé a unos amigos (Juan y Mamen), que se han iniciado en esto de las aves de nuevo a las salinas de San Pedro, pudiendo dar los primeros pasos en el apasionante mundo de la ornitología. Van por buen camino. ¡¡¡Ánimo!!!.





jueves, 22 de septiembre de 2011

LEVANTE Y PONIENTE

Asociados siempre a la zona del Estrecho y Tarifa, el mejor punto del Paleártico Occidental para disfrutar de uno de los acontecimientos más impresionantes del mundo animal: la migración de las aves. Y como reza el título, sin estos dos tipos de vientos, la migración no sería la misma. Si sopla Levante (viento que sopla de Este a Oeste, y que empujaría mar adentro), la mayoría de las aves no cruzarán, y se formarán tapones en las zonas costeras. Si hay Poniente (sopla de Oeste a Este, los desplazarían a tierra firme en África), largas escuadras y grupos se juntarán y nos dirán adiós hasta la primavera siguiente. Y en nuestro recorrido por esta privilegiada zona nos encontramos con ambas vertientes.

Lo primero que visitamos, ya que bajamos vía Málaga, fue la desembocadura del Guadalhorce, cercana a la urbanización Guadalmar. Se accede desde la misma playa o desde un puente que cruza el río. Lo componen varias lagunas inundables que, pese a la proximidad de una gran ciudad, alberga gran riqueza ornitológica, por su proximidad al estrecho de Gibraltar y, por tanto, permite ver especies residentes y migrantes. Es un buen lugar para detectar limícolas, ardeidas, gaviotas y anátidas, incluida la malvasía cabeciblanca. 

Para el segundo día ya emprenderíamos la visita orientada a la zona del estrecho. Concretamente, visitando varios de sus observatorios. Empezamos la mañana en el del Algarrobo, donde casi pasamos el día entero. Destacamos el paso de abejero europeo, aguililla calzada, culebrera europea y cigüeña blanca. La nota la pusieron el grupo de unos 30 alimoches que nos sobrevolaron y tres de las cinco especies de vencejo (común, pálido y real) que podemos encontrar en la Península Ibérica, permitiendo ver las diferencias entre ellas. A mediodía paramos en Cazalla, donde nos deleitó un gran bando de cigüeña blanca que se dirigía ya a África, y la presencia de un juvenil de águila perdicera. Por la tarde nos dirigimos al observatorio de La Peña, con la intención de localizar alzacola, pero no hubo éxito. El resto de la tarde la dedicamos a visitar el río Palmones, con su ya habitual pareja de águila pescadora.



Culebrera europea, Algarrobo




Águila perdicera juvenil, Cazalla



Bando de cigüeñas blancas, Cazalla




Alimoche, Algarrobo


Al día siguiente visitamos la playa de Los Lances, aprovechando que a esas horas no había gente aún. Nos encontramos, desde el observatorio que hay accediendo por una plataforma de madera, con un solitario flamenco juvenil, un par de agujas colipintas y varias especies de gaviotas, entre la que se encontraba la de Audouin. A las 11 teníamos una salida en barco para observar cetáceos, así que nos dirigimos a Tarifa. Puedo decir que tuvimos observaciones más interesantes de aves que de mamíferos marinos. De lo primero, pardela cenicienta y balear, paíño común, numerosos charranes, charrancitos y fumareles, alcatraces y págalo pomarino. De lo segundo, sólo calderón común y delfín mular. 



Calderón común



Delfín mular



Págalo pomarino


Comimos en la sierra de la Plata, accediendo desde Bolonia, intentando ver vencejo moro, pero no hubo suerte.

La tarde la pasamos en La Janda, gran extensión de arrozales que ocupaba una antigua laguna desecada. Destacaremos la observación de un gran bando de moritos, dos espátulas, un solitario calamón, algún aguilucho cenizo, cigüeña blanca a rebosar y lavanderas boyeras y golondrinas comunes acudiendo a su habitual dormidero.



Cigüeña blanca, La Janda


Con fuerte viento de Levante empezamos la mañana siguiente, y de nuevo desde la playa de Los Lances, con buenas observaciones de limícolas. Una breve parada en Cazalla nos deparó pocas sorpresas, así que nos dirigimos a las marismas de Barbate. De camino, en las afueras de La Zarzuela, un bando de ibis eremita se alimentaban en el suelo. De nuevo, llegando a Barbate, en una propiedad privada, otro bando de ibis eremita se alimentaban y descansaban junto al ganado, con el mismo comportamiento que la garcilla bueyera. Por supuesto, no podíamos desaprovechar una oportunidad así, y les dedicamos un rato de observación. 



Correlimos gordo, Los Lances



Correlimos tridáctilo juvenil, Los Lances




Ibis eremita, Barbate



Ya en las marismas, clases prácticas de identificación de limícolas, que permitió al grupo identificar y reconocer a las numerosas especies que allí se congregaban: varias especies de correlimos (común, menudo, zarapitín y tridáctilo), chorlito gris en plumaje estival, chorlitejo patinegro y grande, archibebe común y claro, zarapito real y trinador, y una hermosa pareja de águila pescadora, ya habitual en este lugar. Aprovechamos la última hora de la tarde para volver a La Janda, donde volvimos a observar de nuevo especies vistas anteriormente, además de andarríos grande y aguilucho lagunero, como más destacado. 

Nuestra última mañana en la zona del Estrecho la dedicamos a visitar el Centro de Visitantes "Huerta Grande", donde realizamos una ruta circular para detectar reyezuelo listado, agateador común y herrerillo capuchino, por citar algunos, y un breve asomo al observatorio del Algarrobo, con buen paso de calzadas. Así concluía nuestro encuentro con la migración, y ya de vuelta para Madrid.





miércoles, 31 de agosto de 2011

EL PAÍS DE LOS OSOS

De nuevo entre hayedos, laderas empinadas y apacibles pueblos. De nuevo, buscando al oso pardo. Y de nuevo nos deleitamos con su presencia. En lo climatológico, el tiempo no acompañó demasiado, con amaneceres y anocheceres más propios de finales del otoño, con frío y viento, y días templados pero en los que no sobraba el abrigo. Y apostados en sitios recogidos pero con buenas panorámicas, nos dedicamos a buscar al rey del bosque. Pueden estar en cualquier sitio, pero lo normal es que no se separen mucho de la cobertura forestal, por lo que habría que empezar por ahí. Si a esto le añadimos que por estas fechas (finales de agosto) se decantan más por alimentarse de arándanos y escuernacabras que crecen en los numerosos canchales que existen en las laderas de las montañas, pues tenemos la fórmula perfecta para poder toparnos con uno. Y esta fórmula casi nunca falla.

Entre densa vegetación, subiendo y bajando por laderas muy empinadas, jugando y, sobre todo, alimentándose,  despreocupándose por lo que les rodeaba, los osos pardos se muestran al mundo como lo que son: un símbolo del mundo salvaje. Un ser casi exterminado que centra ahora la atención de cientos de personas venidas de todas las partes del mundo, y que significa fuente de ingresos para las gentes del lugar. Un buen ejemplo de convivencia que se traduce en un mayor crecimiento para ambos. 

En el caso que nos lleva, fueron dos parejas de hermanos las detectadas en los días que pasamos en Somiedo. En ambos casos, se mostraban inseparables, jugando, comiendo y explorando la zona por la que se movían. 



Pareja de osos pardos (hermanos)



Jóvenes vistos en la lejanía, que desaparecían detrás de los numerosos matorrales que inundaban las praderas y volvían a aparecer a los pocos segundos, sin perderse de vista, caminando con total tranquilidad y naturalidad, expresando con sus acciones el buen momento por el que atraviesa la especie: como se erguían o sentaban para comer, como se arrimaban entre ellos, como oteaban el horizonte subidos a una pequeña piedra, mostraban un comportamiento lúdico vital para sus futuras relaciones sociales. Y, por supuesto, todo esto sin perder ningún detalle a través del telescopio y los prismáticos, para nuestro regocijo. No hay nada mejor que disfrutar de la naturaleza en vivo, reflejado en la mirada de estos oseznos, que sacaban de la vida todo lo bueno y nos enseñaban el camino para hacerlo realidad. Lo que no sabían era lo felices que nos habían hecho a nosotros cuando volvíamos a casa después de una tarde compartiendo experiencias con ellos. Impresionante.



Huellas de oso pardo





martes, 16 de agosto de 2011

SALINAS DE SAN PEDRO DEL PINATAR

Aproveché el fin de semana largo que se presentó en Madrid para bajar, una vez más, al Parque Regional de las Salinas de San Pedro del Pinatar. Como siempre, nunca defrauda, y aunque el número de especies es limitado, te brinda numerosas oportunidades para observar aves interesantes y en un agradable ambiente. Empezaré resumiendo lo acontecido el sábado 13 de agosto. Como casi siempre, acompañado de mi hermano Raúl, madrugamos para estar en la zona con las primeras luces de la mañana. Y con ello empezaba el espectáculo. El flamenco común estaba por todas partes, al igual que el charrancito, con sus continuos reclamos y zambullidas. Había menos tarro blanco que de costumbre, y observé las primeras agujas colinegras en paso, al igual que los combatientes, en escaso número. De limícolas no andaba mal la cosa, sin números espectaculares, pero con buenas observaciones: correlimos común, menudo y zarapitín. También presentes las cigüeñuelas y las avocetas, así como chorlitejos patinegros y grandes. Y algún bando grande de gaviota picofina, y las omnipresentes patiamarillas.  Los pocos zampullines cuellinegros que merodeaban por allí ya presentaban variación de plumaje en eclipse. Algunas golondrinas comunes y dáuricas apuraban su estancia en este entorno antes de retornar a África. 



Cigüeñuela común



Correlimos menudo




Correlimos zarapitín


Dedicamos un rato a visitar el puerto de San Pedro y la playa de Las Llanas, y aquí nos encontramos con una grata sorpresa: dos gaviotas de Audouin, una de ellas anillada. La anilla reza lo siguiente: AUJ8.



Gaviota de Audouin


Antes de que el calor apretara de verdad, decidimos movernos y asomarnos a la rambla del Albujón y El Carmolí. Lo más destacado fue la observación de un macho de avetorillo común sobrevolar la vegetación de la rambla en dirección al primer puente. 

Después fuimos a las salinas de Marchamalo a buscar al charrán elegante que se ha estado viendo por la zona, pero no tuvimos éxito. Sin embargo, pudimos ver varias gaviotas cabecinegras como especie más interesante. Con un calor de justicia volvimos a casa y dimos por concluida la jornada pajaril por ese día.

Al día siguiente, y aprovechando la visita de mi chica, Mariajo, nos acercamos de nuevo a San Pedro del Pinatar. Por la tarde, mientras ella se iba a la playa con unos familiares, yo aproveché para pajarear de nuevo por las salinas. Pero la tarde la empleé en disfrutar viendo aves y contabilizando ejemplares para preparar citas para el Anuario Ornitológico de la Región de Murcia. Este sosiego me deparó, además, varias sorpresas. El flamenco resultó ser una especie muy abundante, con una cifra aproximada de 553 individuos en total, entre adultos y jóvenes. Buenas cifras también para la gaviota picofina, con un total de 55 individuos, en varios grupos descansando en la superficie del agua. Algo más escaso resultó el tarro blanco, del que sólo contabilicé 24 ejemplares, la mayoría descansando en una lengua de tierra. Y las sorpresas vinieron en forma de martinete en vuelo, garcilla cangrejera ocultándose en una zona de vegetación, y un grupito de fumareles comunes dirigiéndose al O cuando iba a buscar a mi chica. ¡Todos para el anuario!



Flamenco común



Correlimos zarapitín







jueves, 4 de agosto de 2011

ORDESA Y MONTE PERDIDO

Nos encontramos ante la vista con enormes contrastes, grandes moles rocosas, picos de elevada altura, multitud de circos glaciares, bosques y praderas de colorido glamuroso y ríos que recorren laderas y valles con enorme velocidad. En fin, podemos decir que el origen de la cordillera pirenáica se halla aquí, el propio concepto de glaciarismo tiene nombre: bienvenidos al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.  

A mediados del pasado mes de julio tuve la gran fortuna de visitar el lugar por antonomasia de los montañeros, de los largos inviernos y las impredecibles primaveras. Todos los colores, todas las formas tienen cabida aquí, y el ser humano es completamente insignificante ante la prodigiosa naturaleza que se nos presenta. Así me sentí cuando nos aventurábamos hacia nuestro recorrido, y así lo padecí el resto del viaje. Unos días para disfrutar lo que tardó en crearse millones de años. 

Realizaríamos el mismo día de nuestra llegada una ruta que, partiendo del valle de Bujaruelo, nos llevaría al valle de Otal. Saliendo desde Torla por la A-135 llegamos al puente de los Navarros. Tomamos la pista de la izquierda que remonta la garganta de los Navarros hasta el caserío de San Nicolás de Bujaruelo. Sobre el mesón-refugio parte una pista forestal, paralela al río Ara, que permite ya apreciar las elegantes curvas de las montañas colindantes. Al primer cruce de caminos, y con una fuente de referencia, cogemos el de la izquierda y empezamos a ascender hacia nuestro destino en serpenteante subida. Durante la subida cruzaremos varias manchas de hayedo donde es muy posible oír, e incluso ver, pito negro. El águila real puede planear por encima de los riscos presentes a nuestra izquierda. Después de cruzar un cercado aparece ante nosotros el valle de Otal, con su peculiar forma de "U". El río Otal parte el valle en dos, y es aquí donde podemos completar la lista de aves con especies tan interesantes como el mirlo capiblanco, el alcaudón dorsirrojo, el mirlo acuático, la chova piquirroja o el escribano cerillo. También es fácil observar las evoluciones de la marmota, presente en todo el Parque. El camino de regreso se hace exactamente por donde hemos venido.



Valle de Otal


Para el segundo día se había planificado la ruta de la Cola de Caballo, remontando el valle de Ordesa. Quizás la ruta más exigente por la distancia y el calor. Hay que recordar que en verano y Semana Santa está prohibido el acceso en vehículo particular para evitar la aglomeración de gente en el lugar. Para ello existe un servicio de autobús que sale de Torla y te deja en el aparcamiento (pradera de Ordesa), justo en el comienzo de la ruta. Eso hicimos nosotros e iniciamos el paseo con ganas y armados de paciencia. El recorrido más fácil es el que tomamos nosotros, una pista que discurre paralelamente a la izquierda del río Arazas y que nos lleva por varias manchas de bosque y cascadas, que son un deleite para los sentidos. La pista se empina, y en continuas "eses", atraviesa el magnífico Bosque de las Hayas (otro buen lugar para el pito negro) para desembocar en zona desarbolada antes de llegar a la zona de Soaso. Atención a las paredes graníticas a nuestra derecha por si tenemos la suerte de observar al quebrantahuesos en vuelo. Tras una subida, ya por sendero, pasando las Gradas de Soaso, el camino se vuelve más cómodo, y llegamos al Circo de Soaso y, más adelante, a la cascada Cola de Caballo. La vuelta se hará por el mismo camino. 




Gradas de Soaso


El tercer día era el más esperado para mi. Nos asomaríamos a los miradores de Revilla, quizás uno de los mejores sitios de Europa para la observación de la joya pirenáica: el quebrantahuesos. Desde la A-138 que lleva a Aínsa hay que recorrer el valle del Cinca hasta el kilómetro 64 de dicha carretera, donde cogemos el desvío a Tella por una carretera estrecha donde hay que extremar la precaución. Se sigue hacia Arinzué, Lamiana y Revilla, después de unos 8 kilómetros de empinada carretera. Justo en la última curva antes de llegar al pueblo parte el camino que nos llevará a los miradores. El recorrido se realiza fácilmente en unos 40-45 minutos, y es apta para todo el mundo. Garantizada la observación de quebrantahuesos y buitre leonado, así como posibilidad de otras rapaces como aguililla calzada o gavilán común. Nuevamente atentos por si el pito negro aparece sin avisar. Desde la propia carretera a Revilla existe la posibilidad de observar a estas rapaces, así como alcaudón dorsirrojo, vencejo real y escribano montesino. 



Quebrantahuesos


Para el último día, el del regreso a Madrid, nos propusimos remontar el valle de Pineta y acceder a los llanos de La Larri. Desde la A-138, a la altura de Bielsa, se accede a esta ruta a través de la A-2611. En el kilómetro 13 hay un puente a mano izquierda con la indicación "Bar" y "pista esquí de fondo". Lo cruzas y estacionas el vehículo. Desde el parking y el bar se inicia la ruta que lleva a nuestro objetivo. Al fondo nos dejamos sorprender por la visión del Circo de Pineta. Empezamos la marcha atravesando, de nuevo, buenos bosques de hayedo donde, una vez más, podemos detectar al pito negro. Durante la primera parte del camino, llovió intensamente y eso hizo que algunos integrantes del grupo se echaran para atrás y volvieran al autobús. El camino serpentea y pica hacia arriba a medida que avanzamos, sorteando varias veces el cauce del río Cinca, que se muestra ante nosotros en forma de numerosas caídas de agua. Poco antes de llegar, el camino queda por encima del arbolado y, tras un último repecho a mano izquierda, se nos presenta el paraje de los llanos de La Larri, fin de nuestra actividad. Además del omnipresente ganado suelto, si miramos en las laderas a nuestra izquierda y derecha, no será difícil detectar sarrios y marmotas, estas con su penetrante silbido. Avanzamos a través del valle sorteando vacas y flores, y observamos numerosas especies de aves en plena actividad a nuestro alrededor: alcaudón dorsirrojo, escribano cerillo, verderón serrano, chova piquirroja... Y nos puede sorprender el vuelo coronado del quebrantahuesos o el alimoche. La ruta, como todas las descritas aquí, son lineales y no ofrecen ninguna dificultad en su realización.



Llanos de La Larri



Lirio de montaña



Lilium pirenaicum



Orchis ustulata


Un lugar para perderse y olvidarlo todo por un momento, lo que dura inspeccionar la infinita solidez de sus montañas, intentar descifrar lo que te dice el susurro de los ríos, imaginar compartir el cielo con el pájaro de barro, impregnarte de mil fragancias de sus flores, flotar tendido en su mar de verde o manto blanco cuando arrecia el frío... No sé tú, pero yo sigo perdido...