miércoles, 21 de marzo de 2012

OJOS QUE HIPNOTIZAN

Con ansiada emoción permanecí en mi sitio sin moverme, bajo un lentisco, a la sombra. Hace calor y tengo hambre. Debo moverme para cazar, inspeccionar la ladera a la búsqueda de algo que llevarme a la boca. Hace buena tarde, el olor de las jaras y el romero es penetrante, agradable. Estoy relajado. A pesar del hambre, no tengo nada de prisa. Tarde o temprano algo caerá. La banda sonora de los miles de pajarillos trinando anuncian la inminente llegada de la primavera, pero se distorsionan visiblemente con la algarabía de unos seres bípedos que se apostan a mi alrededor. Llevan unos artilugios muy raros y todos apuntan a mi posición. ¡Qué cosas tan raras hay que ver! Bueno, yo a lo mío. Saldré de frente y pararé entre la vegetación. ¡Vamos allá! Ya estoy aquí, unos segundos de calma. La calma que no muestran los seres que hay en el camino. ¿Sigo de frente o bajo a la vaguada?



Seguiré de frente, tengo el camino despejado... En cuatro zancadas alcanzaré el refugio de la maleza.



Ya estoy más cerca de mi objetivo, y estos pesados que no paran de alborotar...


Estáis para haceros una foto... Mejor desaparezco, me esfumo. Ahí os quedáis.

Y, efectivamente, tal y como apareció ante nuestros ojos, se mezcló con las sombras de su protectora sierra y, como un fantasma, se desvaneció. Como autómatas, esos ojos hipnotizantes hacían que le siguiéramos allá donde se moviera. Nuestra voluntad le pertenecía. La emoción seguía latente en el ambiente, y la lejana mirada de la joya de nuestra fauna nos anunciaba que la función había concluido. Así nos lo hizo saber también los últimos destellos del sol jienense, que echó sobre el reino del lince ibérico y sobre nosotros el manto frío del crepúsculo. Hora de irse, hora del refugio y animada charla sobre lo que acabábamos de vivir, hora en que nuestro "gato clavo" se confunde con la noche para regocijo del estrellado cielo, y patrulla su extensa finca esperando por un nuevo día en que el sol despierte el manto floreciente y verde del rocío de la mañana y muestre su alegría y sus colores al mundo, mientras en no se sabe qué lugar nuestro protagonista medita volver a aparecer por sus dominios o reposar entre sombras a que vuelva a caer la noche en la belleza andaluza que es esta sierra y su naturaleza. Quien sabe, la sorpresa puede aparecer en cualquier momento...



5 comentarios:

  1. Muy bueno, deberías pensarte lo de la escritura, esos retazos novelescos que acompañan tus crónicas dejan sin palabras,
    Enhorabuena de nuevo y muchos besos,
    Mariajo
    Pd. espero que la crónica de Monfragüe sea por lo menos tan apasionante como esta, je je je

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  2. Me acabo de quedar sin palabras, no te digo más... (envidia sana)
    Salu2

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  3. El relato es maravilloso (enganchaito me lo he leido) y al ver la foto del lince he alucinado. ¡Enhorabuena por el avistamiento y las fotos!
    Saludos!!

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  4. Enhorabuena. El que la sigue la consigue.
    Un saludo.
    Antonio Córdoba

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  5. Amig@s, gracias por vuestros comentarios. Fue un momento, yo diría que único, y que ayuda a valorar lo que tenemos y la forma de vivirlo. Un abrazo.

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